Niños y niñas ensanchan la fila de los hambrientos

El mundo no está «ni cerca» de alcanzar los Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio, según el último Índice Global de Hambre (IGH), presentado este lunes. El estudio llamó a redoblar esfuerzos contra la desnutrición infantil.

Lograr el primero de los Objetivos —reducir a la mitad para 2015 la proporción de personas que sufren hambre, respecto de los niveles de 1990— es algo improbable, indica el estudio.

Aunque la proporción de desnutridos cayó de 20 por ciento en 1990-1992 a 16 por ciento en 2004-2006, los últimos acontecimientos mundiales revirtieron ese avance.

La propagada recesión económica y los efectos persistentes de la crisis mundial de alimentos entre 2007 y 2008 hicieron que el número de personas sin alimentación básica superara los 1.000 millones en 2009.

El IGH, medición multidimensional del hambre en el mundo, es publicado en forma conjunta por el Instituto Internacional de Investigación de Políticas Alimenticias (IFPRI, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, la organización benéfica irlandesa Concern Worldwide y el grupo no gubernamental alemán Welthungerhilfe.
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Combina tres indicadores para evaluar el hambre: la proporción de desnutridos en la población, la prevalencia de niños y niñas menores de cinco años con deficiencia de peso y la tasa de mortalidad entre estos. En base a ello elabora una puntuación.

De los tres componentes de la actual puntuación mundial, de 15,1, la deficiencia de peso en la infancia contribuye con casi la mitad (7,4 puntos).

La desnutrición crónica, con retraso de crecimiento, afecta a unos 195 millones de niños y niñas con menos de cinco años en el Sur en desarrollo, esto es, aproximadamente uno de cada tres. Casi uno de cada cuatro (129 millones) tiene deficiencia de peso, y uno de cada 10 presenta severa deficiencia de peso.

"Para mejorar sus puntajes, muchos países deben acelerar sus progresos en la reducción de la malnutrición infantil", dijo Marie Ruel, directora de la división de Pobreza, Salud y Nutrición del IFPRI y co-autora del informe.

Los esfuerzos para combatir la desnutrición no han tenido éxitos contundentes. En 20 años, la proporción de niños y niñas con deficiencia de peso en África subsahariana se redujo apenas de 27,2 a 23,6 por ciento.

Las políticas y los programas hasta ahora han sido destinados a niños de menos de cinco años, pero la última evidencia en el IGH indica que las intervenciones más efectivas requieren de una mayor precisión.

El momento clave para mejorar la nutrición de una persona son los 1.000 días que van desde su concepción hasta que cumple dos años.

Luego, los efectos de la malnutrición son prácticamente irreversibles: pueden causar daños de por vida, como un limitado desarrollo físico y cognitivo.

"La salud de las mujeres, especialmente las madres, es crucial para reducir la desnutrición infantil. Las madres que fueron malnutridas de niñas tienden a dar a luz a bebés con deficiencia de peso, perpetuando el ciclo de desnutrición", indicó el presidente de Welthungerhilfe, Bärbel Dieckmann.

"Las intervenciones deben estar dirigidas a niñas y mujeres, especialmente en la adolescencia, antes de embarazarse", afirmó.

El informe además recomienda atender las raíces de la desnutrición, como la pobreza, la inequidad de género y los conflictos bélicos.

El puntaje mundial cayó de 19,8 en 1990 a 15,1 en 2010, pero el panorama varía notablemente en cada país y región.

Veintinueve naciones aún presentan niveles de hambre "extremadamente alarmantes" o "alarmantes".

Todas las naciones con niveles de hambre "extremadamente alarmantes" son de África subsahariana: Burundi, Chad, Eritrea y República Democrática del Congo (RDC).

Las regiones más afectadas son Asia meridional y África subsahariana, con puntajes de 22,9 y 21,7 respectivamente.

En Asia meridional, el bajo nivel nutricional, educativo y social de las madres es uno de los principales factores de la alta prevalencia de niños y niñas menores de cinco años con deficiencia de peso.

La ineficacia de los gobiernos, los conflictos bélicos, la inestabilidad política y las altas tasas de sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) son los principales factores de la alta mortalidad y desnutrición en África subsahariana, dice el estudio.

No obstante, todas las regiones han experimentado mejoras desde 1990. Los puntajes de los últimos 20 años han caído 14 por ciento en África subsahariana, alrededor de 25 por ciento en Asia meridional y 33 por ciento en Medio Oriente y África del Norte.

Parece haber una relación entre el desempeño económico y los niveles de hambre.

"Países con altos niveles de producto interno bruto (PIB) por habitante —importante medida de desempeño económico— tienden a presentar bajos puntajes de IGH", indica el informe. "Y países con bajos niveles de PIB por habitante, tienden a presentar altos puntajes de IGH".

Sin embargo, la relación no siempre es clara, ya que los conflictos bélicos, las enfermedades, la desigualdad, la mala gobernanza y la discriminación de género pueden afectar negativamente los beneficios.

Algunos países lograron grandes avances en sus notas, reduciéndolas 13 puntos o más, como Angola, Etiopía, Ghana, Mozambique, Nicaragua y Vietnam.

Pero nueve países, todos subsaharianos excepto Corea del Norte, aumentaron su puntuación.

El caso más preocupante es de la RDC. El IGH de esa nación, azotada por conflictos e inestabilidad política, se incrementó 65 por ciento desde 1990. Tres cuartos de la población está desnutrida.

En similar situación se encuentran Burundi, Comoras, Guinea-Bissau y Liberia, que también aumentaron sus puntajes.

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