EDUCACIÓN: Venezuela se declara libre de analfabetismo
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EDUCACIÓN: Venezuela se declara libre de analfabetismo

CARACAS, 28 oct 2005 (IPS) - Venezuela se considera “territorio libre de analfabetismo”, tras anunciar este viernes que 1.482.000 adultos aprendieron a leer y escribir en los últimos dos años, y menos de dos por ciento de la población permanece iletrada.

"Ya no somos pobres, somos ricos en conocimientos", proclamó en el parlamento María Eugenia Túa, de 70 años y quien hace dos se inscribió en el plan de alfabetización Misión Robinson.

Túa habló en el acto que declaró a este país petrolero sudamericano como libre de analfabetismo, en una sesión a la que acudió sólo la mayoritaria bancada oficialista que adoptó el acuerdo sin discusión.

"Es prácticamente imposible alcanzar 100 por cierto de alfabetizados, siempre hay un pequeño porcentaje de irreductibles, pero no bajaremos la guardia", dijo el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz, flanqueado por su homólogo cubano Luis Gómez.

Cuba aportó el método "Yo sí puedo", creado por la educadora Leonela Realy y que combina datos numéricos y de lenguaje para inducir al aprendizaje, y envió instructores que a su vez prepararon a 129.000 alfabetizadores venezolanos.


Con este contingente, el gobierno lanzó en julio de 2003 el plan para alfabetizar a millón y medio de adultos, y estableció un programa de incentivos para quienes aceptasen sentarse ante el pizarrón, desde cestas de comida hasta tierras y créditos, amén de 100.000 becas de 75 dólares mensuales, la mitad del salario mínimo legal.

Entre los alfabetizados se cuentan 70.000 indígenas en decenas de comunidades, en modo bilingüe. También hubo programas especiales para ciegos y mudos, y para 2.000 presos (que constituyen 10 por ciento de la población reclusa), en tanto personas con deficiencias visuales fueron asistidas con consultas oftalmológicas y más de 200.000 lentes correctores.

En un acto con el presidente Hugo Chávez, al cierre de la jornada, una adulta mayor ciega demostró su destreza para leer con el método Braille.

Un segundo programa, Misión Robinson 2, fue puesto en práctica meses más tarde para que los alfabetizados cursaran hasta sexto grado de enseñanza básica, y luego otros planes para que centenares de miles de personas concluyeran sus estudios secundarios o ingresaran a la universidad, siempre bajo el esquema de estímulos materiales como acompañantes.

El nombre del programa fue dado por el pseudónimo Samuel Robinson, que adoptó Simón Rodríguez (1769-1854), un maestro del libertador Simón Bolívar que fue avanzado crítico de las ideas pedagógicas de su tiempo.

Como nació un 28 de octubre, se escogió esta fecha para proclamar el fin del analfabetismo en Venezuela con el acto del parlamento.

Istúriz dijo que la meta lograda por Venezuela es avalada por el convenio educativo Andrés Bello, de los países andinos, además de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

La salvadoreña María Luisa Jáuregui, enviada especial de la Unesco, dijo que "visitamos los ambientes de alfabetización en Venezuela y es justo reconocer la voluntad política y el esfuerzo hecho para alfabetizar a millón y medio de personas".

La Unesco "apoya el alcance de esta meta de analfabetismo reducido. Venezuela es el primer y único país que satisfizo compromisos adoptados por gobiernos de la región el año 2002 en La Habana para reducir drásticamente el analfabetismo", dijo Jáuregui.

Aunque América Latina ha alcanzado en general la educación primaria universal y varios países tienen tasas de alfabetización superiores a 90 por ciento, la Unesco estima que unos 39 millones de adultos siguen siendo analfabetos.

"Pero estas cifras nunca son exactas porque se basan en respuestas dadas en los censos, y la Meta del Milenio de las Naciones Unidas, de revertir esa cifra a la mitad, no será posible sin una intensa y decidida campaña que sigue planteada", destacó Jáuregui.

Los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio contienen el propósito de abatir a la mitad la proporción de analfabetos adultos para 2015.

El caso más dramático es Haití, recordó Jáuregui, donde la mitad de la población adulta es analfabeta.

Leonardo Carvajal, presidente de la organización no gubernamental Asamblea de Educación y activista de oposición, dijo a IPS que "si la Unesco certifica que Venezuela redujo su analfabetismo de 6,8 a menos de dos por ciento, nosotros vamos a creerle, aun cuando tengamos dudas por el manejo de las cifras oficiales".

"Todavía recordamos que Chávez sostuvo que en su primer año de gobierno se agregaron 600.000 estudiantes al sistema escolar, con su estricta orden de matrícula gratuita en las escuelas públicas, pero luego la Memoria y Cuenta (informe anual) del Ministerio de Educación entregó la cifra exacta: 233.675", dijo Carvajal.

En cuanto a los contenidos, "sí creo que un adulto en un lapso breve puede ser alfabetizado y también que es efectivo un método que combine enseñanza de lenguaje y número, por el principio de partir de lo que ya se conoce hacia lo que no se domina", reconoció Carvajal, autor de varios estudios sobre pedagogía.

Una vez que los adultos sean alfabetizados —en condiciones de escribir oraciones sencillas y de poder leer la prensa— el gobierno se ha propuesto llevar al menos a un millón de ellos hasta el sexto grado de instrucción primaria, para fines de 2006.

"Un grupo piloto egresará el próximo diciembre, otros 350.000 en julio y propongo que el 28 de diciembre de 2006 nos reunamos para que el presidente le entregue el certificado de sexto grado al alfabetizado número un millón", agregó.

Según Jáuregui, seis por ciento de los niños menores de cinco años no culminarán su educación primaria antes de 2015 en 18 países de América Latina, "lo que significa que seis millones de jóvenes entre 15 y 19 años, 20 por ciento de la población de esa edad, no concluirán sus estudios primarios".

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, recordó Jáuregui, ha establecido que es preciso aprobar por lo menos 12 años de educación básica como herramienta para romper el ciclo de la pobreza.

 


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