A la búsqueda del refugio de la moneda comunitaria

Juan Castro y un grupo de colaboradores acaban de poner a circular la moneda comunitaria túmin, en un mercado en la localidad de Espinal, a unos 400 kilómetros al sudeste de la capital de México.

Un mercado de Espinal donde se usa el túmin Crédito: Cortesía de Universidad Veracruzana Intercultural
Un mercado de Espinal donde se usa el túmin Crédito: Cortesía de Universidad Veracruzana Intercultural
"La creamos para fortalecer la economía local, que la gente consuma en su comunidad y que no se vaya a otras localidades a gastar. Está teniendo aceptación, porque más gente quiere participar", dijo a IPS Castro, catedrático de la pública Universidad Veracruzana Intercultural.

El túmin, que significa dinero en lengua indígena totonaca, circula desde noviembre entre 80 productores del mercado alternativo de Espinal, en el centro oriental estado de Veracruz. Equivale a un peso mexicano y cada comerciante recibe 500 unidades, utilizados en la venta de bienes y servicios.

Esta experiencia es la última de un cúmulo de sistemas paralelos de pago y de intercambio instituidos desde hace al menos dos décadas en este país latinoamericano, aunque ninguno ha logrado consolidarse.

"No hemos podido crecer como nos gustaría. Hemos topado con desconfianza y falta de responsabilidad. Hacer creer a la gente que crédito está en la gente y no en la autoridad cuesta mucho trabajo", señaló a IPS Luís Lópezllera, director de la no gubernamental Promoción del Desarrollo Popular.
[related_articles]
Lópellera fue también promotor de la Red Tláloc, dedicada a la economía solidaria y surgida en 1996, tras la crisis financiera que dos años antes pulverizó los ahorros de millones de mexicanos y se convirtió en la primera del mundo estallada en una economía emergente.

La red creó un directorio para posibilitar el contacto entre oferentes y demandantes de bienes y servicios, intercambiados mediante la moneda tláloc, que toma el nombre de la divinidad azteca de la lluvia y equivale a una hora de trabajo social simbólica.

Las partes de la transacción acuerdan el porcentaje a pagar con tláloc y pesos mexicanos. La hora está valuada en el equivalente a unos cuatro dólares, un monto parecido al del salario oficial por todo un día de trabajo.

En la actualidad existen unas 4.000 monedas alternativas en el mundo, que algunos especialistas y promotores ver como opciones locales de protección frente a los vaivenes de la cotización de las grandes divisas internacionales, en especial el euro y el dólar estadounidense.

Las tendencias a la depreciación de esas divisas que marcan los mercados internacionales y el impacto sobre el valor de las monedas nacionales representan un aliciente especial, aducen, para que prosperen instrumentos sociales de intercambio y de pago, con alcance local e independencia de dinero externo de curso legal.

"En México esas monedas tienen potencial. La crisis puede fomentar el uso de monedas locales. Además, puede generarse acceso a recursos financieros desde la esfera local", indicó a IPS el francés Yves Cabannes, profesor de planeación del desarrollo de la británica University College.

Cabannes ha estudiado a fondo la evolución de estos mecanismos. Uno de los casos emblemáticos es el del brasileño Banco Palmas, una entidad comunitaria surgida en 1998 en Conjunto Palmeiras, una barriada pobre de unos 30.000 habitantes situada en la ciudad de Fortaleza, dentro del desfavorecido nordeste del país.

Esa institución comenzó por distribuir tarjetas de crédito en aquella favela (barrio pobre) y actualmente emite la moneda Palmas, de naturaleza social y aceptada por unos 240 comercios. El banco maneja una cartera de créditos productivos por el equivalente a 1,5 millones de dólares.

En Brasil ya existe una red de bancos comunitarios y operan cerca de 50 instituciones de ese tipo y el central Banco de Brasil reconoce medio centenar de denominaciones de dinero alternativo.

Mientras, en Venezuela los instrumentos comunitarios de pago o de intercambio cuentan con el respaldo del gobierno de Hugo Chávez y están cobijados por la Ley de Bancos Comunitarios de 2006.

En México, donde su moneda forma parte de la economía del dólar y se cotiza a la baja frente a la divisa, el dinero social es una opción para sostener un poder adquisitivo que el peso no garantiza, aseguran los expertos consultados por IPS.

Pero también subrayan que en el país no se ha logrado explotar el potencial de las denominaciones alternativas. Y las diferentes experiencias de moneda local en varios estados del país no han logrado ni la consolidación ni reconocimiento oficial por parte del central Banco de México.

"El problema es como generar monedas alternativas que realmente aporten a la generación de riqueza para las comunidades, sin que se conviertan en un instrumento codiciable de poder y por tanto despierten los deseos de incautación por parte del poder o los negocios", plantea la académica Laura Collín.

En su estudio "Experiencias en torno al dinero alternativo, fortalezas y debilidades", la investigadora del público Colegio de Tlaxcala alerta también sobre el peligro de que una moneda que es un símbolo social quede "expuesta a entrar en la misma lógica económica especulativa de la moneda corriente".

"Somos pequeños oasis que estamos tratando de educar a la gente hacia un dinero que sea sano. Tratamos de generar un virus positivo, donde sí hay crédito auténtico, y no como el sistema internacional, en el cual nadie sabe dónde está el dinero", apuntó Lópezllera.

En la Red Tláloc, que se circunscribe a Ciudad de México y sus alrededores, el usuario se inscribe, recibe capacitación y ofrece productos y servicios, catalogados por rubros. Cada año organiza ferias para acercar a los participantes y cuya próxima edición se realizará en marzo próximo.

"Con la moneda alternativa se evitan fluctuaciones o depreciaciones. Con el tiempo, gana credibilidad. La circulación no debe interrumpirse", explicó Castro, en cuyo emprendimiento también toman parte los no gubernamentales Centro de Investigación Intercultural para el Desarrollo y Red Unidos por los Derechos Humanos.

Cabannes recordó que, dentro del proyecto del Banco Palmas, se calculó que en 2007 el consumo en el Conjunto Palmeiras totalizó 30 millones de dólares. "La gente no es pobre porque no tenga dinero, sino porque no lo gasta en el barrio", enfatizó.

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe