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PERIODISMO-COLOMBIA: Mal lugar para el mejor oficio

BOGOTA, 30 abr 2004 (IPS) - ¿Cuántos periodistas colombianos hay en el exilio? ¿Cuántos han tenido que abandonar sus regiones pero viven todavía en Colombia? ¿Cuántos de los que huyeron pudieron seguir ejerciendo su profesión, ”el mejor oficio del mundo” según el escritor colombiano Gabriel García Márquez?

”Eso no lo registra nadie. Pero, en general, los que se van al exterior no logran volver a trabajar como periodistas”, con lo cual estaría cumplido el propósito de quienes ejercieron las amenazas, dijo a IPS Juliana Cano, directora de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip).

Los que huyen de sus regiones pero no salen de Colombia ”normalmente regresan si no consiguen trabajo”, luego de que el ministerio del Interior y Justicia suspende una ayuda económica prevista para tres meses, de unos 340 dólares por mes, explicó.

El apoyo estatal a periodistas amenazados incluye medidas de seguridad, que son definidas según el nivel de riesgo que evalúen la policía o el servicio de inteligencia presidencial.

El ”esquema de seguridad”, en lenguaje de los expertos, puede incluir simplemente un celular de dotación, pero también llegar hasta la decisión de sacar al periodista de Colombia.

Cano señaló que la mayoría de quienes huyen de las provincias ”regresan a trabajar como periodistas pero tratan de buscar un cambio de frente”, abandonando por completo el trabajo sobre el conflicto armado, las violaciones de los derechos humanos y la corrupción local.

”Se dedican a temas sociales, como salud y educación, y a cubrir cosas como el cumpleaños de alguien en la región o la última inauguración oficial”, precisó. En las zonas de guerra, muchas emisoras comunales se limitan a pasar música y los periódicos muestran un panorama idílico.

Según Eduardo Márquez, catedrático de periodismo de la universidad privada Sergio Arboleda, ”desde 1988 hasta la fecha en Colombia han sido asesinados 126 periodistas, la gran mayoría por cuenta del ejercicio del oficio”.

Pero varias organizaciones tratan de depurar esa cifra, contabilizando sólo las muertes debidas a la labor periodística.

La principal institución que lleva ese conteo depurado es la Flip, que lanza con motivo del Día Internacional de la Libertad de Prensa, 3 de mayo, un informe sobre la situación del periodismo en Colombia durante los últimos 12 meses, junto con el Comité de Protección de Periodistas (CPJ), con sede en New York, y Reporteros Sin Fronteras (RSF), con sede en París.

Cano adelantó a IPS las estadísticas más protuberantes del año corrido: ”Amenazados, 34; asesinados por el oficio, dos; muerto en fuego cruzado (durante un combate), uno. Otro murió acuchillado en su lugar de trabajo, pero aún no tenemos claro si se trató de un crimen por el ejercicio del periodismo”, dijo.

Tres sufrieron secuestros breves y luego fueron liberados. Uno de esos casos fue el de una mujer embarazada que, mediante torturas durante su secuestro, fue ”convidada” a callar por paramilitares. Los otros dos son periodistas del diario bogotano El Tiempo. ”Autor, las FARC (las insurgentes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), por haber entrado sin permiso a una zona” controlada por ellas, prosiguió Cano.

En el periodo considerado, nueve periodistas huyeron de Colombia, dos de ellos en 2004. En esa cuentas no figura, por haberse ido en abril de 2003, Fernando Garavito, quien era columnista del semanario bogotano El Espectador cuando recibió amenazas por escribir sobre el pasado del presidente Alvaro Uribe. Garavito siguió publicando su columna a través de Internet.

A pesar de ser Garavito un experimentado periodista, que nunca en su carrera de más de 30 años ha tenido que rectificar un informe, sólo en diciembre comenzó a recibir ingresos estables en el país que lo acogió, Estados Unidos. Durante meses, él y su familia sobrevivieron gracias a la solidaridad de periodistas estadounidenses y amigos de Colombia.

”Atentados, tres”, continuó Cano, explicando que uno sólo figura en la estadística pero no se puede dar ni el nombre del periodista, ni el del medio en que trabaja, ni el de la ciudad donde ocurrió el ataque, pues la víctima está tan atemorizada que prefiere que su caso pase inadvertido. Otros tres miembros de su familia, también periodistas, han sido asesinados desde 1991.

¿Motivo? ”La independencia periodística”, dijo Cano.

No se cuenta como ”atentado” sino como ”error profesional” el caso de un periodista de El Tiempo que, contrariando normas de seguridad acordadas informalmente dentro del gremio y basadas en el Derecho Internacional Humanitario, permitió que su reportero viajara en un helicóptero militar que fue atacado por la guerrilla. El periodista resultó herido.

”El ataque no iba contra él como periodista, sino contra el helicóptero militar”, precisó Cano.

El criterio empleado por la Flip en el conteo es producto de años de reflexión colectiva. A esa reflexión empujan, por supuesto, las cifras, que sitúan a Colombia entre los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Por eso cada vez más periodistas colombianos buscan maneras de hacer convivir la guerra con el compromiso con la verdad. ¿Un imposible?

”Obstrucciones al ejercicio periodístico, que es cuando, por ejemplo, los militares llaman al periodista a decirle que no publique, tres. Ahí hay subregistro, porque dependemos de que el periodista acepte que está recibiendo presión”, apuntó Cano.

En 2003, la hipótesis de que el conflicto armado que vive Colombia hace 40 años es causa principal de los ataques a la prensa fue a contramano de los hechos. Tres de los cinco muertos estaban denunciando corrupción.

Cuando un periodista amenazado por cubrir corrupción en su región regresa, ”no vuelve a sacar información en contra de la administración, se cuida más”, dijo Cano.

”En materia de derecho a la información estamos peor que nunca”, opinó Márquez, para quien ese derecho ciudadano está amenazado también por ”la posibilidad de la censura a través del Estatuto Antiterrorista”, en camino de aprobación en el parlamento y que permite realizar interceptaciones telefónicas, allanamientos y detenciones sin orden judicial.

”¿Qué puede esperar un periodista que esté haciendo una investigación sobre corrupción de agentes del Estado? Y todo esto sobre el telón de fondo de la guerra, donde paramilitares, guerrilla y militares pretenden convertir a los periodistas, cada uno, en sus voceros”, señaló.

Márquez es representante en Colombia de la Federación Internacional de Periodistas, con sede en Bruselas, y dedica parte de su tiempo a promover la agremiación de los periodistas colombianos con el objetivo de mejorar sus condiciones laborales.

El relator especial de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sobre Libertad de Expresión, Ambeyi Gabo, estableció, tras su viaje a Colombia en febrero, que en ese país ”la categoría profesional peor pagada es la de los periodistas”.

Pero ”estar sindicalizado en Colombia es prácticamente un crimen. Es mucho más fácil crear un grupo armado que un sindicato”, por la oposición de los empresarios, afirmó Márquez.

Actualmente, embriones de sindicatos de periodistas ”se reúnen periódicamente, a escondidas y con sigilo respecto de sus empleadores, para exigir cosas tan elementales como las ocho horas de trabajo, una conquista laboral del siglo XIX”, reveló.

Pero ”tanto los medios como los periodistas tienen intereses comunes, que son mejorar la calidad de la información e intentar consolidar la desvalida democracia colombiana. Desde esta perspectiva, se debería rodear de garantías la creación de organizaciones de periodistas”, concluyó el catedrático.

 

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