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PERÚ: “El crecimiento acentuó la marginación de los indígenas”

Ángel Páez entrevista al diputado amazónico EDUARDO NAYAP

LIMA, 16 ago 2011 (IPS) - Es la primera vez que llega al parlamento de Perú un representante de las comunidades indígenas amazónicas. Se trata de Eduardo Nayap, hijo del pueblo awajún, protagonista de una de las más extensas protestas contra las “leyes de la selva” que facilitaban inversiones extranjeras en la industria extractiva.

Eduardo Nayap Crédito: Congreso de Perú

Eduardo Nayap Crédito: Congreso de Perú

La comunidad awajún, también conocida como aguaruna, la conforman 332.000 personas. Aunque esa cantidad apenas representa 1,1 por ciento de los peruanos, ello no fue impedimento para que se levantaran contra la política del pasado gobierno, de Alan García, de entregar concesiones a privados sin que mediaran consultas a esos ancestrales habitantes de la Amazonia.

La protesta indígena derivó en un violento choque con la policía el 5 de junio de 2009 en la localidad de Bagua, en la norteña provincia de igual nombre, que dejó 23 uniformados y 10 civiles muertos.

Precisamente ese conflicto impulsó la votación de Nayap, de 55 años, quien no perdió el tiempo. Lo primero que hizo tras asumir su cargo el 25 de julio, junto a los otros 129 diputados del unicameral Congreso legislativo, fue presentar un proyecto para que las autoridades nacionales hablen obligatoriamente con las comunidades indígenas antes de adoptar cualquier medida que las afecte.

Nayap no se encontraba en el país cuando ocurrió el llamado "baguazo". Es más, la política no era su mundo para este teólogo, sociólogo y matemático. Sin embargo, después del gravísimo episodio que marcó a sangre y fuego la historia del pueblo awajún, fue convencido por los "apus" (jefes indígenas) de las 281 comunidades de su pueblo para que se postulara al Congreso.


Lo hizo por el partido Gana Perú, del presidente Ollanta Humala, en representación del departamento de Amazonas, donde se asienta 76 por ciento de la población awajún.

Amazonas, por cierto, es una de las 14 regiones más pobres de Perú. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, 50,1 por ciento de sus habitantes viven en la pobreza.

Aunque Nayap es awajún, aclara en entrevista a IPS que representa a todos sus "hermanos que habitan la Amazonia". Pero también sabe que encarna en el parlamento la expectativa de justicia del total de las 51 poblaciones étnicas, subdivididas en 1.786 comunidades repartidas en 11 de los 25 departamentos de Perú.

IPS: ¿Cuál es la historia de su pueblo?

EDUARDO NAYAP: Vaya, ningún periodista nos había preguntado eso. Durante el "baguazo", la mayor parte de la prensa, en coincidencia con el gobierno de entonces, nos llamó salvajes, en lugar de averiguar quiénes éramos, por qué protestábamos, por qué nos defendimos. Nos lanzaron toneladas de mentiras, nos demonizaron, porque nada sabían de nosotros. Tienen una falsa idea de lo que somos.

IPS: Pero, ¿quiénes son?

EN: Los awajún, al igual que todas las demás tribus, somos un pueblo alegre, hospitalario, amigable, nos gusta compartir con los visitantes que llegan. Nunca maltratamos a nadie. No somos hostiles.

IPS: ¿Qué sueñan?

EN: Una mejor condición y desarrollo de vida. Más de 70 por ciento de los awajún viven en el departamento de Amazonas.

Es una vergüenza lo que pasa en esa zona. El crecimiento de la economía peruana es notable, pero se acentuó la exclusión, el aislamiento y marginación de los indígenas. Es un avance con injusticia. No tenemos carreteras, puestos de salud, escuelas y, aunque hay profesores bilingües, éstos son pocos y mal pagados.

IPS: ¿Cuántos awajún como usted han llegado a la universidad?

EN: No lo sé. Quizás no más de 100. Los indígenas, si quieren ir a la universidad deben hacer un viaje de unos 500 kilómetros hasta la localidad de Chachapoyas. Deben seguir por un tramo por carretera y otro por río, lo que demanda más de dos días.

Es un enorme gasto que un nativo no puede hacer frente. Es como una condena.

IPS: ¿El Estado no ofrece becas?

EN: No hay becas universitarias para los indígenas. Es un acto de humillación y desprecio. Yo soy una isla en el océano, una excepción, una anécdota, un hecho episódico. Salí de la comunidad nativa de Numpatkaim, ubicada en el distrito de Maza, en la provincia de Bagua.

La Iglesia Evangélica, a la que adhiere mi familia, me becó para que estudiara en Trujillo, la ciudad más importante de la costa norte de Perú, y también para que asistiera al Seminario Nazareno de Las Américas, de San José de Costa Rica, donde me gradué de teólogo.

IPS: ¿A qué se dedicaba cuando estalló el "baguazo"?

EN: Desempeñaba hasta tres labores en la capital costarricense cuando escuché el llamado de mi pueblo. Soy investigador de (la no gubernamental) Humanitas, encargado de la capacitación campesina para la oficina de San José de la Unión Europea, y también trabajaba en la organización evangélica Visión Mundial Internacional.

Lo dejé todo y me sumé a la lucha. No podía desoír a la voz de mi pueblo.

IPS: Pero usted en el Congreso es uno de 130 representantes.

EN: Antes no había ninguno. En consecuencia, nuestra presencia es una victoria. Alcanzamos el objetivo de llegar al parlamento. Ahora el desafío es generar leyes en beneficio del pueblo indígena. Es una gran responsabilidad, así que nos haremos escuchar.

IPS: ¿Por qué el indígena rechaza la inversión nacional o extranjera en su territorio?

EN: Nosotros no nos oponemos a las inversiones en territorio indígena. Lo que exigimos es el respeto a nuestra condición de dueños de esa tierra.

Se tienen que respetar los recursos naturales. No queremos que lleguen a nuestra región sólo porque hay petróleo y oro. También hay hombres y mujeres dueños de esas tierras. Las empresas miran el oro, pero no miran a los hombres y mujeres que vivimos allí.

IPS: ¿El "baguazo" marcó un antes y un después en la historia de los indígenas amazónicos?

EN: Significa dos cosas. Por un lado, nos trae recuerdos de llanto, de dolor y de maltrato del gobierno, que no quiso discutir con nosotros en una mesa de diálogo. Prefirió el balazo.

Pero también tiene un significado positivo, porque debido al "baguazo" ahora estamos en la agenda nacional.

Todos nos toman en cuenta porque ahora saben quiénes somos. Somos lo que hicimos historia con el "baguazo".

 

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