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JAPON: La horca no mata el temor a las sectas

TOKIO, 27 feb 2004 (IPS) - La pena de muerte dictada este viernes en Japón contra el líder de la secta Verdad Suprema, por el atentado con gas sarín de 1995 en Tokio, puso fin al insistente reclamo de justicia, pero no al temor de ataques similares en el futuro.

En medio de un gran operativo de seguridad, la justicia japonesa sentenció a Shoko Asahara, de 48 años, a morir en la horca luego de ser hallado culpable de 13 delitos, entre ellos asesinato, intento de asesinato y ataque con gas.

El juicio había comenzado al año siguiente de los atentados. Asahara tenía el objetivo de ”apoderarse de Japón y convertirse en rey”, según la sentencia dictada por el Tribunal de Distrito de Tokio.

La justicia japonesa espera que la pena de muerte contra el líder y fundador de Verdad Suprema (Aum Shinrikyo, en japonés) sea un ejemplo disuasivo para otros grupos que planeen atentados.

Asahara fue señalado como el organizador del atentado con gas sarín en 1995 en el metro de Tokio, que dejó 13 muertos, y del asesinato de otras 15 personas que se oponían a las acciones de la secta.

Otros 10 de los 189 fieles juzgados habían sido condenados a la pena capital antes que Asahara.

Los defensores del líder religioso apelaron la sentencia, arguyendo que los ataques fueron organizados por otros dirigentes de la secta sin su conocimiento.

El fallo del tribunal fue recibido con reacciones mezcladas.

”La pena de muerte es poco comparado con lo que hemos luchado para aceptar lo que pasó. El camino a la reconciliación es todavía largo. Nunca podré perdonar ni olvidar”, dijo entre lágrimas Kiyoe Iwata, una mujer de 63 años que perdió a su hija en el ataque del metro.

La hija de Iwata había salido de clases y se dirigía a su trabajo cuando fue víctima del atentado. El ataque con gas se realizó en diferentes trenes, dejando 13 muertos y 5.5000 personas heridas, algunas de ellas con daños permanentes.

El escalofriante atentado alertó al mundo sobre una nueva forma de terrorismo. Fue la primera vez que se utilizó gas nervioso por parte de una organización integrada por civiles para matar inocentes.

Pero la sentencia no es suficiente para erradicar el temor de que se produzca en el futuro otro atentado similar, a manos de alguna de las tantas sectas que atraen a muchos jóvenes en Japón, sostuvo el abogado Taro Takimoto, del no gubernamental Consejo Anti-Cultos.

Takimoto, que en el pasado ayudó a varios jóvenes cooptados por Verdad Suprema a abandonar el grupo, cree que la única forma de combatir a sectas como ésta es lanzar un programa sistemático en las escuelas y universidades.

”Gobierno y de organizaciones civiles deben proponer modos de combatir las mortales consecuencias de unirse a sectas que con frecuencia explotan a los jóvenes en nombre de la religión”, señaló Takimoto, atacado en el pasado por varios seguidores de Asahara.

Verdad Suprema fue desarticulada, pero continúa operando bajo el nombre de Aleph y sus líderes aseguran haber dejado la violencia. Pero las autoridades de gobierno le siguen los pasos pues consideran aún un grupo peligroso.

Kazuaki Okazaki, de 39 años, miembro de la secta también sentenciado a muerte, le dijo a sus jueces que se unió al grupo porque estaba ”harto” de la sociedad moderna, en la que no se sentía aceptado.

”La falta de autoestima y objetivos en los jóvenes los hace más vulnerables a unirse a grupos como Verdad Suprema, donde les dicen que creyendo en sus dogmas tendrán esperanza”, señaló Shoko Egawa, experto en sectas.

La policía detuvo años atrás a 11 miembros jóvenes de Verdad Suprema que confesaron haber fabricado sarín y otros gases tóxicos en laboratorios secretos del grupo.

El científico Tomomasa Nakagawa, miembro de la secta y también condenado a muerte, dijo en el tribunal que recibió del propio Asahara la orden de perpetrar el atentado en el metro.

Nakagawa confesó haber obedecido a su líder y liberó el gas que llevaba en una botella dentro del tren subterráneo. Dijo que estaba convencido entonces de que la doctrina de la secta era la correcta, y que estaba haciendo un bien a la humanidad sirviendo a Asahara.

La declaración de Nakagawa fue clave para la condena contra su líder..

Los fiscales describieron las acciones de Asahara como las más ”atroces” en la historia criminal de Japón, mientras el fundador de la secta, quien todavía es reverenciado por unos 1.000 fieles, permaneció en absoluto silencio durante todo el juicio.

Takimoto dijo que el silencio de Asahara tenía el objetivo de ”proteger” el culto pues, mientras calle, ”sus seguidores no podrán escapar de su poder”.

En la documentación presentada al tribunal se demostró que la policía nunca sospechó que se escondía una red siniestra detrás de la secta, que llegó a contar con más de 10.000 seguidores.

También se revelaron detalles escalofriantes, como la fabricación de narcóticos y el uso sistemático de estos con los fieles, extorsiones, y planes específicos para matar a todos los que se opusieran al trabajo del culto.

 

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