Sudán del Sur un año después de su independencia

Las calles fueron barridas y decoradas con banderas para celebrar este lunes 9 el primer aniversario de la independencia de Sudán del Sur. Pero los cambios cosméticos en su capital enmascaran profundas preocupaciones en torno al futuro del estado más joven del mundo.

El primer año de independencia de Sudán del Sur estuvo plagado de violentos enfrentamientos, escasez de alimentos, una crisis de refugiados y una economía tambaleante que amenaza con frenar el desarrollo.

Mientras la nación celebra su liberación de Sudán tras una guerra civil que mató a unos dos millones de personas, los mensajes de la comunidad internacional son débiles.

"Al mirar atrás, vemos que el año pasado fue claramente difícil para la población de Sudán del Sur", dijo el día 6 en Yuba la representante especial del secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Hilde Johnson.

"Ha sido un comienzo duro", añadió.
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En un drástico comunicado leído en la embajada de Estados Unidos durante las celebraciones del 4 de julio, la secretaria de Estado (canciller) de ese país, Hillary Rodham Clinton, alertó que Sudán del Sur enfrenta "desafíos significativos que amenazan la estabilidad y la prosperidad".

Los conflictos y los asuntos sin resolver con Sudán, así como las tensiones interétnicas, han hecho aumentar los combates y las penurias económicas, lo que podría comprometer "los cimientos mismos sobre los cuales se iba a construir el futuro de Sudán del Sur", dijo.

Buena parte de ese futuro estaba ligado al petróleo. El país heredó tres cuartas partes de las reservas de Sudán cuando se separó, pero las cañerías y las instalaciones de procesamiento están al norte de la frontera, junto con el puerto que Sudán del Sur necesita usar para que su petróleo llegue al mercado.

Se creyó que el interés mutuo de los países en las ganancias petroleras ayudaría a fomentar una relación de trabajo entre los otrora adversarios. Pero las cosas no resultaron de ese modo.

Las negociaciones posteriores a la independencia no lograron llegar a un acuerdo sobre cuánto debería pagar Yuba para enviar su crudo a través de Sudán. A fines de enero, Sudán del Sur cesó su producción petrolera, después de que Jartum confiscó combustible sureño por valor de 815 millones de dólares. Argumentó que lo hizo para cobrarse deudas impagas.

Sudán del Sur dijo que no tuvo más opción que cesar la producción porque Sudán estaba "robando" su petróleo. Pero al hacerlo, se privó a sí mismo de 98 por ciento de sus ganancias.

Sudán del Sur ya dependía mucho de la asistencia que le brindaba la comunidad internacional. Pero ahora a los donantes les preocupa que el país no pueda financiar ningún programa de desarrollo, o incluso pagar los salarios del sector público, lo que podría causar malestar en la población.

"No debemos permitir que las grandes inversiones en agricultura, agua, educación y otros servicios se deshagan por la crisis económica y el aumento de los conflictos", dijo Helen McElhinney, asesora política de Oxfam Internacional.

"Cuanto más se prolongue esta crisis, mayor será el riesgo de que el desarrollo de Sudán del Sur se rezague, y su vasto potencial quedará sin concretar", agregó.

Alfred Lokuji, decano del Departamento de Estudios de Desarrollo Comunitario y Rural en la Universidad de Yuba, dijo que un acuerdo para reiniciar la producción petrolera no solucionará los problemas de Sudán del Sur.

"Aunque el petróleo estuviera fluyendo, persistiría el problema fundamental: cómo administrar esos recursos", sostuvo.

Lokuji destacó que Sudán y Sudán del Sur se repartieron a medias las ganancias petroleras en los cinco años previos a la independencia, pero que los sureños experimentaron muy poco desarrollo. En cambio, la riqueza derivada del crudo fue dilapidada y robada.

El 3 de mayo, el presidente Salva Kiir escribió una carta a 75 ex y actuales jerarcas del gobierno, pidiéndoles que devolvieran los fondos públicos robados. Según él, fueron saqueados 4.000 millones de dólares.

Lokuji dijo que era improbable que la misiva tuviera éxito en su afán de convencer a esas personas de que devolvieran el dinero, o de impedir que los funcionarios robaran más. Criticó al gobierno por no persentar cargos contra los funcionarios corruptos durante el primer año de independencia de Sudán del Sur.

"Ha sido un fracaso, porque no hemos podido poner a raya la corrupción, o poner las cosas en orden y seguir adelante", señaló.

Mientras la economía se estanca tras la pérdida de ganancias petroleras, las necesidades humanitarias aumentan. La cantidad de personas que requieren asistencia alimentaria en 2012 se duplicó en relación al año anterior, pasando de 2,4 millones a 4,7 millones, según la ONU.

Algunos de ellos son desplazados por la violencia étnica, que es más pronunciada en Jonglei, un estado del oriente que limita con Etiopía.

En 2011, más de 1.000 personas fallecieron en los combates entre las etnias murle y lou nuer en Jonglei. Por lo menos otros 900 murieron en enfrentamientos que empezaron a fines de diciembre y se extendieron hasta febrero, según un informe del 25 de mayo de la misión de paz de la ONU.

Ese reporte destacó que los vuelos de vigilancia de la ONU habían registrado a unos 8.000 lou nuer marchando hacia comunidades murle en las semanas previas a los ataques de diciembre.

Pese a emitirse una alerta con tiempo, "el gobierno fue lento en responder de un modo fuerte".

"Las medidas adoptadas llegaron demasiado tarde, y se desplegó una cantidad insuficiente de efectivos en el momento crucial", señaló el reporte.

Sudán del Sur también lidia con casi 200.000 refugiados que han cruzado la frontera desde los estados sudaneses de Nilo Azul y Kordofán del Sur, donde Jartum combate a la insurgencia.

El 4 de este mes, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, António Guterres, alertó que quienes llegaban a los campamentos estaban "peligrosamente desnutridos", y que allí "es alta la amenaza de las enfermedades causadas por la mala calidad del agua".

Además de los refugiados, unos 375.000 sureños volvieron a Sudán desde octubre de 2010, según la Organización Internacional para las Migraciones. El gobierno prometió darles tierras, pero muchos permanecen en campamentos temporarios.

En un campamento ubicado en las afueras de Aweil, la capital del estado de Bahr El Ghazal, Nyan Tuch, de 50 años, espera desde hace casi 20 meses que el gobierno le dé un terreno a su familia. Tuch vivió cuatro décadas en Sudán, donde ella y su esposo tenían empleo y una casa. Cuando se realizó el referendo sobre si el sur debería separarse, las tensiones escalaron y ellos decidieron volver a su patria.

Tuch y su marido viven ahora en una choza de paja con un techo de lona, y cultivan verduras para sobrevivir. Pero ella no se arrepiente de haber regresado.

"Estoy llena de alegría, a un año de la independencia este país nos pertenece", dijo.

"Lo que buscamos es que el gobierno nos asigne la tierra. Y esperamos que el lugar que tendremos sea mejor que el que dejamos en el norte, porque este es nuestro lugar y estamos orgullosos de él", agregó.

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