SALUD: Parlamentarios europeos contra mutilación genital femenina
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SALUD: Parlamentarios europeos contra mutilación genital femenina



BRUSELAS, 1 dic 2000 (IPS)
- La ablación genital de mujeres y niñas es un acto cruel y degradante, y no una práctica cultural, afirmaron oradores en el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina, celebrado esta semana en el Parlamento Europeo.

Personas con experiencia directa en la cuestión presentaron el miércoles conmovedores testimonios del daño físico y psicológico infligido a numerosas niñas y jóvenes, principalmente africanas, en nombre de la tradición.

Según la Organización Mundial de la Salud, 130 millones de niñas y mujeres de distintos países han sufrido la mutilación genital, y cada año la padecen dos millones más.

La ex Comisaria de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea, Emma Bonino, y un grupo de diputados italianos presentaron en junio al Parlamento Europeo un proyecto de resolución que propone entre otras cosas la concesión del asilo a las mujeres que sufran esa amenaza a su integridad física.

El proyecto ya fue firmado por 318 de los 626 miembros del Parlamento Europeo, con sede en Bruselas.

Bonino es la impulsora de una campaña europea de concienciación sobre la mutilación genital femenina, y aspira a convertir el Día Internacional de la Mujer, celebrado cada 8 de marzo, en una jornada internacional contra esa práctica.

La parte más chocante de la sesión parlamentaria del miércoles fue la proyección de una película que mostraba con todo detalle una operación realizada en Etiopía. Algunos participantes abandonaron la sala antes de que finalizara la proyección.

Una niña de unos ocho años aferrada a su madre y con cara de terror fue atada a una silla, con sus piernas separadas. La practicante tomó su clítoris y comenzó a cortarlo con una hoja de afeitar, sin anestesia, mientras la niña gritaba y se retorcía de dolor.

Fueron necesarios varios intentos para realizar la ablación. Luego la practicante le amputó los labios menores, y finalmente le aplicó hollín de cocina y huevo sobre los órganos sangrantes para que actuaran como adhesivo.

Después de la operación, las piernas de la niña fueron atadas entre sí y permanecieron de esa forma durante tres semanas, hasta que la herida cicatrizó.

Mohamed Aden Shek, médico y ex ministro de Salud de Somalia, explicó que en su país los hombres consideran a sus hijas como su propiedad, deciden cuáles de ellas deben casarse y con quién, y también deciden sobre sus genitales.

Demba Diawara, un líder religioso de Senegal, promovió una campaña de dos años en Somalia, y como resultado, la práctica fue abolida en 57 aldeas.

“Los musulmanes deben saber que el Corán no hace referencia alguna a la mutilación genital femenina”, señaló.

Comfort Momoh, una partera que trabaja en la Clínica para el Bienestar de la Mujer Africana del Guy's Hospital de Londres, relató que la clínica fue inaugurada porque numerosas mujeres de origen africano concurrían por problemas relacionados con la ablación genital.

Entre las secuelas se cuentan la infertilidad, anomalías menstruales y dolor permanente o durante las relaciones sexuales.

“Apoyo plenamente la moción del Parlamento Europeo. El momento es ahora, porque si esperamos podría ser demasiado tarde. La presión internacional es muy importante”, exhortó Momoh.

Aunque Gran Bretaña tiene la tasa más alta de mutilación genital femenina de toda Europa (unos 13.000 casos cada año), ningún padre ni practicante ha sido procesado.

Momoh relató que muchos de sus colegas blancos se rehúsan a interferir en lo que consideran una práctica cultural, y propuso que la mutilación genital femenina sea mencionada específicamente en las leyes sobre violencia contra la mujer y protección de la infancia.

En Egipto, la práctica está prohibida en los hospitales, pero se realiza en forma privada, generalmente durante la pubertad, lo cual agrava los problemas emocionales comunes en esa etapa de la vida, explicó Mona El Tobgui, un pediatra egipcio.

Mientras, en Etiopía, 75 por ciento de las niñas son mutiladas, en general en malas condiciones de higiene y a los pocos días de nacidas, dijo Ikobia Alemu.

A las mujeres etíopes se les hace creer que la amputación del clítoris es un precepto religioso, aunque no está mencionado en ningún texto de religión, o que las “protege” de los impulsos sexuales.

La práctica contribuye a propagar el sida, porque el mismo instrumento es utilizado para varias niñas, explicó Alemu.

Un tipo de mutilación incluye la sutura de los labios, dejando apenas un pequeño orificio para la salida del flujo menstrual. Los puntos sólo se cortan antes del matrimonio, pero si el esposo se va de la casa, la mujer es suturada nuevamente.

La historiadora Sophie Bessis destacó que lo bárbaro es la práctica en sí, y no la sociedad donde tiene lugar. “Muchas mujeres africanas han hecho campaña contra la mutilación genital femenina por más de 20 años”, subrayó.

Linda Weil-Curiel, una abogada francesa, resaltó los efectos beneficiosos del procesamiento de padres y practicantes en su país.

En 1999, una víctima de mutilación genital de 18 años denunció su caso a la justicia. Como resultado, la policía vigiló durante un tiempo la casa de la practicante y 25 familias fueron procesadas.

La denunciante y sus tres hermanas menores dieron testimonio de su caso, respaldado con evidencias de los efectos físicos y psicológicos negativos de la mutilación.

Finalizado el juicio, la madre de la víctima admitió que había cometido un terrible error y prometió que, a su regreso a Senegal, haría campaña contra la mutilación genital femenina. (FIN/IPS/tra- en/gh/da/mlm/he-hd/00

 

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