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/BOLETIN-AMBIENTE/ ECUADOR: El cáncer del petróleo



QUITO, 10 feb 2002 (IPS)
- Una alta incidencia de cáncer se manifiesta entre las comunidades asentadas en áreas petroleras de la Amazonia de Ecuador, y el riesgo de contraer esa enfermedad es allí tres veces superior a otras partes del país, asegura una investigación médica.

El estudio fue realizado entre 1999 y 2001 por un equipo dirigido por Miguel San Sebastián y Anna-Karin Hurtig, del Instituto de Epidemiología y Salud Comunitaria Manuel Amunarriz, de Coca, capital de la provincia de Orellana, 220 kilómetros al este de Quito.

Los resultados del trabajo científico sugieren una relación entre la alta incidencia de cáncer y la proximidad con los pozos petroleros.

“Se confirma y amplía otro informe realizado en 1999, que registró una alta incidencia de cáncer en las comunidades indígenas que habitan áreas cercanas a la producción petrolera en las provincias de Orellana y Sucumbíos, en la región amazónica fronteriza con Colombia”, dijo San Sebastián.

Explicó que varios puntos del trabajo apoyan la posibile relación de causalidad entre producción petrolera y enfermedades cancerígenas, como son la asociación entre la exposición a los químicos del crudo y algunos tipos de esa enfermedad, así como las coincidencias de otros estudios al respecto.

La nueva investigación, que contó con el apoyo del Vicariato de Aguarico y de la organización internacional Medicus Mundi, se realizó en las provincias amazónicas de Sucumbíos, Orellana, Napo y Pastaza, donde viven unos 280.000 indígenas y campesinos.

Los indígenas de esas cuatro provincias conforman generalmente pequeñas comunidades dispersas a lo largo de los ríos y viven de la caza, la pesca y la agricultura de subsistencia.

Por su parte, los campesinos son colonos llegados a la región en los años 70 siguiendo las carreteras abiertas por el Estado o las compañías petroleras.

Uno de los objetivos de la investigación fue conocer la incidencia de tumores malignos en el área amazónica y su distribución según edad y género.

“Sobre esa base, la idea fue determinar si existían diferencias entre la incidencia de cáncer en las poblaciones que viven en zonas de explotación petrolera y las que residen en áreas libres de esa explotación”, informó Anna-Karin Hurtig.

Las conclusiones son preocupantes. El riesgo de padecer cáncer de laringe es allí 30 veces mayor que en otras zonas del país, el de vías biliares, 18 veces mayor, el de hígado y piel, 15 veces, y el de estómago, cinco veces.

El estudio se basó en análisis del agua de los ríos y de los efectos cancerígenos de los componentes del petróleo, además del examen de las poblaciones afectadas y de la investigación estadística del crecimiento de la incidencia de cáncer respecto del aumento de la explotación en los últimos 30 años.

San Sebastián atribuyó la incidencia de tumores malignos a la elevada contaminación con tóxicos que presentó en los últimos 20 años la zona estudiada, y advirtió el riesgo de continuar la explotación del petróleo sin control ambiental.

“Los ríos, habitualmente utilizados por los residentes del lugar, están contaminados con petróleo en una proporción 200 y 300 veces mayor al límite permitido para el agua de consumo humano”, destacó.

El informe indica que la contaminación del agua se produce por la filtración de parte de los 4.000 metros cúbicos de desechos por cada pozo perforado, los cuales son despositados en piscinas excavadas en la tierra.

Además, la separación del petróleo, el agua y el gas en la explotación de los más de 300 pozos de la zona expulsa otros 16 millones de litros de desechos líquidos al día, que se vuelcan sin tratamiento en las piscinas.

También se queman diariamente en la Amazonia ecuatoriana alrededor de 1,5 millones de metros cúbicos de gas procedentes del proceso de separación, sin que haya control de temperatura o de las emisiones. A todo ello se le deben sumar los derrames de crudo de los pozos y del oleoducto.

“El petróleo crudo es una mezcla de químicos, muchos de los cuales son cancerígenos, por lo cual, si uno está expuesto permanentemente a ellos, corre un riesgo mucho mayor de tener cáncer, explicó la doctora Hurtig.

Los médicos tomaron en cuenta investigaciones realizadas en Estados Unidos, Gran Bretaña, China y otros países, las cuales aseguran que químicos como el benceno, el tolueno, el xileno y los hidrocarburos aromáticos polinucleares causan cáncer.

“El benceno causa leucemia y otros tumores hematológicos, el tolueno está asociado con el cáncer de esófago y recto y el xileno aparece vinculado a tumores en colon y recto”, puntualizó San Sebastián.

También han sido comprobados los efectos cancerígenos de los hidrocarburos aromáticos polinucleares en la piel, escroto, vejiga urinaria y pulmón.

San Sebastián observó que “la incidencia de cáncer en la Amazonia era mínima antes de que se iniciara la explotación de crudo, para luego aumentar con el aumento de la contaminación”.

“La salud de ésta y otras poblaciones similares seguirá gravemente afectada mientras persistan las fuentes contaminantes”, comentó.

Pero la construcción del oleoducto de crudos pesados entre la Amazonia y la costa del océano Pacífico estimulará el incremento de la explotación petrolera en esa región.

Franco Viteri, del Consejo de Gobierno del pueblo kichwa de Sarayacu, provincia de Pastaza, aseguró que en los últimos meses ha aumentado la presión de las empresas que pretenden explotar el petróleo en su territorio.

Esa tierra es la única garantía de vida de los kichwas, que no aceptarán la presencia de las compañías petroleras, afirmó Viteri.

“Hemos sido testigos de cómo en las tres ultimas décadas la actividad petrolera ha trastocado la vida de otros pueblos hermanos, sin que esto significara beneficio alguno. El petróleo trae el cáncer y la imposición de una economía extraña, que destruye nuestro ambiente”, agregó.

La organización ambientalista Acción Ecológica ha indicado que “la actividad petrolera en el oriente ecuatoriano está destruyendo una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta y amenaza la supervivencia de muchas comunidades indígenas”.

Sin embargo, los problemas que acarrea la explotación petrolera no son nuevos en Ecuador. Los primeros trabajadores que llegaron en la década del 30 a la Amazonia con la empresa transnacional Shell introdujeron enfermedades desconocidas en la zona que provocaron la muerte de cientos de indígenas huaorani.

La extracción de crudo en la Amazonia fue realizada entre 1967 y 1990 sólo por la compañía Texaco, para luego tomar la posta la firma estatal Petroecuador y otras 10 compañías extranjeras.

Al retirase Texaco, varios pueblos indígenas apoyados por organizaciones ecologistas iniciaron en Estados Unidos una demanda contra esa compañía por daños y perjuicios ambientales.

Los demandantes demostraron que Texaco no utilizó tecnología de protección ambiental, como era común en otros sitios, lo cual causó daños en los ríos, la flora y la fauna.

El petróleo de la Amazonia ha contribuido de modo decisivo a las finanzas del Estado, pero sólo tres por ciento del presupuesto del gobierno se destina a la zona, que registra los más altos indicadores de pobreza de Ecuador. (FIN/IPS/kl/dm/he en/02

 

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