TAILANDIA: La educación como arma contra la explotación sexual

Karn, una prostituta tailandesa de 25 años, tiene una gran ambición: ahorrar tanto dinero como pueda para salir de la industria antes que sus hijos sean lo suficientemente grandes para darse cuenta de cuál es su trabajo.

"Quiero trabajar como recepcionista u oficinista, algo que me haga parecer como las otras mujeres", expresó Karn, una madre sola de dos niños que viven con su abuela en una aldea del noreste de Tailandia.

Su ambición normalmente sería irrealizable para una mujer que ejerce la prostitución en Patpong, un barrio de mala fama de Bangkok.

Pero Karn es más afortunada de lo que sus colegas lo han sido en el pasado, porque pudo integrarse a un programa de educación informal dirigido por Empower, una organización no gubernamental (ONG) que trabaja con prostitutas en Patpong.

Actualmente, Karn estudia para pasar un examen de enseñanza secundaria. Cuando termina su trabajo a las 2 am cada día, se dirige a su pequeño apartamento y estudia algún tiempo antes de irse a costar. Se levanta a las 11 am y concurre a las clases vespertinas antes de presentarse a trabajar en un bar a las 4 pm.

"También aprendo inglés y haré un curso de computación cuando se abra el programa", dijo.

Karn aspira a obtener un título universitario, y algunas ex prostitutas de Patpong ya alcanzaron ese nivel. "Actualmente hay 20 de nosotras en diferentes universidades", dijo orgullosa una de sus compañeras de clase.

Cada año, unas 600 prostitutas ingresan a la escuela de Empower, informó Chantavipa Apisuk, directora de la ONG.

"El objetivo del programa consiste en ayudarlas a desarrollarse para que puedan protegerse del peligro o reducir la explotación", explicó.

La meta de Empower no es estimular a las prostitutas a cambiar de profesión, sino darles otras opciones. "Esa es su decisión, pero lo que nos preocupa es la explotación que padecen en este trabajo. Para sobrevivir, precisan educación", destacó Chantavipa.

Empower es una de varias organizaciones que obtuvieron una licencia del Ministerio de Educación para aplicar programas de enseñanza informal.

Rung Gewdang, secretario general de la Comisión Nacional de Educación, explicó que estos programas forman parte de un plan del gobierno para brindar oportunidades de educación a grupos desfavorecidos de Tailandia.

"Los programas de educación informal ayudaron mucho, en especial luego de la crisis económica" estallada en julio de 1997, subrayó Rung. "Ahora trabajamos para que esos programas sean tan eficaces como los formales", añadió.

Estas formas novedosas de potenciación personal respaldan eficazmente los esfuerzos del gobierno para mantener el nivel de gasto público en servicios básicos aun en tiempos de crisis, un hecho que fue destacado en "El observador social de Tailandia", un informe del Banco Mundial publicado en julio de 1999.

El Banco Asiático de Desarrollo también resaltó en un informe del pasado noviembre sobre las consecuencias sociales de la crisis asiática que, pese al recorte del gasto en educación, esto no ocasionó una disminución de las inscripciones en escuelas primarias.

Tailandia intentó preservar la salud y la educación, consciente de que el abandono de estos sectores podría tener efectos a largo plazo, más allá del impacto de la crisis económica, señalaron funcionarios de las Naciones Unidas.

Pero la pobreza parece ser un problema que trasciende la crisis.

Karn, por ejemplo, abandonó la escuela en el interior del país antes de cumplir 15. Se casó muy joven y se divorció 11 años después, tras lo cual pasó de una fábrica a otra, en empleos mal remunerados para mantener a sus dos hijos.

Luego de la crisis decidió entrar en la industria del sexo, ya que los trabajos en las fábricas se redujeron y el desempleo aumentó.

"Tratamos de que este programa informal alcance a casi todas las comunidades del país", explicó Rung.

Las clases están integradas por unas 15 estudiantes, y las cuotas son inferiores a las de la educación formal. Los programas están diseñados para que los estudiantes puedan aplicar sus experiencias laborales.

Rung y Chantavipa saben bien que la educación es un arma para aquellos que tienen menos oportunidades sociales de sobrevivir.

Para Chantavipa, la principal causa de la prostitución en Tailandia es la económica.

La tendencia actual de la prostitución en Tailandia comenzó en 1967, cuando mujeres de aldeas norteñas emigraron hacia las ciudades y se lanzaron a la prostitución debido a la pobreza, según una investigación de la Fundación Amiga de la Mujer, una ONG con sede en Bangkok.

"Luego, la base estadounidense durante la guerra de Vietnam atrajo a más mujeres a la industria del sexo, y comenzaron a internacionalizarse a fines de los años 70 y comienzos de los 80", dijo Chantavipa.

No hay cifras exactas sobre los trabajadores sexuales de Tailandia, pero un estudio de la Universidad de Mahidol, de Bangkok, reveló que el comercio del sexo se oculta bajo varios tipos de empresas, y no sólo tiene lugar en burdeles.

Los restaurantes son los comercios más grandes que ofrecen sexo a los clientes. Muchos bares, clubes nocturnos, discotecas y tabernas también están en la industria sexual, que a veces se confunde con la industria del "entretenimiento".

Como la prostitución es ilegal en Tailandia, los trabajadores sexuales no están protegidos por ley alguna, pero la situación es diferente para las empresas que dirigen la industria, señaló Chantavipa.

"Ninguna ley protege a quienes ejercen la prostitución, pero los propietarios de los negocios que figuran bajo el rubro 'entretenimiento' y controlan la industria están siempre bien protegidos", lamentó.

"Ahora estamos tratando de que el gobierno considere la protección de los trabajadores sexuales mediante leyes laborales. Mientras, ellos mismos deben protegerse, y la educación es la mejor arma para ellos", concluyó Chantavipa. (FIN/IPS/tra-en/pd/js/mlm/hd-ed/00

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