CLIMA-BOLIVIA: Inundados y aislados
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CLIMA-BOLIVIA: Inundados y aislados

LA PAZ, 22 feb 2007 (IPS) - «Necesitamos con urgencia alimentos, medicamentos, carpas (tiendas de campaña) y agua potable», dijo Alcides Vargas, director del Centro de Operaciones de Emergencia Departamental de Santa Cruz, en el este de Bolivia.

La región nororiental boliviana, conformada por los departamentos de Santa Cruz y Beni, es la más castigada por las intensas lluvias que desde diciembre superan el promedio histórico de precipitación pluvial, según datos proporcionados a IPS por el jefe de la unidad de climatología del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), Gualberto Carrasco.

Más de 350.000 personas damnificadas, 34 muertos, daños materiales que apenas se empiezan a calcular, caminos cortados y desesperación humana forman el cuadro dramático ante el cual el gobierno opera con limitados recursos de transporte, que lo obligan a pedir ayuda externa.

La Organización de las Naciones Unidas reclamó el miércoles a la comunidad internacional una asistencia urgente de 9,2 millones de dólares para Bolivia, el país más pobre de América del Sur, que corre riesgo de ver profundizadas la pobreza, la inseguridad alimentaria, la desnutrición y las enfermedades.

Imágenes aéreas de televisión muestran extensas áreas de la llanura oriental cubiertas de agua, en las que apenas sobresalen algunos techos de viviendas, las cabezas de árboles altos y torres de almacenaje de agua potable, mientras embarcaciones rústicas surcan el enorme lago transportando gente y sus bienes hasta zonas más altas.


Desde la capital de Santa Cruz, 1.000 kilómetros al este de La Paz, Vargas dijo a IPS por teléfono que de las 15 provincias de ese departamento, 14 fueron afectadas por las inundaciones.

"Estamos abocados a salvar vidas, esa es la primera prioridad, y luego velamos por la buena salud de las personas", explicó Vargas respecto del trabajo de efectivos militares y voluntarios con sólo dos helicópteros de rescate.

Una de esas aeronaves dejó de funcionar para ser reparada y este jueves volverá a las operaciones de salvamento, pero aun se necesitan otras dos, y el ministro de la Defensa, Walker San Miguel, no descartó la posibilidad de solicitar ayuda a Brasil y a Argentina.

Desde el nuevo comando de emergencias instalado en la ciudad de Trinidad, la capital del departamento de Beni, el director de Defensa Civil, Gonzalo Lora, relató IPS las tareas de asistencia y distribución de alimentos.

En coincidencia con Vargas, nombró las necesidades urgentes, un listado que comienza con tiendas, colchonetas, frazadas, mosquiteros y medicamentos.

El Centro de Operaciones de Emergencia Departamental de Beni acaba de ser creado para hacer frente al avance de las aguas que están a punto de vencer el anillo de defensa construido alrededor de Trinidad, habitada por 89.613 personas.

En cada temporada de lluvias llegan a Trinidad decenas de embarcaciones fabricadas con maderas tropicales, y a bordo de ellas hombres, mujeres y niños procedentes de pueblos indígenas que buscan protección. Pero este año el número de damnificados se ha multiplicado, y no alcanzan las escuelas y edificios públicos para hospedarlos mientras esperan alimentos y atención médica.

El nivel de las aguas ha subido entre 5,50 y nueve metros en los cauces de los ríos del oriente boliviano, explicó Lora, quien teme se repita la inundación de 1992, que anegó Trinidad, localizada en una planicie a 400 metros sobre el nivel del mar y 700 kilómetros al noreste de La Paz.

Las provincias de Moxos, Marbán y Cercado —a la que pertenece Trinidad— concentran la mayor parte de los 406.982 habitantes del amazónico Beni y son las más afectadas, según Defensa Civil.

La zona es atravesada por el caudaloso río Mamoré, que nace en la región valluna del departamento de Cochabamba, centro del país, y se proyecta hasta el norte, en la frontera con Brasil.

La pista de aterrizaje de Trinidad recibió este jueves una aeronave enviada por el gobierno venezolano con 11 toneladas de alimentos, y otra procedente de Perú con 16 toneladas, pero el mayor obstáculo es la ausencia de carreteras y caminos para distribuir las donaciones a pueblos alejados.

Esta dificultad impedirá el transporte de carne vacuna desde los centros ganaderos de Beni a las principales capitales departamentales, como La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí, donde ya se anuncia desabastecimiento de ese alimento básico y un aumento de sus precios.

Además, la muerte de 20.000 cabezas de ganado ha provocado pérdidas por unos 20 millones de dólares, según cálculos preliminares que aún no consideran otros daños en el sector agrícola.

Un informe de la Administradora Boliviana de Caminos indica que unos 849 kilómetros de rutas principales en varios departamentos han sido dañados o destruidos por los desbordes de las aguas.

De las 68.746 familias que han quedado sin vivienda en toda la república, Beni tiene la mayor cantidad, 17.296, mientras Santa Cruz registra 17.092 familias, según datos del Ministerio de la Defensa.

En la región semitropical del Chapare, Cochabamba, indígenas yukis y yuracarés pidieron ayuda inmediata. Unas 250 familias que habitan en las márgenes del río Ichilo, en los límites con Beni, divulgaron la dramática situación que viven por falta de asistencia gubernamental.

El Senamhi asegura que el exceso de lluvias es parte del fenómeno climático de El Niño, cuyas repercusiones locales desde inicios de año han afectado a 350.000 personas en este país de 9,2 millones de habitantes.

El Niño – Oscilación del Sur es un proceso cíclico y errático que se manifiesta cuando la temperatura superficial del agua varía en más de medio grado por encima de lo normal durante al menos cinco meses seguidos en el Pacífico occidental, central u oriental.

De los nueve departamentos bolivianos, sólo Pando ha quedado exento de problemas climáticos, según el Ministerio de la Defensa.

En la zona altiplánica y occidental de La Paz, Oruro y Potosí, las "mazamorras" (aludes de lodo y piedras), granizadas y heladas destruyeron cultivos de papas, hortalizas y quinua.

Los departamentos vallunos de Cochabamba y Chuquisaca y la chaqueña Tarija, entre el centro y el sur, sufren desbordes de ríos y deslizamientos de tierras.

El experto en meteorología Carrasco estima que las lluvias continuarán hasta marzo, aunque con intensidad en descenso.

 


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