La paz en Malí después de la guerra
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La paz en Malí después de la guerra

Dos niñas tuaregs juegan en el campamento de refugiados de Goudebo, en Burkina Faso. Crédito: Marc-André Boisvert/IPS.

UAGADUGÚ, 13 mar 2013 (IPS) - El ejército de Malí y sus aliados extranjeros aseguran poco a poco el control del norte del país, mientras un asunto permanece oscuro: cómo se resolverá la crisis política que derivó en el golpe de Estado de marzo de 2012.

“Si el gobierno de Malí quiere restablecer el control en todo el país, necesitan al Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA)”, señaló Ibrahim ag Mohammad Assaleh, uno de los miembros de la organización separatista.

“Nosotros, los tuaregs, hace 52 años que estamos en guerra. Y vamos a seguir hasta que cambien las condiciones de vida de nuestro pueblo”, dijo Mohammad Assaleh en entrevista con IPS en la capital de Burkina Faso.

En enero de 2012, el MNLA atacó una base militar en Menaka, en la norteña región maliense de Gao, en reclamo del fin de la marginación de las poblaciones nómades de la zona.

A los tres meses se arrogaron el control del norte del país. Pero poco después, el MNLA fue desplazado por una coalición de grupos islamistas entre los que estaban Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Ansar Dine y el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en África Occidental (Muyao).


“La intervención de Francia (desde enero de este año) y de la comunidad internacional en Azawad es bienvenida por el MNLA mientras luchen contra los terroristas, contra quienes luchamos varios meses”, indicó Assaleh, quien integra el equipo negociador con el gobierno de Malí.

El presidente interino, Dioncounda Traoré, anunció el 29 de enero una hoja de ruta para la transición que fija la realización de elecciones a más tarde en julio. Pero el MNLA dijo que no había sido consultado y que, por lo tanto, no participaría en la convocatoria.

“Pueden organizar elecciones donde quieran. Pero no creemos que las haya, al menos en nuestro territorio. Nuestras reivindicaciones no fueron tomadas en cuenta”, subrayó Assaleh.

En agosto de 2012, hubo un intento de negociación entre el gobierno de Malí, el MNLA y Ansar Dine, a instancias del presidente de Burkina Faso, Blaise Compaore. Pero el diálogo está ahora estancado.

“Todavía hay, pero con mayor lentitud luego del inicio de la intervención francesa”, explicó un integrante del equipo negociador burkinabé que pidió no revelar su identidad.

Malí fue presionado por la resolución 2085 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para negociar con organizaciones no consideradas terroristas.

“Algunos grupos de presión de Bamako no ven la utilidad de seguir negociando. Demora el proceso y puede resultar costoso para el gobierno”, comentó Assaleh.

Yvan Guichaoua, experto en grupos armados y conferencista de la Universidad de Anglia del Este, dijo a IPS que la responsabilidad del caos actual es compartida entre el norte y el sur de Malí.

“El problema es que las autoridades de Bamako no muestran ninguna voluntad de negociar con el MNLA. Consideran que la organización inició el caos actual, lo que solo es en parte cierto, pues hubo varias revueltas desde la independencia”, explicó.

Pero según el especialista en economía y conflictos en África subsahariana Roland Marchal, apuntar a un compromiso político entre el gobierno, el MNLA y Ansar Dine no es la forma de asegurar el norte de Malí.

“Todos esos actores no son lo suficientemente representativos de la población como para definir y hacer cumplir un acuerdo”, puntualizó Marchal, quien trabaja en el Centro Nacional de Investigación Científica, del Instituto de Estudios Políticos de París.

“Por eso una fórmula como una conferencia nacional que incluya a todos los actores arraigados en espacios políticos, sociales, religiosos y culturales malienses podría tener más posibilidades de llegar a un acuerdo sostenible”, opinó.

Pero todos esos actores están acusados de graves violaciones de derechos humanos.

“Es necesario un ajuste entre un nuevo contrato social, que incluya algún tipo de amnistía, y la necesidad de justicia. Eso lo pueden hacer los malienses por sí solos, sin la comunidad internacional o la Corte Penal Internacional (CPI)”, añadió.

El ejército de Malí fue acusado de haber ejecutado a varios tuaregs, según documentaron varias organizaciones de derechos humanos, lo que obligó al jefe del Estado Mayor, general Ibrahima Dahirou Dembele, a retirar a los imputados del frente de lucha.

La organización Human Right Watch, con sede en Nueva York, acusó al MNLA y a sus aliados de perpetrar ejecuciones, pillajes y violaciones en 2012.

Según el gobierno de Malí y la Federación Internacional de Derechos Humanos, el MNLA detuvo y ejecutó a 153 soldados malienses en el campamento militar de Aguelhok.

Las acusaciones fueron lo suficientemente graves como para que la CPI abriera una investigación. El gobierno de Malí emitió órdenes de arresto contra 26 personas, Assaleh entre ellas. Cuatro miembros del MNLA fueron detenidos en ese país.

“Las masacres de Agelhok de enero de 2012 no fueron perpetradas por el MNLA. Queremos una investigación independiente y estamos dispuestos a colaborar con la CPI”, remarcó Assaleh.

¿A quien representa el MNLA?

Assaleh sostiene que el MNLA representa a 90 por ciento de los tuaregs, 40 por ciento de los fulanis y 30 por ciento de los árabes.

“Tenemos derechos históricos legítimos, aun si somos minoría. Es nuestra tierra. Invitamos a todos los tuaregs. Pero muchos no quieren hablarnos, entre ellos muchos que apoyaron a todos los regímenes” anteriores, indicó Assaleh.

Pero Guichaoua dice que el MNLA es mayormente tuareg, “pese a algunos cargos ofrecidos a otras etnias (árabes y songhai) en su estructura de comando oficial, aunque engañosa”.

“Representa una pequeña proporción de la población de Azawad, en especial las tribus tuareg idnan y chamanamas”, observó.

Marchal coincide en que el MNLA no es muy representativo de la población tuareg o del Azawad, en el norte de Malí.

“El MNLA es considerado como un grupo de rufianes por mucha gente en Malí”, puntualizó.

* Con aportes de Mathieu Carat desde Nueva York

 

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