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ALIMENTACION: Alianza internacional contra el hambre

ROMA, 10 jun 2002 (IPS) - La Cumbre Mundial sobre la Alimentación comenzó este lunes en la capital italiana entre la generalizada ausencia de mandatarios de los países ricos, los mismos que deben financiar la ayuda para reducir a la mitad en 2015 los 815 millones de personas que sufren hambre en el mundo.

El Norte industrial está representado en la cumbre organizada por la FAO sólo por el jefe del gobierno de España, José María Aznar, también presidente de turno de la Unión Europea (UE), y por el primer ministro italiano Silvio Berlusconi.

Hay un centenar de jefes de Estado y de gobierno entre los 4.000 representantes de 182 delegaciones que estarán reunidos hasta el jueves en la sede central de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación).

Los participantes acordarán en la llamada Declaración de Roma una Alianza Internacional contra el Hambre, como forma de renovación y de perfeccionamiento de los compromisos adquiridos por la comunidad mundial en la primera cumbre de la alimentación, celebrada en 1996.

”No hay tiempo que perder para reducir el hambre en el mundo”, advirtió el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, al inaugurar la cumbre.

”Cada día, 24.000 personas mueren” de desnutrición, un mal que afecta a 300 millones de niños y niñas, señaló Annan.

La FAO cree necesaria una inversión pública adicional de 24.000 millones de dólares en los países pobres para reducir a 400 millones en 2015 el número de personas hambrientas. Sin esos recursos extraordinarios, la cantidad de hambrientos será de 600 millones.

Seis años después de la cumbre de 1996, la muerte por hambre aún amenaza a cientos de millones de personas en el mundo, observó el director general de la FAO, Jacques Diouf. ”Desgraciadamente, la voluntad política y los recursos financieros no han estado a la altura de la solidaridad humana”, dijo Diouf.

”Eliminar el hambre es un imperativo ético basado en el derecho humano más fundamental, el derecho a la existencia. Para vivir hay que respirar, beber y comer, pero la eliminación del hambre beneficiará también a los poderosos y los ricos”, afirmó Diouf.

En efecto, ”qué gran mercado se tendría si los 800 millones de personas que padecen hambre llegaran a ser consumidores con un poder adquisitivo real, qué pacífico sería el mundo si hubiera menos pobreza, que tiene como corolario la injusticia y la desesperación”, expresó.

El borrador de la Declaración de Roma proclama la voluntad política de realizar un esfuerzo constante para erradicar el hambre en el todos los países y, en lo inmediato, reducir a la mitad las personas que lo sufren a mas tardar en el 2015.

También se afirma que los alimentos no deben ser utilizados como instrumento de presión política y económica. Se reafirma la importancia de la cooperación y de la solidaridad internacional y de la necesidad de evitar medidas unilaterales que pongan en peligro la seguridad alimentaria.

Así mismo, el documento consigna que los ocho millones de personas que en promedio abandonan cada año el grupo de población hambrienta es una cantidad insuficiente para alcanzar los objetivos fijados para 2015.

Los participantes de la cumbre exhortarán en el documento final a los países del Norte industrial a tomar medidas concretas para que su ayuda al desarrollo llegue a 0,70 por ciento del producto interior bruto, como lo solicitó en los años 70 la Asamblea General de la ONU.

La asistencia internacional a los países en desarrollo equivale actualmente a 0,24 por ciento del PIB de las naciones ricas.

Diouf instó a los asistentes a ”resucitar la voluntad política indispensable para lograr que la situación de las personas que padecen hambre en el mundo vuelva a ser el centro de las preocupaciones y prioridades de acción de los gobiernos, los parlamentos, las colectividades locales y la sociedad civil”.

Por su parte, Aznar sostuvo que ”es preciso fomentar el crecimiento económico sostenido y hacer que el desarrollo rural y agrícola desempeñe un papel relevante en esos fines”.

”Pensamos que la responsabilidad de garantizar la seguridad alimentaria incumbe, en primer lugar, a los gobiernos nacionales, con la participación de la sociedad civil y del sector privado y el apoyo de la comunidad internacional”, dijo Aznar.

Agregó que la UE es el primer donante del mundo, tratándose de la ayuda oficial para el desarrollo. La UE acordó alcanzar en el 2006 una contribución media de 0,39 por ciento del PIB para la ayuda oficial al desarrollo.

Aznar destacó que la UE es también el principal mercado para las exportaciones de los países en desarrollo y que ofrece a algunos de éstos amplias preferencuias comerciales.

”La decisión de reducir los aranceles para casi todas las exportaciones de los países menos adelantados, en virtud de la iniciativa ”Todo Menos Armas”, es un jalón significativo en la aplicación de una nueva política de desarrollo de la Unión”, agregó.

Berlusconi, que fue elegido por aclamación presidente de la cumbre por ser el jefe del gobierno del país anfitrión, indicó que ha llegado el momento ”de hacer aquello que por tanto tiempo prometemos de hacer: eliminar el hambre de la faz de la Tierra”.

A su juicio, la solidaridad con los países en desarrollo exige al Norte industrial la remoción en lo posible, para el comercio con ese grupo de naciones, del proteccionismo residual.

Berlusconi identificó la agricultura como ejemplo de cierre de mercados. Tanto en el Norte como en el Sur se han puesto barreras al comercio agrícola y la pérdida de riqueza consiguiente ha afectado a todos los países, especialmente a los más pobres, advirtió.

Los 30 integrantes de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, entre los que figuran todas las naciones ricas, gastan anualmente cerca de 350.000 millones de dólares en subsidios a la agricultura, según estadísticas de la misma institución.

El papa Juan Pablo II señaló en un mensaje a la Cumbre sobre la Alimentación la falta de una cultura de la solidaridad, y que las relaciones internacionales se basan en un pragmatismo carente de fundamentos éticos y morales.

La solidaridad debe ser el criterio inspirador de todas las formas de cooperación internacional, sostuvo el Papa. (FIN/IPS/jp/ff/dv/02

 

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