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DERECHOS HUMANOS: El Sur apoya a indígenas en la ONU

NACIONES UNIDAS, 10 sep 2007 (IPS) - Pese a la continua oposición de Estados Unidos y de otras potencias, la Asamblea General de la ONU parece determinada a adoptar la Declaración Universal de Derechos de los Pueblos Indígenas a fines de este mes.

Algunos líderes aborígenes dijeron a IPS ser optimistas en cuanto a que una vasta mayoría de la Asamblea General, de 192 miembros, vote a favor de la resolución que exige reconocer los derechos de los 270 millones de indígenas del mundo.

Estaba previsto que la declaración propuesta fuera adoptada por la Asamblea General de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) el año pasado, pero, debido a fuertes objeciones de algunos países, fue reiteradamente dejada de lado en espera de más negociaciones.

Además de Estados Unidos, entre los países que se negaron a aprobar la declaración estuvieron Australia, Canadá, Colombia, Guyana, Nueva Zelanda, Rusia, Suriname y un grupo de naciones africanas lideradas por Namibia.

Aunque muchos de estas naciones siguen oponiéndose, hay fuertes señales de que casi todos los países africanos ahora apoyan plenamente la declaración.


El grupo africano cambió su posición luego que una mayoría del Foro Permanente sobre Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, de 16 miembros, accedió a aceptar su demanda de revisar ciertas partes del texto relativas al concepto de "autodeterminación".

La declaración exige el reconocimiento del derecho de los pueblos indígenas a la autodeterminación y al control de sus tierras, un principio plenamente reconocido por el Consejo de Derechos Humanos con sede en Ginebra, pero considerado polémico por algunos que temen que pueda debilitar la soberanía de los estados.

A cambio de su apoyo, los países africanos pidieron que la declaración mencionara que no alienta ninguna acción que pueda debilitar la "integridad territorial" o la "unidad política" de los estados soberanos. Su punto de vista fue incorporado a la versión enmendada.

"Está sujeto a interpretación, pero podemos trabajar con esto", dijo a IPS Les Malezer, presidente del Caucus Indígena Global.

Como muchos otros líderes aborígenes, Malezer, activista de larga experiencia en estos temas, inicialmente no aprobó las enmiendas al proyecto.

Los líderes indígenas querían que la declaración fuera adoptada por consenso, pero como algunos países siguen sin estar dispuestos a reconocer sus derechos, lo más probable es que la Asamblea General opte por una votación formal.

"Si unos pocos estados no aceptaran la declaración, entonces eso diría más de ellos que el documento", opinó Malezer, en una velada referencia a la posición adoptada por Australia, Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Muchos líderes indígenas denuncian que, como ya lo hicieron en el pasado, Estados Unidos y Canadá todavía intentaban aplicar tácticas de presión sobre países económicamente débiles y vulnerables para asegurarse sus votos contra la declaración.

"Ellos estuvieron dándoles órdenes a los países en desarrollo. Sin embargo, ahora los países del Tercer Mundo adoptaron un paso muy progresista en términos de compromiso con los derechos de los pueblos indígenas", dijo Joseph Ole Simel, coordinador del Caucus Regional Indígena africano.

"Queremos hacer una apelación humilde a aquellos países que todavía tienen dificultades para aceptar que los pueblos indígenas de todo el mundo desean que esa declaración sea adoptada por consenso", agregó Simel en un comunicado, urgiendo a Estados Unidos y a sus aliados a "adoptar la misma dirección que tomó África".

Quienes se oponen ven el boceto de declaración como "defectuoso", principalmente a causa de su fuerte énfasis en el derecho a la autodeterminación y al pleno control sobre tierras y recursos. Creen que así obstaculizarán los esfuerzos de desarrollo económico y debilitarán las normas de las democracias establecidas.

Esta tensión también se refleja en otras áreas de los discusiones diplomáticas, entre ellos el tratado de la ONU sobre diversidad biológica y la Organización Mundial del Comercio, en términos de las necesidades de un orden económico neoliberal y del argumento de que los pueblos autóctonos tienen el derecho a poseer y usar sus recursos sin ninguna interferencia.

El tratado sobre biodiversidad, por ejemplo, no solamente reconoce el significado del conocimiento tradicional, sino que también exige compartir de modo "justo y equitativo" los beneficios derivados de las tierras indígenas por parte de empresas comerciales.

Estados Unidos se negó a firmar ese tratado, mientras que algunos de sus aliados opuestos a la declaración expresaron sus reservas en torno a cómo implementar el principio de distribución "justa y equitativa" de los recursos.

Mientras, las amenazas a tierras y recursos indígenas continúan bajo la forma de minería, tala, contaminación tóxica, privatización y proyectos de desarrollo a gran escala, así como el uso de semillas genéticamente modificadas.

Recientes estudios científicos advirtieron sobre las devastadoras consecuencias de esto para las comunidades indígenas, mientras el cambio climático amenaza con causar más inundaciones, huracanes, terremotos y derretimiento de glaciares en todo el mundo.

La Asamblea General considera la declaración en momentos en que más de 100 líderes de todo el mundo se preparan para asistir en Nueva York a una reunión de alto nivel sobre cambio climático.

Para muchos indígenas, éste es un momento histórico.

"Hacemos este trabajo desde hace más de 22 años", dijo Vicky Tauli-Corpus, presidenta del Foro Permanente, con la esperanza de que esta vez la Asamblea General diga "sí" a la declaración.

 

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