Gestora de comedores populares se lanza al Congreso de Perú
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Gestora de comedores populares se lanza al Congreso de Perú

NACIONES UNIDAS, 1 abr 2011 (IPS) - La peruana Relinda Sosa, que preside una red de mujeres encargadas de unos 10.000 comedores populares, es una de las pocas dirigentes de una organización de base en aspirar a un escaño en el parlamento de su país.

Ollas sobre piedras: en el comedor Palmo 1, de Chiclayo, no hay cocina Crédito: Clément Gaillard/Conamovidi

Ollas sobre piedras: en el comedor Palmo 1, de Chiclayo, no hay cocina Crédito: Clément Gaillard/Conamovidi

Sosa, presidenta de la Confederación Nacional de las Mujeres por la Vida y el Desarrollo Integral (Conamovidi), insiste en que las familias de bajos recursos de Perú tienen muchos problemas para alimentarse.

«Una madre cabeza de familia debe destinar más de 80 por ciento de sus ingresos en comida», dijo la dirigente comunitaria a IPS en Nueva York, donde asistió a una reunión mundial de mujeres líderes sociales.

Esta situación fue una de las razones que la motivaron a lanzarse como candidata al Congreso legislativo en los comicios que se celebrarán el 10 de abril.

Desde la década 1960, mujeres de escasos ingresos como Sosa empezaron a trabajar unidas en comedores populares, inicialmente destinados a alimentar a sus propias familias.


De cada cocina de estos comedores salen almuerzos para las familias de las socias, para otros vecinos pobres, que pagan un precio subsidiado, y para los miembros más vulnerables de la comunidad, que reciben su plato sin costo.

«El sueldo mínimo en nuestro país es de 230 dólares. Una madre con dos hijos, por ejemplo, tiene grandes dificultades para sobrevivir con este salario mensual, dado que debe pagar a los comedores populares 70 centavos de dólar por ración», expresó Sosa a IPS.

El gobierno aporta ayuda financiera para esta iniciativa. Sin embargo, la dirigente comunitaria insiste en que se necesita trabajar más en garantizar la seguridad alimentaria de la población.

La Ley 25.307 de 1991 estableció que el Estado debía donar en alimentos el equivalente a 65 por ciento de cada ración personal. Según Sosa, en la práctica Conamovidi aporta 40 por ciento de cada plato, el Estado 20 por ciento y cada persona debe aportar el 40 por ciento restante, pagando el precio subsidiado.

Y «cada año debemos luchar para que los presupuestos locales del programa no sean reducidos», sostuvo.

Entre 2005 y 2009, la población pobre de ese país andino se redujo de 49 a 35 por ciento, indican cifras oficiales. Y la desnutrición crónica de los menores de cinco años en el área rural tuvo un comportamiento acorde, pasando de 40 a 33 por ciento en el mismo lapso, según dos estudios del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia presentados este año.

Pero, mientras el promedio nacional de desnutrición crónica (peso y talla inferiores a los normales para la edad) es de 18 por ciento, en algunas regiones sobre todo indígenas pasa de 40 por ciento.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la inseguridad alimentaria se acentuó entre 1970 y 1990 al duplicarse la población nacional desnutrida. Pero esa tendencia cambió entre 1992 y 2003, cuando disminuyó a 12 por ciento.

La FAO atribuye el mejoramiento a programas de apoyo de la población necesitada y al aumento de la disponibilidad de alimentos.

La seguridad alimentaria, según la FAO, existe cuando «todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana».

En su campaña electoral, Sosa propone ir más allá de los comedores populares y formular una estrategia enfocada en la producción agrícola local, a cargo de las mujeres.

«Es importante que se valore el trabajo de las mujeres. En la comercialización, los precios de venta no suponen los costos de producción. Nos gustaría que los precios de los alimentos realmente consideren la realidad del Perú», agregó Sosa.

Según la FAO, un tercio de las personas dedicadas a la agricultura eran mujeres en 2010, y ellas enfrentan desigualdades en el acceso a servicios e insumos, esenciales para ampliar y mejorar la producción de alimentos.

Trayectoria política

Antes de lanzarse como candidata, Sosa buscó distintas formas de ejercer influencia política en la seguridad alimentaria de su país. Ella, como otras mujeres de Conamovidi, se vinculó a la organización tras mudarse del campo a una ciudad, en su caso Lima.

A fines de los 80, Sosa fundó su propio comedor. En los siguientes años se desempeñó como coordinadora de los comedores en el distrito de El Agustino, un área pobre en las afueras de la capital y, más tarde, de la Federación de Mujeres Organizadas en Centrales de Comedores Populares Autogestionarios y Afines de Lima Metropolitana.

En 2000, la organización participó activamente en las marchas contra la manipulación electoral y la corrupción del régimen de Alberto Fujimori, que gobernaba desde 1990.

Tras la caída del gobierno de Fujimori, la Conamovidi decidió que el entorno político era apropiado para convertirse en una institución de carácter nacional. Sosa fue elegida su primera presidenta en 2005.

«En la mañana en los comedores las mujeres cocinamos, y por la tarde nos dedicamos a capacitaciones respecto a nuestros derechos como ciudadanas, la normativa nacional, los presupuestos públicos, la vigilancia e incidencia política en el gobierno», explicó.

Entre 2008 y 2009, Sosa lideró la marcha de Conamovidi contra la carestía de los alimentos, que se incrementaron en parte por el terremoto que azotó al país en 2007. En ese momento la organización humanitaria Oxfam alertó que en Perú una de cada tres personas sufría de algún grado de carencia alimentaria.

Sosa estuvo en Nueva York para asistir a la Cumbre Global sobre Liderazgo y Gobernanza de Mujeres de Base, organizada por la Comisión Huairou entre el 3 y el 8 de marzo.

La pregunta sobre su educación usualmente está presente en los debates políticos organizados en el marco de su campaña. «Aunque no tengo una profesión acreditada en una universidad, yo conozco el trabajo de la comunidad y las situaciones puntuales que afectan a las poblaciones desfavorecidas», explica.

Uno de los puntos fundamentales de su plataforma política señala que las mujeres deben poder convalidar sus aprendizajes en la gestión de los comedores, clave a la hora de acreditar conocimientos para aspirar a un trabajo formal.

Sosa se postula por el centroizquierdista Partido Descentralista Fuerza Social, cuya vicepresidenta es Susana Villarán, la primera mujer que llegó al cargo de alcaldesa de Lima por voto popular, el 1 de enero de este año.

Si bien Perú tiene una ley que obliga a colocar 30 por ciento de candidaturas femeninas en las listas de cargos electivos, la postulación de mujeres no refleja ese porcentaje, afirma el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán.

«El grupo de candidatos elegidos no representa la cuota. Las mismas mujeres no están convencidas, dado que aún tienen el pensamiento de que la política es para los hombres y no para ellas», dijo Sosa a IPS.

 


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