EEUU: Los halcones custodian política hacia Cuba

Los neoconservadores estadounidenses de línea dura se movilizan contra la posibilidad de que el gobierno modere su política hacia Cuba o abra brechas al embargo que le impuso hace 46 años.

"En este momento, más que nunca, debemos evitar acciones que desaceleren el impulso hacia un genuino cambio político" en Cuba, dijo Roger Noriega, ex subsecretario de Estado (vicecanciller) para el Hemisferio Occidental del gobierno de estadounidense de George W. Bush.

Durante una conferencia organizada por el neoconservador e influyente Instituto Americano de la Empresa (AEI, por sus siglas en inglés), Noriega señaló que "habrá mucho tiempo para ayudar a los cubanos a reconstruir su economía sobre bases sólidas".

"Pero si nos movemos prematuramente, para dar un módico beneficio a algunas personas lo que queda del régimen de los hermanos Castro tendrá algunos trágicos días más en el poder", agregó.

La conferencia se realizó en vísperas del anuncio del presidente cubano, Fidel Castro, de que se encuentra demasiado enfermo para retornar a la vida pública y participar en las elecciones parlamentarias.
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La reacción neoconservadora se produce en un momento en el que funcionarios más moderados, como el secretario (ministro) de Defensa, Robert Gates, y la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, parecen estar reafirmando su control sobre la política hacia otras Némesis de Washington, particularmente Corea del Norte, Irán y Siria.

"El presidente Bush señaló claramente que nuestra política cambiará cuando se modifiquen las condiciones en Cuba", dijo Kirsten Madison, subsecretaria asistente de Estado para el Hemisferio Occidental. "Queremos que nuestras empresas hagan negocios con Cuba en el momento en que puedan apoyar y reforzar un proceso de cambios, no para sostener a un Estado represivo", agregó.

Cuando Noriega fue el funcionario para América Latina de más alto rango en la cancillería estadounidense, entre 2003 y 2005, buscó desalentar que los países de la región mejoraran sus relaciones con La Habana. Asimismo, otorgó mayor apoyo a los disidentes y a Radio y TV Martí, que emiten desde Miami.

Al dejar el gobierno, Noriega se unió al AEI, del que también forman parte otros neoconservadores como el ex secretario de Defensa Paul Wolfowitz y Richard Perle, quienes jugaron un papel fundamental en la planificación de la invasión a Iraq en 2003. La esposa del vicepresidente Dick Cheney, Lynne, ha sido durante mucho tiempo una "académica" de la institución.

Estados Unidos mantuvo un embargo total contra Cuba desde 1962 hasta 2000, cuando el Congreso legislativo aprobó ventas limitadas de productos agrícolas y medicinas. El año pasado esas exportaciones llegaron a casi 400 millones de dólares.

Pero el gobierno se ha opuesto férreamente a todos los intentos de una mayor liberalización y amenazó en varias oportunidades con vetar cualquier ley que dejara sin efecto la prohibición de viajar a Cuba que pesa sobre los ciudadanos estadounidenses. Hace poco, anunció que iba a llevar a juicio a las personas que violaron esa disposición.

Esta política ha sido criticada no sólo por La Habana, que culpa al embargo por muchos de sus problemas económicos, sino por varios miembros de la comunidad internacional, incluyendo aliados de Washington.

En octubre pasado, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas votó, por decimoséptimo año consecutivo, a favor del levantamiento del embargo. Sólo Israel, las Islas Marshall y Palau se unieron a Estados Unidos en su voto negativo.

Cuando el opositor Partido Demócrata ganó el control del Congreso en 2006 algunos analistas estimaron que intentaría limitar las restricciones a los viajes o el embargo. Pero los líderes opositores han sido reticentes a dar ese paso, por temor a la reacción de los estadounidenses de ascendencia cubana que viven en Florida, un estado clave en las elecciones presidenciales de noviembre.

En la conferencia de la AEI Madison argumentó que dejar de lado el embargo privaría a Washington del único medio de presión que puede emplear con el gobierno cubano. También afirmó que quienes critican esta política "carecen de visión estratégica".

"Estaríamos dejando de lado una herramienta importante, que puede ser utilizada cuando las cosas empiecen a cambiar", agregó.

Madison señaló que un gobierno encabezado por Fidel Castro o su hermano Raúl no promoverá reformas democráticas. "Sabemos que los cubanos no quieren sólo derechos políticos o económicos. Quieren libertad", dijo.

Pero Wayne Smith, director del programa sobre Cuba del Centro de Política Internacional, y ex director de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, señaló a IPS que quienes creen que el gobierno cubano tiene los días contados están tan equivocados como los directivos del AEI lo estuvieron respecto de las consecuencias de la invasión a Iraq.

"Los cubanos quieren un cambio, pero no veo ninguna posibilidad de que se produzca un derrocamiento del gobierno", afirmó.

Smith señaló que un gobierno liderado por Raúl Castro será mucho más abierto y flexible y que Estados Unidos debería promover las reformas a través de un acercamiento diplomático y el fin del embargo, que daña a las personas más que al gobierno.

Organismos de derechos humanos también criticaron las restricciones a los viajes y el comercio. Human Rights Watch indicó que el embargo ha impuesto "penurias indiscriminadas al pueblo cubano" y Amnistía Internacional afirmó que daña "a los sectores más vulnerables de la población".

* Con aportes de Jim Lobe (Washington)

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