SENEGAL: Polémica prohibición a la mendicidad
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SENEGAL: Polémica prohibición a la mendicidad

DAKAR, 28 nov 2010 (IPS) - En la capital de Senegal era habitual ver a personas mendigando en las principales arterias de la ciudad y en los grandes mercados. Pero esto cambió luego de que el gobierno prohibiera pedir limosnas en la vía pública.

Miles de estudiantes de escuelas religiosas vivían de pedir limosna en las calles de Dakar. Crédito: Jessica Clarke/IPS.

Miles de estudiantes de escuelas religiosas vivían de pedir limosna en las calles de Dakar. Crédito: Jessica Clarke/IPS.

"Senegal recibe críticas de sus socios que creen que no lucha de forma efectiva contra la trata de personas, pese a que ratificó el protocolo de la Convención contra Crimen Trasnacional Organizado", señaló el primer ministro Souleymane Ndéné Ndiaye.

"La mendicidad está organizada por redes que obligan a los jóvenes a salir a buscar dinero y entregárselos, que luego usan en beneficio propio", explicó.

"No buscamos prohibir la mendicidad, pero de esta forma los talibés (estudiantes islámicos) y los mendigos podrán concentrarse en mezquitas e iglesias para recibir donaciones y limosnas", añadió al explicar el decreto aprobado en agosto.

Sólo en Dakar hay entre 7.000 y 8.000 niños y niñas que viven de la mendicidad, además de una cantidad desconocida de discapacitados que dependen de las limosnas.

Es común en esta región que los padres manden a sus hijos pupilos para que reciban una educación religiosa. Uno de cada tres talibés de Dakar es de Guinea-Bissau, llegan de las aldeas de los peul, en los estados del norte, Bafata, Gabou y Birada. Otro tercio procede de Mali.

La pobreza rural hace que los padres manden a sus hijos a las escuelas islámicas sin los tradicionales regalos para contribuir a sus gastos y que los estudiantes se vean cada más vez atraídos por la relativa opulencia de la capital.

En Dakar y sus alrededores, muchos marabouts, como se conoce a los maestros de las escuelas religiosas, son acusados de explotar a los niños y niñas a su cargo.

La ley que prohibió la mendicidad en la vía pública generó protestas. Al día siguiente de ser sancionada, 30 mendigos, la mayoría discapacitados, organizaron una manifestación en el centro de la capital.

"Es una medida arbitraria que nos priva de nuestra única fuente de ingresos", señaló Mor Thiobane, quien ofició de portavoz y es ciego.

Líderes religiosos y marabouts de Dakar y otros lugares aclararon que no tuvieron nada que ver con la medida. "Tendrían que haber previsto iniciativas paliativas como cantinas en las escuelas islámicas", señaló uno de ellos.

Otros tienen una postura más radical y pretenden presionar al Estado para que dé marcha atrás. Las manifestaciones y las protestas se multiplicaron en todo el país. Cientos de mendigos fueron detenidos por la policía y siete marabouts sentenciados en la segunda semana de septiembre. El gobierno se mantuvo firme.

Defensores de derechos humanos aplaudieron la prohibición.

"Es una cuestión de seguridad y conciencia", explicó Denise d’Erneville, presidenta de Convergences, asociación dedicada a defender el patrimonio, la protección de valores éticos y la conciencia ciudadana. La mendicidad está prohibida por el Código Penal.

El presidente del Encuentro Africano para la Defensa de los Derechos Humanos (Raddho, por su acrónimo francés), Alioune Tine, aplaudió la medida.

"La sociedad senegalesa se esfuerza por erradicar la trata de niños y niñas y otras formas peores de explotación de menores desde hace más de 20 años sin éxito", remarcó.

Pero pidió al gobierno que "actuara con cuidado y tacto, siempre haciendo énfasis en la coordinación y la comunicación social con todos los actores involucrados".

Aissatou Diagne, presidenta del Grupo de Investigación sobre las Mujeres y las Leyes de Senegal, aplaudió la decisión, pero también reclamó acciones simultáneas para ayudar a la gente a dejar de mendigar.

El ex primer ministro Idrissa Seck (2002-2004) pidió a los senegaleses que cooperaran con la nueva norma y evitaran combinar la mendicidad con la tradición de las escuelas religiosas, que, subrayó, no son sinónimo de explotación, maltrato y pordioseo.

 

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