Palestinos luchan contra el dolor del destierro

Las hermanas Doha Ibrahim Abeyat (izquierda) y Hind Ibrahim Abeyat con un retrato de su padre. Crédito: Jillian Kestler-D’Amours/IPS
Las hermanas Doha Ibrahim Abeyat (izquierda) y Hind Ibrahim Abeyat con un retrato de su padre. Crédito: Jillian Kestler-D’Amours/IPS

Hind Ibrahim Abeyat pasó la mayor parte de su vida separada de su padre. «Cada casa palestina tiene una historia, a alguien en prisión o uno o más mártires», dijo a IPS esta joven de 19 años en esta aldea cercana a la sureña ciudad cisjordana de Belén.

«Mis amigos me preguntan: ‘¿Cómo puedes vivir sin tu papá?’», añadió.

Israel expulsó de Cisjordania al padre de Hind, Ibrahim Abeyat, en el momento más álgido de la segunda Intifada (levantamiento popular contra la ocupación), luego del cerco israelí de 2002 a la Basílica de la Natividad en Belén.

Entonces, Israel realizaba una operación militar a gran escala en las ciudades más importantes de Cisjordania.

En medio del asalto a Belén en abril de 2002, un grupo de combatientes y civiles palestinos se refugiaron en la Basílica de la Natividad, construida sobre el lugar donde tradicionalmente se cree que nació Jesucristo.
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Unas 200 personas quedaron atrapadas durante 39 días en el templo. Luego de un acuerdo auspiciado por Estados Unidos, Israel trasladó a Gaza a 26 de los palestinos que se refugiaban en la basílica, y deportó a otros 13 a diversos países de Europa.

«Estaba prohibido mirar por la ventana o salir. No sabíamos lo que estaba pasando», dijo Doha, de 22 años, la hermana mayor de Hind, al contar cómo el ejército israelí rodeó la casa de su familia mientras su padre, afiliado a Hamás (acrónimo árabe de Movimiento de Resistencia Islámica), se escondía en la basílica.

Después de ser llevado a Chipre, Ibrahim Abeyat fue finalmente trasladado a Italia, donde permanece hasta hoy. Su esposa pasa seis meses del año con él y el resto con sus hijos en Cisjordania.

Durante siete años, Hind y sus siete hermanos, ahora de entre 17 y 30 años, no pudieron hablar con su padre por teléfono. Hoy se comunican con él diariamente a través de Internet.

«Es muy, muy difícil no ver a mi familia», dijo Ibrahim Abeyat a IPS vía Skype desde Italia.

«Quiero regresar a mi patria y poner fin a estos 11 años (de destierro). Esta es nuestra patria, nuestra tierra. Es nuestro derecho. La situación es muy difícil para mí», añadió.

Entre 1967 y 1992, Israel deportó a 1.522 palestinos de los territorios ocupados, según el grupo de derechos humanos israelí Btselem. Solo en 1992, con el aval de la Corte Suprema Israelí, 415 palestinos miembros de Hamás y del grupo Yihad Islámica fueron enviados al sur de Líbano.

Los palestinos son desterrados bajo las Regulaciones de Defensa de Emergencia, que datan de 1945, durante el control británico de Palestina.

La ley específica para las deportaciones, anulada dentro de Israel pero aún vigente en los territorios ocupados, señala que cualquier comandante militar puede obligar a cualquier persona a que abandone o permanezca en Palestina.

Durante la segunda Intifada, la Corte Suprema Israelí también falló que el estado judío tenía derecho a emitir «órdenes de residencia asignada» para transferir a cisjordanos a la franja de Gaza.

El tribunal basó su decisión en el artículo 78 de la Cuarta Convención de Ginebra, que permite a la potencia ocupante imponer residencia forzosa a las personas del territorio ocupado siempre que sea por «imperiosas» razones de seguridad.

Sin embargo, el artículo 49 prohíbe las deportaciones y los traslados en masa o individuales, «sea cual fuere el motivo».

Israel también trasladó a Gaza a parientes de personas acusadas de atentar contra el estado judío, violando así el artículo 33 de la Convención, que establece que «no se castigará a ninguna persona por infracciones que no haya cometido».

A fines de 2011, Israel y Hamás alcanzaron un acuerdo para liberar a 1.027 prisioneros palestinos a cambio de un soldado israelí que el movimiento islámico tenía cautivo. De los liberados, casi 200 fueron enviados a Gaza y 41 deportados a otros países.

«Dada la gran asimetría de poder entre la parte palestina ocupada y la parte israelí ocupante, ni el potencial ‘consentimiento’ del prisionero ni el hecho de que esos acuerdos fueron negociados por una autoridad palestina pueden servir de justificación para la deportación», concluyó el grupo de derechos humanos Al-Haq.

En marzo, el prisionero Ayman Sharawna, quien había sido liberado en 2011 gracias a un acuerdo pero que fue detenido nuevamente en enero de 2012, fue deportado a Gaza tras haber realizado una huelga de hambre por 261 días.

«Estoy seguro de que, si no iba, me moría. Estaba sufriendo física y psicológicamente», admitió Sharawna, de 37 años y padre de nueve hijos, originario de Hebrón.

«Mi experiencia en prisión me preparó para mi vida en Gaza. Estoy en contra del exilio, pero era mi única opción», explicó al Centro Palestino para los Derechos Humanos.

La agencia de noticias Reuters informó el martes 23 que el prisionero palestino Samer Issawi, quien estuvo intermitentemente en huelga de hambre por más de ocho meses, finalmente será liberado en diciembre próximo. Issawi rechazó varios intentos de Israel para deportarlo.

«El caso de huelga de hambre de Samer Issawi puede significar un punto de quiebre contra las deportaciones», dijo a IPS el investigador legal Murad Jadallah, del grupo de defensa de prisioneros palestinos Addameer.

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