ECONOMÍA: No canten victoria

La inauguración oficial de las reuniones anuales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI) está prevista para el próximo martes, pero las actividades políticas y la tensión ya han tomado control de la vida diaria en esta ciudad turca.

Estambul, la segunda urbe del país con 12 millones de habitantes, está bajo fuerte vigilancia policial. La zona donde se ubica el nuevo Centro de Congresos de Harbiye, inaugurado hace dos semanas para este encuentro, está cercada y rodeada de más de miles de policías.

Varias manifestaciones de grupos contra la globalización han sido realizadas desde el miércoles, y se espera que aumenten en número e intensidad conforme comiencen a llegar los funcionarios internacionales. Grandes corporaciones e instituciones han alertado a su personal sobre posibles casos de violencia, así como sobre los lugares y los horarios a evitar.

Pero Estambul no es Pittsburgh. El gobierno turco quiere mantener el orden sin distorsionar el encuentro, de cuyo prestigio depende para mejorar su imagen internacional. Por tanto, es poco probable que la plaza Taksim se parezca a un campo de guerra, como ocurrió con esa nororiental ciudad estadounidense que acaba de ser sede de la cumbre del Grupo de los 20 (G-20).

Más invasivas que las fuerzas del orden son las ondas hertz. La radio local y las estaciones de televisión transmiten sin cesar entrevistas a funcionarios de gobierno, académicos y comentadores. "Me estoy deprimiendo. Sabemos que la economía no va bien. ¿Por qué siguen repitiéndonos esto?", dijo el taxista Mitthat.
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Mantener a la opinión pública conciente de la posibilidad de que la crisis se extienda fue lo que el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, tenía en mente cuando habló ante la prensa este viernes.

El funcionario exhortó a los países miembros del Banco a mostrar cautela cuando reconstruyen su economía. "Es demasiado pronto para declarar el éxito de la derrota de la crisis", señaló.

La principal preocupación de Zoellick parece ser que el prematuro optimismo de ciertos gobiernos lleve a disminuir las regulaciones financieras, reactivando la crisis, lo que, según el Banco Mundial, podría ser fatal.

Los países ricos, en la lógica del presidente del organismo, deben mantener e incluso incrementar su compromiso en el rescate de los países más pobres, poniendo a disposición fondos adicionales.

Zoellick espera que el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo (BIRD) avance lentamente hacia el logro de esos objetivos. Desde su creación en 1944, se ha dedicado a combatir la pobreza en países de pequeños y medianos ingresos, promoviendo el desarrollo sostenible a través de préstamos, garantías, administración de riesgos y servicios de análisis y de consejería.

Está estructurado como una cooperativa, y es propiedad y operado para el beneficio de sus 186 estados miembro.

El BIRD recolecta la mayor parte de sus fondos de los mercados financieros mundiales, y se ha convertido en uno de los principales prestamistas desde su primer acuerdo en 1947. Los ingresos que la institución ha generado a lo largo de los años le han permitido financiar actividades de desarrollo.

"El BIRD está muy bien capitalizado", sostuvo el jefe del Banco Mundial. "Tiene a su disposición 33.000 millones de dólares para el año fiscal 2008-2009 y proyecta usar 40.000 millones en el periodo 2009-2010".

"Anticipamos que en algunos países habrá un debate sobre el uso de estos recursos, como en el Congreso (legislativo) de Estados Unidos, que espera ver reformas de nuestra parte", añadió. "El Banco Mundial tendrá que hacer lo suyo. Las instituciones del Banco tendrán que cambiar", agregó.

En referencia a las preocupaciones sobre los países africanos de bajos ingresos, cuyos suministros de alimentos disminuyeron luego de la caída en las exportaciones, Zoellick confirmó que el Banco Mundial incrementó su ayuda a las naciones pobres del continente, como Liberia, 25 por ciento este año.

No obstante, admitió que hay todavía rigidez a la hora de usar los fondos para temas urgentes, debido a los convenios existentes que regulan la ayuda. "El Banco y el G-20 tendrán que encontrar vías para liberar los fondos en forma más rápida y flexible", indicó.

Al hablar de los grandes desafíos que afrontará la economía en 2010, el jefe del Banco Mundial alertó a los gobiernos sobre el peligro de volver a una recesión. Esto podría ocurrir si la recuperación se demora, o toma diferentes velocidades en diferentes sectores, o por las discrepancias entre los países.

En respuesta a las preocupaciones sobre el creciente desempleo, Zoellick dijo creer que ayudando a las compañías privadas a reestructurar su deuda, y con la creación de una red de seguridad para los sectores más vulnerables de la población, debería minimizarse el riesgo de afrontar miseria e inestabilidad social. El Banco Mundial destinó 4.900 millones de dólares entre 2008 y 2009 para estos esfuerzos, con el objetivo de estimular los mercados internos.

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