Gitanos, o como ser invisibles en México
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Gitanos, o como ser invisibles en México

MÉXICO, 6 oct 2010 (IPS) - En el cuento “Gente bella”, el dictador mexicano de la época envía una misión a Europa con el fin de importar 300 familias y así “blanquear la raza para que la pereza acabara”, y el emperador austro-húngaro Francisco José le engaña y le manda, a precio de oro, gitanos.

Esta crítica social del escritor y político de izquierda Eraclio Zepeda, nacido en 1937 en el sureño estado de Chiapas, tiene como referencia al presidente Porfirio Díaz (1830-1915) y retrata también los persistentes estereotipos sobre los gitanos en el imaginario mexicano, que explican en parte su invisibilidad, pese a sus profundas raíces en el país.

La mexicana Ysmed Nebarak conoce bien esa estrategia, porque su abuelo, un húngaro que llegó a México hacia 1920, optó por guardar en el baúl de la memoria la historia de su primera esposa, quien era gitana.

"Sus antepasados, honestamente no lo sé, porque nunca quiso hablarnos de ellos", dijo a IPS Nebarak, quien reside en Acapulco, a 395 kilómetros al sur de Ciudad de México.

En México viven 15.850 gitanos, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, aunque la cifra se considera parcial por sus parámetros reductivos. Sus actividades giran sobre todo en torno a la venta de textiles, automóviles, camiones y joyas y la enseñanza del canto y la danza.


"Los gitanos han sido ‘deshistorizados’, no están en la historia de México. Conocemos muy poco de ellos, lo cual genera estereotipos y proyecciones fantasmales. México es una panoplia de varios grupos con diferentes historias y trayectorias", explicó a IPS David Lagunas, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Para este antropólogo nacido en España, el hecho de que los gitanos administren su tiempo, su trabajo y su dinero en forma no tradicional suscita suspicacias entre la población. Y Lagunas sabe de ello porque convivió 10 años en su país con gitanos de Andalucía y Cataluña, en sus caravanas y puestos de mercado, mientras hacía su tesis.

La primera oleada de los grupos ludar y romaníes o rom, como más se los conoce en México, data de 1890, cuando llegaron a ciudades como Veracruz, al sudeste de la capital, además de a Estados Unidos y Brasil, procedentes de las hoy Hungría, Polonia y Rusia.

Ambos grupos establecieron una especie de división del trabajo. Los ludar se concentraron en labores artísticas, como la promoción del cine y la danza, y los rom se enfocaron en actividades económicas, como el comercio.

En el llamado periodo de entre guerras, que va del fin de la Primera Guerra Mundial a la Segunda (1918-1939), muchos romaníes abandonaron el entonces territorio húngaro y arribaron a México y Venezuela.

Pero en 1931, cuando ya había una numerosa colonia de gitanos, la ley de inmigración fue reformada para prohibir su asentamiento en México, tras denuncias en su contra sobre actos delictivos.

La última llegada masiva de gitanos se produjo en los años 60, esta vez por una diáspora desde España. Se asentaron principalmente en el céntrico barrio de Juárez de Ciudad de México y se han dedicado sobre todo al comercio de textiles y prendas de piel.

Actualmente hay colonias romaníes en la capital y las ciudades de Veracruz, la sureña Puebla, la noroccidental Guadalajara y la norteña Monterrey. Los grupos ludar más conocidos se asientan en la norteña San Luís Potosí.

Uno de los mayores promotores de la identidad gitana, el patriarca Pablo Luvinoff, máximo dirigente de la Iglesia Cristiana Gitana de México, fue asesinado el 24 de septiembre en un hospital de la capital mexicana, pese a contar con custodia policial.

Luvinoff había sufrido ya tres atentados desde 2004, atribuidos a una disputa por el control de la comunidad rom en la capital. A principios de mes, las autoridades detuvieron a varios presuntos implicados, todos gitanos.

Se sabe que existe discriminación contra los colectivos gitanos, pero hay escasas denuncias. En 2006 el estatal Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación investigó un caso hacia un miembro de la comunidad gitana preso en el norteño estado de Baja California, pero que finalmente la denuncia fue desestimada.

En los últimos años, varios autores han roto el hermetismo y el desconocimiento alrededor de la comunidad gitana en este país latinoamericano. En 2001, el investigador Ricardo Pérez Romero publicó "La lumea de noi. Memoria de los ludar de México", un relato en torno a la historia y la vida cotidiana de los ludar.

En 2007 apareció "Piel de carpa. Gitanos en México", de la mexicana Ruth Campos y el español Antonio García, con un enfoque similar, pero referido a los romaníes.

"Los gitanos son como los grupos indígenas: hay muchos y no son iguales. Los nómadas traen todavía sus carpas familiares que incluyen payasos, magos, bailarines pero el atractivo principal es el hipnotismo colectivo", dijo fotógrafo mexicano Lorenzo Armendariz, gran retratista de los pueblos originarios, a la revista Artes Visuales.

En 1994, cuando el afamado fotógrafo tenía 33 años, descubrió que su abuelo era gitano y desde entonces elaboró varios proyectos fotográficos sobre esas comunidades, como "Gentes de viaje", y ha convivido con ellos largas temporadas. Incluso se casó por el rito gitano, para lo que debió ser adoptado antes por una familia rom.

"Me encantaría saber todo lo relacionado con su historia y sus costumbres", aseguró por su parte Nebarak, cuyo abuelo se dedicó a la crianza de gallos.

Como en las páginas de la novela "Cien años de soledad", del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, los gitanos de este país situado en el norte de América recorrían pueblos y ciudades con el cinematógrafo en mano, para exhibir películas.

De hecho, el padre de Luvinoff transportaba en su camión un proyector de 35 milímetros y una colección de filmes mexicanos de antaño.

"No hemos tenido avances en políticas públicas como en otros países. Las asociaciones políticas no están consolidadas, no están en la agenda política, no hay un reconocimiento a los derechos de los romaníes", criticó Lagunas, egresado de la pública Universidad de Barcelona, en España.

Donde si no ha pasado desapercibido el cautivante mundo gitano ha sido en las telenovelas de variados países latinoamericanos, incluido México.

La cadena privada Televisa produjo en 1970 "Yesenia" e hizo una nueva versión de ella en 1987, para volver al tema en 1999 con "Amor gitano". En la actualidad se difunde en el país "Gitanas", una coproducción de las privadas TV Azteca y la estadounidense Telemundo.

El patriarca Luvinoff aesoró en los guiones de la segunda versión de "Yesenia" y en la de "Gitanas".

 

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