AMBIENTE-CUBA: Biogás se multiplica

En la cocina del cubano Instituto Agropecuario Marién N'Gouabi ya nadie llora ni siente calor. ”Se humanizó el trabajo”, dice Ciro Emilio Ortega frente a un gran caldero donde hierve el alimento del día.

El cambio lo trajo la planta de biogás instalada en un patio posterior del establecimiento de más de 700 alumnos, que aprovecha el estiércol de tres vaquerías vinculadas a este centro de formación de técnicos en veterinaria y agronomía.

”Antes cocinábamos con leña, entre el humo y el calor. Ahora trabajamos mucho más cómodos”, dice Ortega, jefe de turno del equipo que se afana en la preparación del almuerzo para estudiantes y profesores.

La llama que despide el fogón de dos hornillas nada tiene que envidiar a la de cualquier cocina de la ciudad, donde predomina el uso de combustibles convencionales contaminantes.

El ahorro es considerable, explica Oscar Castro, subdirector económico de la escuela, en la comuna de Sandino de Pinar del Río, más de 170 kilómetros al occidente de La Habana.

Según sus cuentas, la cocina de biogás y otra que consume aserrín, ”eficiente” por su óptimo aprovechamiento calórico, evitan al colegio un gasto mensual de 200 litros de gasolina en el traslado para buscar leña.

Y entre las ganancias principales, Castro incluye las ambientales.

El biogás se obtiene de la descomposición en un ambiente anaeróbico (sin oxígeno) de residuos orgánicos como el estiércol animal o desechos vegetales.

Es un combustible económico y renovable, que puede ser utilizado en vehículos de motor y para combinar con el gas del alumbrado, así como para usos industriales y domésticos.

Además de aprovechar desperdicios que contaminan el ambiente, la producción de biogás origina como subproducto un fertilizante considerado ”excelente” por los entendidos como Castro. Ese sobrante también puede ser aprovechado como alimento para peces y aves de corral.

”Los desechos (del biogás) se usan para fertilizar la tierra que cultivan los estudiantes para practicar lo que aprenden y el autoabastecimiento. Aquí no se usan abonos químicos”, asegura Castro.

La planta de biogás instalada en el instituto agropecuario es la única de su tipo en Pinar del Río, pero no en Cuba, dijo a Tierramérica el ingeniero José Antonio Guardado.

El especialista calcula en más de 100 las instalaciones de pequeña y mediana escala que usan este combustible, especialmente en la cocción de alimentos y aprovechando el estiércol vacuno y porcino como materia prima.

Una planta instalada en el motel Las Tecas, de Villa Clara, a unos 300 kilómetros de La Habana, produce casi 300 metros cúbicos diarios de gas, suficientes para abastecer de combustible la cocina y una parrillada.

”La inversión en la obra más cara y complicada de este tipo se recupera en unos tres años, tiempo que en Las Tecas se redujo a la mitad”, afirma Guardado, a cargo del desarrollo de esta fuente de energía en la organización no gubernamental Cubasolar.

El costo de una planta pequeña es de 1.000 dólares. ”Pero a nosotros nos está saliendo no más de 800 dólares”, asegura.

Cubasolar (Sociedad cubana para la promoción de las fuentes renovables de energía y el respeto ambiental) surgió en 1994.

Según el gobierno, Cuba tiene potencial para producir más de 150 mil toneladas de combustible por año, provenientes de unos 78 millones de metros cúbicos de desechos biodegradables.

”Como país azucarero que somos, también tenemos varias instalaciones en que usamos la cachaza (desecho de la caña de azúcar) que tiene muy diversos usos y es factible como base para la producción de biogás”, relata Guardado.

El experto destacó que se trabaja en tecnologías que permitan usar materia orgánica en predios agrícolas de las ciudades, cuyo número ha aumentado considerablemente en los últimos 10 años.

”Ya tenemos un prototipo pequeño de biodigestor (depósito hermético donde se fermenta la masa orgánica para producir gas) para que trabaje con residuos vegetales en condiciones urbanas. También hay proyectos de trabajo en vertederos (basurales) citadinos”, afirma.

Pero, aclara, un principio básico de los proyectos es asegurarse previamente su rentabilidad, su viabilidad ecológica y social y su utilidad humana.

* La autora es corresponsal de IPS. Publicado originalmente el 6 de diciembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. (

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