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CULTURA-CUBA: Exorcizando fantasmas

La ampliación del debate iniciado en Cuba vía correo electrónico por un grupo de intelectuales a comienzos de año parece demostrar la necesidad de enterrar definitivamente las restricciones culturales del pasado, abrir espacios al diálogo, a la confrontación de ideas y a la diversidad.

"El temor ya fue conjurado. Es evidente que ese pasado no regresará. No lo permitiremos los escritores y artistas, y tampoco lo permitirán las instituciones", dijo a IPS el escritor Arturo Arango, uno de los participantes en el intercambio de correos que ya trascendió el tema inicial, sumó voces de la diáspora e, incluso, de otros países.

Sobre la posibilidad de que los aspectos más negativos de la política cultural cubana del pasado o de su interpretación hayan sido del todo superados, el autor de novelas como "Muerte de nadie" estimó que esa vieja política aún "se abroquela en mínimos espacios en los que trata de sobrevivir y resistir".

A su juicio, el debate a través de la red mundial de computadoras intenta "ponerla (a la política) en evidencia, para que los principios más libertarios, emancipadores, antidogmáticos, se expandan quizás de manera definitiva".

"Lo que también estamos tratando de decir es que la Revolución Cubana perecería si retornan esos métodos, si renuncia a las complejidades que aportan el arte y la literatura, si desoye la voz de sus pensadores, de sus artistas. De eso, más que de salvaguardar nuestra propia obra, es de lo que se trata", añadió Arango.


La también llamada "crisis de los correos" estalló tras la aparición en varios programas de televisión de Luis Pavón Tamayo, Armando Quesada y Jorge Serguera, todos vinculados como ejecutores al llamado proceso de "parametración" que afectó a amplios sectores de la cultura cubana en la primera mitad de los años 70.

Entre los síntomas de aquel período, que impuso límites y que el ensayista Ambrosio Fornet llamó "quinquenio gris" aunque se extendió por casi un decenio, el escritor Leonardo Padura enumera "la censura de lo que hoy nos parecería ridículo" y la exclusión de "artistas y estudiantes por sus creencias religiosas o sus preferencias sexuales".

A esto, añade, la sospecha frente a cada acción u opinión no sustentada por la más férrea ortodoxia, el dogmatismo exacerbado, la facilidad con que se acusaba a cualquiera de tener "problemas ideológicos", la marginación de los artistas cubanos del quehacer internacional "capitalista" y la insistencia en sovietizar y adoctrinar la creación.

No cumplir los "parámetros" establecidos implicó, en su momento, el cierre de colectivos artísticos, como el teatro de Guiñol, y la marginación de narradores, dramaturgos y artistas de todos los sectores de la cultura. En 1976, la creación del Ministerio de Cultura marcó el fin de la política anterior y el inicio de una nueva época.

La "memoria colectiva" cubana necesita de "una revisión de los lastres y desmanes de aquel pasado, como única alternativa para preservar en un futuro los espacios de reflexión, crítica, opinión, comunicación y creación ganados en el presente", asegura Padura en Cultura y Sociedad, publicación de la oficina de IPS en La Habana.

Según el autor de "Máscaras" (1996), una novela que tiene entre sus personajes a un creador homosexual "parametrado", el consenso en torno a "una posición de principios" mostrado por el debate vía correo electrónico "constituye la muestra de un espacio ganado para la reflexión, la crítica e incluso la indignación".

Además del rechazo a lo que pareció una reivindicación de los tres ex dirigentes, buena parte de los participantes en el intercambio resaltaron la necesidad de levantar el velo de silencio sobre ese período triste de la historia reciente, analizar sus causas y consecuencias, reconocer el error para evitar su repetición. Otros, como el escritor residente fuera de Cuba Amir Valle o el cineasta Enrique Colina, enumeraron síntomas del pasado que aún pueden encontrarse en el presente: películas nacionales que nunca se han mostrado en la televisión por su abordaje crítico de la realidad, libros no publicados y escasos espacios para la diversidad de criterios.

"Para mí, esto nunca fue ‘el quinquenio gris’, para mí siempre ha sido ‘el período del escándalo silencioso’. Generaciones que han venido detrás se han formado en ese silencio", opinó en un correo electrónico el dramaturgo José Milián, quien se mantuvo sin escribir entre 1970 y 1974 y sin ver una obra suya llevada a las tablas hasta 1979. La cineasta Belkis Vega reflexionó sobre el necesario análisis y la posibilidad de evitarlo porque se piense que no es "el momento oportuno" o para no "darle armas al enemigo", una fórmula que en Cuba siempre se identifica con el gobierno de Estados Unidos y sus políticas hostiles hacia la Revolución Cubana.

A pesar de estar convencidos de que "ser revolucionario es ser transformador, inconforme, crítico", muchos temas se postergan a "la espera de ese momento y lugar que nunca llega", para mantener la unidad y no darle "armas al enemigo", sin comprender que "el estaticismo paralizante es un arma bien eficiente", apuntó la directora de cine. La misma idea fue enfatizada por Fornet el 21de enero en la sede de la institución cultural cubana Casa de las Américas, durante la primera de un grupo de conferencias coordinadas por el centro cultural Criterios con el fin de abordar, desde diferentes aristas, la política cultural de "los años duros".

"Los pactos de silencio suelen ser sumamente riesgosos, porque crean un clima de inmovilidad, un simulacro de unanimidad que nos impide medir la magnitud real de los peligros", afirmó el intelectual, testigo de la época analizada y uno de los primeros que en la pasada década aportó sus reflexiones críticas sobre lo que denominó "quinquenio gris".

Además de la conferencia central de Fornet, el encuentro en la Casa de las Américas incluyó una intervención del ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, y otra del ensayista Desiderio Navarro, quien se ha convertido en una especie de coordinador del debate electrónico desde el centro cultural Criterios.

"En el ciberespacio, todo el que tiene acceso a correo electrónico puede intervenir. En una sala donde caben 450 personas, se imponen las invitaciones. Pero, indudablemente, hay más coherencia en un salón donde todos nos escuchamos a todos", opinó Arango sobre lo que se interpretó como un salto del debate del espacio privado al público.

Los temas principales del debate volvieron a la palestra pública, el 3 de este mes, durante la presentación en los portales del Instituto Cubano del Libro, del ensayo de Navarro "Las causas de las cosas", una recopilación que incluye textos sobre la función crítica y la banalización de los medios de comunicación.

La revisión del pasado, que algunos consideran "ya imparable", ha emergido también en los pasillos y en no pocas presentaciones de la Feria Internacional del Libro, que se realizó en La Habana del 8 al 18 de este mes. A partir de ese día, la feria se instaló en 40 ciudades cubanas para concluir el 11 de marzo.

"Me permito afirmar que esta Feria está dedicada a todos los creadores cubanos", sin exclusiones y para superar "cualquier limitación que en el transcurso de los años pueda haber mostrado, soportado y sufrido nuestra cultura", apuntó en la inauguración de la feria el poeta César López, premio Nacional de Literatura.

Con ese afán inclusivo, López mencionó entre los imprescindibles a Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), Reynaldo Arenas (1943-1990), Jesús Díaz (1941-2002) y Heberto Padilla (1932-2000), escritores que murieron en el exilio defendiendo posiciones radicalmente opuestas al gobierno de Fidel Castro. "Sacaron el genio de la botella y ya no vuelve a entrar", dijo a IPS el escritor Reynaldo González, premio Nacional de Literatura 2003 y uno de los participantes en el debate electrónico.

"Los errores son ‘pasado’ si se subsanan. Todo esto refleja la falta de transparencia mantenida por 30 años sobre los crímenes de lesa cultura cometidos por dogmáticos, intolerantes y aprovechados de la inadvertencia en algunos mandos" y, además, por "la impunidad" en que se han mantenido, añadió.

González estimó que "la oposición a esos métodos y a la ideología estalinista que los genera" ha ganado fuerza no sólo en medios intelectuales sino también "en niveles de decisión". Sólo "luego de explicitar las causas y combatir los efectos" podrá "ocurrir la cicatrización", afirmó.