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BRASIL: Los problemas de crecimiento de un país en construcción

RIO DE JANEIRO, 11 ene 2012 (IPS) - Brasil vive el auge de las grandes obras de infraestructura: se generan millones de empleos y las inversiones extranjeras superaron los 60.000 millones de dólares en 2011. Pero ese empuje no alcanza para mantener el crecimiento económico, que las últimas proyecciones lo ubican por debajo de tres por ciento.

Esta fila interminable de camiones en el estado de Mato Grosso muestra la necesidad de infraestructura. Crédito: Mario Osava/IPS

Esta fila interminable de camiones en el estado de Mato Grosso muestra la necesidad de infraestructura. Crédito: Mario Osava/IPS

El estancamiento de la industria, que sólo creció 0,4 por ciento entre enero y noviembre del año pasado, según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), es uno de los principales factores para que el producto interno bruto (PIB) aumente a cerca de un tercio del ritmo de Argentina y a la mitad del de Perú.

Los indicadores industriales contrastan con el dinamismo que muestra la construcción. Los edificios proliferan por todo el país y aun así el precio de los inmuebles se duplicó y hasta se triplicó en los tres últimos años, especialmente en Río de Janeiro y Recife, alimentando más la furia constructora y los temores de una "burbuja" inmobiliaria.

El programa "Mi casa, mi vida", lanzado por el gobierno en 2009, estimula con facilidades crediticias la construcción de tres millones viviendas populares hasta 2014, en un intento por reducir el déficit habitacional que el Ministerio de Ciudades estimaba en 5,5 millones de unidades el año pasado.

Además, los brasileños parecen haber descubierto ahora la urgencia de desarrollar una verdadera infraestructura logística y energética. El país aparece en plena reconstrucción.


Están previstas 12.265 obras en distintas partes del país con la meta de ser concluidas en 2016, que insumirán casi 1,5 billones de reales (800.000 millones de dólares) en inversiones, según un estudio de la Asociación Brasileña de Tecnología para Equipos y Mantenimiento.

En medio de tantas obras, falta una mejor planificación para los proyectos logísticos, con varios de factibilidad incierta, como un ferrocarril cuyo destino es aún incierto, otros sin cargas suficientes para cubrir sus costos e hidrovías con obstáculos no resueltos, tal cual lo cuestionado por Renato Pavan, ingeniero experto en logística.

El Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), que el gobierno adoptó para agilizar inversiones prioritarias, no destina recursos a proyectos claves, como son las hidrovías amazónicas, añadió Pavan, socio de la consultoría Macrologística, que está investigando las mejores alternativas logísticas para la economía brasileña.

Pero la proliferación de proyectos en ejecución permite a Brasil mitigar los efectos de la crisis económica del mundo industrializado y sostener el crecimiento del PIB, aunque moderado, con bajo desempleo.

En el periodo de enero a noviembre del año pasado se crearon más de 2,3 millones de empleos, pese el estancamiento industrial.

Entre las nuevas prioridades, definidas por la creciente exportación de granos y minerales, los puertos ganaron nueva importancia. Las viejas terminales fluviales y marítimas se amplían y son mejoradas, como es el caso de Santos, la mayor de América Latina y ubicada sobre el océano Atlántico, que duplicará su capacidad a partir de 2013.

También se construyen puertos de norte a sur de Brasil.

Solo la firma LLX, propiedad de un próspero grupo minero y energético, tiene a su cargo la construcción de dos "superpuertos" cercanos a Rio de Janeiro, uno para exportar minerales y otro concebido para acoger también un complejo de industrias siderúrgicas, mecánicas, petroleras y energéticas.

Otros dos proyectos, también diseñados como complejos portuarios e industriales, ya son una realidad en la región del Nordeste, teniendo a las futuras grandes refinerías que la firma estatal Petrobrás levanta en la zona, como catalizadores principales de la atracción de otras empresas.

Suave, cerca de Recife, la capital del nororiental estado de Pernambuco, es hoy un hormiguero de 80.000 trabajadores, la mayoría dedicados a levantar la refinería, tres plantas petroquímicas y otras fábricas, pero también muchos ocupados en las más de 100 empresas ya instaladas allí, como un gran astillero y el mayor molino de trigo de América Latina.

Además de las refinerías de Suape y de Pecém, el otro puerto industrial, el Nordeste tendrá una tercera en el estado de Maranhão, que una vez en funciones será la mayor del país, con capacidad para elaborar 600.000 barriles diarios de gasolina y otros combustibles.

Las inversiones de Petrobrás, previstas en 224.700 millones de dólares hasta 2015, permiten recuperar la industria naval brasileña e impulsar la infraestructura portuaria y marítima, ya que su prioridad es explotar el petróleo descubierto a partir de 2006 en la llamada capa presal del océano Atlántico, a 250 kilómetros de la costa brasileña.

La energía eléctrica es otro factor que sostiene el auge de la construcción en Brasil. El gobierno reanudó el aprovechamiento a ese efecto de los grandes ríos de la Amazonia, pese a la oposición de ambientalistas, a la par de que la fuente eólica ganaba un fuerte empuje el año pasado, gracias al abaratamiento de los equipos para ese fin.

En esa área, además, se continúa con la construcción de las centrales termoeléctricas a gas natural o derivados de petróleo, mientras se reanudaron los trabajos para terminar la tercera central nuclear del país.

También empuja a este país en construcción la instalación de nuevas vías férreas y oleoductos, la ampliación y recuperación de carreteras, así como aeropuertos y otros medios de transporte y reformas urbanas exigidas para organizar la Copa Mundial de Fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016.

A eso se suma la expansión de la actividad agropecuaria y del sector de servicios para asegurar el crecimiento económico de Brasil.

Todo lo enumerado compensa parcialmente el débil desempeño de los últimos tiempos de la industria manufacturera, afectada por la crisis global, que tiene su epicentro en Estados Unidos y Europa.

La producción industrial brasileña cayó 7,4 por ciento en 2009, dañada por el derrumbe financiero de Estados Unidos, para luego recuperarse en 2010 con un crecimiento que llegó a 10,5 por ciento, antes de declinar nuevamente el año pasado.

La recesión o estancamiento de los países industrializados redujo la demanda de los bienes manufacturados, con su consecuente abaratamiento, lo cual intensificó la competencia de la industria de esos países con la brasileña, impactada por la apreciación de la moneda nacional, el real, respecto del dólar.

De ese modo se agravó así la "desindustrialización precoz" de Brasil identificada por muchos economistas y empresarios a causa del real fortalecido por las abultadas exportaciones primarias y el ingreso de capitales foráneos.

Brasil obtuvo el año pasado un superávit comercial de 29.790 millones de dólares, gracias a la agricultura y la minería, que cubrieron con creces el déficit industrial que de enero a noviembre ya ascendía a 43.680 millones de dólares.

Ese desbalance en desmedro de la industria es más acentuado en el comercio con China, con las exportaciones brasileñas casi limitadas a mineral de hierro y soja, contra importaciones de bienes de mayor valor agregado, como electrónicos y equipos industriales.

La desventaja de esa relación desigual no se concentra en los llamados términos de intercambio, ya que últimamente se elevaron los precios de las materias primas, debido principalmente a la fuerte demanda de China, y bajaron los de bienes industrializados, también a causa del gigante asiático por sus exportaciones a bajo precio.

El problema de esta disparidad de crecimiento en Brasil es que la industria manufacturera favorece más al desarrollo económico y social al ofrecer empleos de calidad, con mayor remuneración y estabilidad, mientras que la construcción, si bien ocupa mucha mano de obra, solo ofrece empleos temporales y paga mucho más baja.

 
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