MUJERES-PAKISTÁN: Acuerdo con Talibán, un paso atrás
Asia-Pacífico, Democracia y Política, Derechos humanos, Desarrollo y ayuda, Educación, Género, Mujer y política, Pobreza y Objetivos de Desarrollo, Sociedad Civil, Últimas Noticias

MUJERES-PAKISTÁN: Acuerdo con Talibán, un paso atrás

KARACHI, Pakistán, 24 feb 2009 (IPS) - El acuerdo de cese del fuego al que llegaron este mes el gobierno de la Provincia de la Frontera Noroccidental de Pakistán y el movimiento extremista Talibán es considerado un revés para los derechos de las mujeres en el área lindante con Afganistán.

El acuerdo establece, tal como reclamaba el Talibán, la aplicación del Nizam-e-Adal (sistema judicial islámico) y la shariá (ley islámica) en el territorio de Malakand, que abarca los distritos de Swat, Dir y Chitral, en la Provincia de la Frontera Noroccidental.

A guiarse por lo que el Talibán ya anunció que tiene en mente para las mujeres de Swat, las preocupaciones son bien fundadas.

A las mujeres ya no se les permitirá trabajar excepto en entornos totalmente segregados, pues el Talibán considera "poco islámico que la voz de una mujer sea oída en público".

"Es probable que las mujeres sufran la peor presión y que sus problemas se agraven", dijo I.A. Rehman, director de la independiente Comisión de Derechos Humanos de Pakistán.


Sin embargo, Muslim Khan, portavoz del Movimiento Talibán Pakistaní (conocido por el acrónimo TTP, de su nombre en urdu, Tehreek-e-Taliban), insistió en que "las mujeres serán las más beneficiadas de la aplicación de la shariá".

"Queremos dar a las mujeres su legítimo lugar en el Islam. Las mujeres no deben trabajar en fábricas ni en los campos. Ése es trabajo de hombres y no les permitiremos desatender sus responsabilidades", dijo Khan a IPS.

Pero algunos activistas se preguntan si "alguien consultó a las mujeres para saber si les complace esta decisión", según dijo Ibrash Pasha, de Khwendo Kor, organización de defensa de los derechos femeninos en Dir. Pasha exige un referendo al respecto.

El valle de Swat, a 160 kilómetros de Islamabad, está hace dos años bajo control del insurgente TTP, desafiando a los alrededor de 20.000 soldados pakistaníes desplegados allí en el marco de la "guerra contra el terrorismo" de Estados Unidos.

Washington teme que el acuerdo de paz alcanzado el día 16 y la aplicación de la shariá en Malakand facilite las operaciones de la red extremista Al Qaeda y del Talibán, en un área a la que se considera bastión de la insurgencia islamista.

El gobernante Partido Nacional Awami (ANP) defendió el acuerdo con el argumento de que mejorará las condiciones de seguridad.

"La población quiere un sistema de justicia simple y rápido, como el que rigió mientras Swat fue un principado", concluido cuando Pakistán anexó ese territorio al de la Provincia de la Frontera Noroccidental, dijo a IPS Bushra Gohar, miembro del ANP, en diálogo telefónico.

"La decisión tiene que verse en su perspectiva histórica", agregó. "Aquellos tribunales eran muy eficaces. En cada aldea de Swat designamos a uno o dos líderes religiosos que resuelven los conflictos a la luz del Islam. Casi 75 por ciento de los casos se refieren al derecho de las mujeres a la propiedad, el divorcio y al matrimonio consensuado."

Pero si la función de los tribunales es dar justicia, según Pasha, los nuevos órganos deberían juzgar a los insurgentes y a las fuerzas de seguridad por las atrocidades de los últimos dos años.

"Dudo que eso ocurra. En los últimos dos años, unas 3.000 personas fueron asesinadas aquí", se lamentó.

Pasha también duda que los tribunales islámicos defiendan el derecho de las mujeres a la propiedad, como establece la shariá. "¿Acaso juzgarán a la mayoría de hombres que las privan de este derecho?", preguntó.

En 1993, cuando gobernaba Benazir Bhutto (1988-1990 y 1993-1996), se tomaron medidas para acelerar las acciones de la justicia. Algo parecido hizo en 1999 el dictador militar Pervez Musharraf (2001-2008).

Pero la implementación de las leyes seculares en las áreas tribales ha sido muy difícil.

El nuevo acuerdo aguarda la aprobación final del presidente Asif Ali Zardari, quien exige como condición par estampar su firma que el Talibán deponga sus armas.

El TTP, por su parte, demandó una amnistía general par sus miembros acusados de diversos delitos, así como que las fuerzas de seguridad del gobierno pakistaní abandonen Swat. "Queremos que se clausuren los 16 puestos de control. El Talibán hará lo mismo", dijo Khan.

En los últimos dos años, el TTP aplicó su radical visión del Islam en Swat, castigando con rapidez y severidad a quienquiera que lo desobedeciera.

En Afganistán, durante el régimen del Talibán (1996-2001), las mujeres tuvieron prohibido trabajar o salir de sus hogares a menos que estuvieran envueltas en una burqa (túnica tradicional que las cubría de la cabeza a los pies), o acompañadas por un hombre de la familia.

Éste podría ser ahora el destino de Swat. La educación de las mujeres ya fue prohibida, y se demolió un centenar de escuelas, la mayoría de ellas para niñas.

Para mostrar que hablaba en serio, el Talibán mató a tiros a una concejera local que manifestó públicamente su oposición al movimiento extremista y también decapitó a una bailarina.

Al preguntársele si le avergonzaban esas atrocidades, Khan respondió: "Necesitábamos darles una lección a las mujeres".

De todos modos, con la firma del acuerdo las escuelas tienen permiso para abrir nuevamente sus puertas.

"Desde el 23 de febrero, los estudiantes de Swat, tanto niñas como niños, retornarán felizmente a las aulas o a lo que queda de ellas", dijo desde Swat a IPS Ziauddin Yusufzai, portavoz de la Asociación de Escuelas Privadas.

Sher Mohammad Khan, presidente del ahora extinto Comité de Paz de Swat, dijo a IPS: "Estoy esperando y observando qué pasará hora. Todavía es demasiado pronto para prever nada. El Talibán está aquí ahora del mismo modo que estuvo antes".

"Hasta que el Talibán no abandone las armas, los habitantes de Swat estarán inseguros", dijo por teléfono.

Feryal Ali-Gauhar, economista, novelista, cineasta y activista por los derechos femeninos, cuestionó la legitimidad del acuerdo.

"El hecho de que la institución de la 'jirga' (asamblea tribal) excluya a las mujeres de toda la toma de decisiones sugiere que la población femenina no serán consultada por la justicia, ya sea antes o después de la imposición de la shariá", dijo.

Lo que Ali-Gauhar halla particularmente perturbador son las muchas contradicciones entre la shariá y el derecho consuetudinario en las regiones noroccidentales.

"¿Como renunciarán los 'qazis' (magistrados de la shariá) a su propio código en materia de herencia, matrimonio o divorcio? ¿Qué pasará cuando una mujer enviude? ¿Podrá negarse a imponer la práctica consuetudinaria de darla en matrimonio al hermano de su difunto esposo?", planteó.

A Ali-Gauhar también le preocupan costumbres como el "tor", en que una mujer debe ser asesinada por supuestas transgresiones al orden moral.

Swat también es conocida por la "swara", tradición según la cual las niñas son entregadas a hombres en acuerdos para sellar disputas.

 


X
Lo mejor de la semana

Boletín semanal