LA GEOGRAFÍA VARIABLE DE LA CRISIS MUNDIAL

Hace un año la economía global llegaba al fondo de la crisis. Desde entonces, hemos estado leyendo una sucesión de opiniones optimistas en los medios de comunicación, acerca de la fortaleza de la recuperación, del resurgimiento de los mercados bursátiles, de la estabilización bancaria y del retorno del crecimiento económico.

Al mismo tiempo surgen datos que describen los elevados costos de la crisis, particularmente para los países en desarrollo: el incremento del desempleo, otros 53 millones de personas caídas debajo de la línea de pobreza y más de 100 millones que se agregan a las filas de los que pasan hambre en el mundo.

Por otra parte, la recuperación es geográficamente variable –y conducida principalmente por la demanda desde Asia- y sigue siendo débil:. Todavía penden amenazas de burbujas financieras y crisis de la deuda en varias regiones, así como de baja inversión y persistente desempleo.

La crisis de la deuda en Grecia, que está amenazando a toda la zona del euro, es indicativa de la continua intranquilidad en varias partes de la economía mundial. En los países menos desarrollados (LDC) y en otras naciones en desarrollo los progresos hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) se han revertido y ahora resulta improbable que se alcancen las metas fijadas para el 2015.

Además, si algún impulso hubo para la reforma del gobierno económico mundial la realidad es que se ha detenido. Aparte de una más que prudente regulación y de algunas acciones con respecto a las ganancias de los banqueros no se han registrado cambios fundamentales en el sistema económico. En efecto, algunos de los cambios más significativos se observan en el ámbito regional, incluyendo el incremento de la cooperación y de la integración Sur-Sur.

Es imperativo forjar una economía global más equilibrada e inclusiva a través de dos canales: una mesurada intervención estatal en los mercados y en la política estratégica en los ámbitos nacionales y una toma de decisiones mejor coordinada y más inclusiva en lo internacional. Tal enfoque serviría para poner a la gente y al desarrollo en el centro de la actividad económica.

Para los LDC de África y de otros continentes, que tienen recursos limitados para establecer paquetes de estímulo económico o para movilizar recursos domésticos, es indispensable el apoyo de la comunidad internacional. Tal respaldo debería incluir mejor acceso a los mercados multilaterales y regionales, y apoyo para fortalecer y diversificar las capacidades productivas de los LDC.

India es una de las más grandes economías emergentes que han concedido a los LDC acceso al mercado libre de impuestos y cuotas. El desafío para los LDC africanos es el de utilizar las preferencias comerciales a su disposición.

Pero el acceso al mercado es sólo un elemento para una exitosa estrategia de desarrollo de los LDC: construir una fuerte base productiva en materia de agricultura, manufacturas y servicios que puedan competir internacionalmente es otro ingrediente esencial. Para ello se requiere tanto la acción de los gobiernos como la multilateral. Las industrias internacionalmente competitivas no se establecen automáticamente por sí mismas, sino que exigen inversiones gubernamentales que apoyen a jóvenes industrias estratégicas, así como la intervención de los gobiernos para corregir las imperfecciones del mercado.

Como hemos visto durante la actual crisis económica, el mercado no siempre fija los precios adecuados ni proporciona siempre a las empresas igualdad de condiciones para competir. Por lo tanto, los gobiernos deben crear mercados justos a través del uso prudente de políticas macroeconómicas, así como de otros mecanismos reguladores y de leyes y políticas que mantengan un ambiente saludable en el cual puedan florecer las empresas y el desarrollo económico.

Inspirada por exitosas experiencias en América Latina, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD) decidió establecer un programa regional sobre leyes y políticas de competencia denominado AFRICOMP para asistir a las naciones de África en la formulación de leyes y políticas sólidas en cuestión de competencia.

Con generosos recursos financieros y humanos aportados por Noruega, Suecia, Suiza y Alemania, la UNCTAD ha sido capaz de crear AFRICOMP para atender a cinco países africanos. Asimismo, otros socios cooperadores, incluyendo Francia y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP), están proporcionando fondos para los proyectos de asistencia técnica de la UNCTAD a los países africanos.

Conjuntamente, esas áreas de cooperación, pueden contribuir a un intercambio más maduro y próspero entre países del Sur y sus socios para el desarrollo. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Supachai Panitchpakdi, Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo y ex Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

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