FINANZAS-EEUU: Fondos soberanos desnudan doble discurso
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FINANZAS-EEUU: Fondos soberanos desnudan doble discurso

WASHINGTON, 30 may 2008 (IPS) - Estados Unidos defendió durante años sus intereses en el extranjero mediante el uso de sus fondos públicos, en especial sus bonos del Tesoro, y presionando a las naciones en desarrollo para que abrieran su economía.

Pero Washington se dispone ahora a cambiar las reglas del juego, pues los fondos soberanos, capitales estatales que gobiernos del Sur utilizan para operar en los mercados financieros, apuntan a activos estadounidenses,.

Estos fondos nacieron en las monarquías petroleras de Medio Oriente en los años 60 y 70 para reciclar las ganancias por las ventas de crudo. Dado el encarecimiento de la energía, los países de esa región concentran dos tercios de los fondos soberanos mundiales.

Pero ahora que esos fondos comienzan a participar en compañías estadounidenses, Washington se apresura a contener su influencia. Algunos analistas señalan que esa actitud demuestra el doble discurso de este país y de sus aliados en las instituciones financieras internacionales.

"Estados Unidos gestiona fondos soberanos", subrayó Edwin M. Truman, experto del Instituto Peterson de Economía Internacional, en una sesión del Congreso legislativo dedicada al asunto. "Por lo tanto, tenemos que ser cuidadosos con lo que hagamos."


Después de todo, el gobierno federal y los de los estados poseen o controlan más de tres billones de dólares en activos, es decir 20 por ciento de los 15 billones invertidos por los Estados de todo el mundo. Casi lo mismo que la suma de los fondos soberanos del año pasado: 3,3 billones.

Este país aboga desde hace tiempo por la eliminación de las barreras comerciales y a las inversiones en otros países mediante amplios programas eufemísticamente denominados de "asistencia".

Estos programas son gestionados, entre otras instituciones, por la estadounidense Agencia para el Desarrollo Internacional (Usaid) y funcionarios afines a los intereses de Washington en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Muchos de estos organismos son acusados por activistas de presionar a las naciones en desarrollo para que hagan "reformas" y restrinjan el control de los Estados sobre la economía local, e incluso que los despojen de la capacidad de tomar algunas decisiones políticas.

Pero el intento por parte de fondos soberanos de Medio Oriente de comprar importantes activos en Estados Unidos, fue para el gobierno de George W. Bush como un momento de revelación.

El año pasado, por ejemplo, Abu Dhabi, uno de los Emiratos Árabes Unidos, adquirió acciones de Citicorp por 7.500 millones de dólares.

Las inversiones de los fondos soberanos en compañías privadas estadounidenses, valores y bienes raíces, entre otros activos, están bajo un examen sin precedentes. También hubo una serie de sesiones en el Congreso dedicadas a analizar cómo proteger la seguridad nacional.

El presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Howard L. Berman, dijo la semana pasada en una se esas sesiones que las inversiones de fondos árabes dejan "dudas acerca del poder que pueden tener sobre los intereses de Estados Unidos" y sobre la "seguridad nacional".

Berman señaló que esos fondos están controlados por gobiernos que "a veces son poco amigables y a veces no confiables".

En el Congreso habló Alan Tonelson, investigador de la organización empresarial Business and Industry Council, quien comparó los fondos soberanos con la amenaza de la organización extremista Al Qaeda.

Tonelson sugirió, incluso, que los jeques petroleros del Golfo Pérsico o Arábigo nunca pueden ser aliados confiables.

Desde hace tiempo, los fondos soberanos son investigados por el Comité de Inversiones Extranjeras de Estados Unidos, entidad gubernamental que estudia las consecuencias para la seguridad interna de las adquisiciones de activos nacionales por entidades extranjeras.

Pero ante la preocupación de que algunos fondos soberanos sacaran dinero de bonos del Tesoro para comprar acciones en compañías estadounidenses a principios de este año, el Congreso también creó un grupo de trabajo a fin de estudiar las crecientes inversiones.

Una delegación de alto nivel del Congreso, encabezada por el representante Luis V. Gutierrez, presidente del subcomité de política monetaria interna e internacional, viajó la semana pasada a Medio Oriente para convencer a los inversionistas árabes de que sólo su dinero es bienvenido. Nada más.

Otros miembros del plenario se reunirán la semana que viene para seguir analizando el asunto.

En febrero, el subsecretario del Tesoro (viceministro de hacienda) para de Asuntos Internacionales, David H. McCormick, dijo al Congreso que los fondos soberanos hacen sonar la alarma en la Casa Blanca.

"Analizar los fondos soberanos es inevitable porque su aumento tiene consecuencias claras en el sistema financiero internacional", señaló.

El secretario del Tesoro adjunto Clay Lowery sugirió, incluso, que esos fondos sólo tienen dos opciones en este país: optar por no votar en las compañías estadounidenses o revelar su voto en las reuniones reservadas de directorios y accionistas.

Hubo propuestas aun más duras como que los fondos soberanos tengan una participación sin control en las empresas y prohibirles votar por sus acciones a fin de asegurar que su inversión sea pasiva.

En marzo, dos altos funcionarios estadounidenses se involucraron en el asunto.

Tras una perorata sobre los beneficios de la transparencia cuando se hacen negocios en Estados Unidos, el secretario del Tesoro (ministro de hacienda) Henry M. Paulson y el subsecretario Robert M. Kimmitt consiguieron algunas concesiones de dos grandes fondos, uno controlado por Singapur y otro por Emiratos Árabes Unidos.

Ambos prometieron más transparencia y no hacer inversiones en base a una agenda política solapada.

Desde octubre, el Departamento del Tesoro (ministerio de hacienda) impulsa al FMI y a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) a fomentar mejores prácticas de fondos soberanos, un proceso que puede otorgar una mayor supervisión a Estados Unidos y otras naciones ricas.

Pero todas esas medidas "proteccionistas" pueden haber puesto de manifiesto, sin querer, el doble discurso de los patrones respecto del sistema financiero internacional.

Corporaciones, respaldadas y promovidas por Washington e instituciones financieras internacionales, suelen adquirir y controlar sectores estratégicos de las naciones en desarrollo como telecomunicaciones, transporte, energía, medios y financiero.

En tanto, Washington señala que los fondos soberanos pueden distorsionar los mercados.

De hecho, la mayoría de los inversores, incluidos fondos de salvaguarda y privados, pueden hacer más daño a las naciones en desarrollo, sin ganarse una reprimenda del gobierno de este país, dado al tamaño de sus carteras.

No importa cuánto crezcan los fondos soberanos. Sea como sea, seguirán siendo una ínfima parte la cartera de activos financieros globales de 190 billones de dólares, la mayoría en manos de instituciones occidentales, o los 62 billones de dólares gestionados por inversores privados.

El actual debate en Estados Unidos puede ser lo que desde hace años esperan los defensores de la soberanía económica de las naciones en desarrollo para probar sus argumentos.

 

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