Campamento palestino en Siria asediado y con mala salud
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Campamento palestino en Siria asediado y con mala salud

Cada vez es más difícil prestar atención médica en Siria. En la imagen, un hospital de campaña. Crédito: FreedomHouse/CC by 2.0

BEIRUT, 6 jun 2013 (IPS) - Eran las nueve de la mañana cuando estalló una bomba frente al domicilio de Hella al-Abtah, en el campamento de refugiados palestinos de Yarmuk, en la capital de Siria. Gravemente herida en la cabeza, la niña de nueve años fue trasladada de urgencia por su padre al Hospital Palestina.

Los médicos lograron estabilizar a Hella, pero no por mucho tiempo. La falta de suministros y los frecuentes apagones les impidieron completar los procedimientos de rutina. Finalmente murió, sumando otra víctima por los deficientes servicios de salud en el asediado Yarmuk, donde viven 125.000 personas.

Antes del inicio de la revuelta siria en marzo de 2011, Yarmuk era el mayor campamento de refugiados palestinos en ese país y el más ajetreado de Damasco, con uno de los mercados más populosos de la ciudad.

Pero luego se convirtió en un campo de batalla en el que todos los días estallan bombas. Hasta 2012, los campamentos palestinos habían quedado afuera del conflicto en Siria, pero ahora muchos están totalmente involucrados en los combates.

Luego de que los combatientes rebeldes se instalaran de forma permanente en Yarmuk, el ejército sirio sitió el campamento y no deja ingresar medicamentos ni ningún suministro.

El castigo colectivo impuesto a la población del campamento así como el ataque directo contra personas u organizaciones humanitarias perjudicó gravemente la disponibilidad de servicios médicos.

Menos servicios

El único lugar en el que los residentes de Yarmuk todavía pueden recibir atención médica es en el Hospital Palestina de la Media Luna Roja. Los otros dos grandes fueron bombardeados y destruidos por aviones de combate y artillería, y gran parte de su personal abandonó el campamento en estos últimos cuatro meses.

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA, por sus siglas en inglés), la principal organización que ofrece servicios como educación y salud, retiró a casi todo su personal de ese lugar por el deterioro de la seguridad.

La evacuación dejó a la población local con pocos servicios de salud esenciales.

Médicos, enfermeras y residentes atienden pacientes en el Hospital Palestina pese a los riesgos, pero el bloqueo al campamento imposibilita su labor por problemas que van desde cortes de energía hasta la falta de sangre y de suministros elementales.

“A veces se nos hace imposible atender pacientes porque carecemos de los servicios más básicos”, señaló Abdullah Hariri, médico del hospital.

El personal de salud y activistas que trataron de ingresar insumos sin permiso también fueron agredidos, algunos murieron y muchos están en prisión.

Además, los centros de salud que están en zonas controladas por los rebeldes, como el Hospital Palestina, son objetivo de ataques con bombas.

“Debido a los apagones en el campamento, tenemos que usar generadores eléctricos. Pero estos requieren combustible, y el régimen bloquea su ingreso”: Hussam al-Hariri, médico del Hospital Palestina.

Las fuerzas de seguridad amenazaron e intimidaron al personal médico en múltiples oportunidades para que abandone la misión humanitaria.

Violaciones de ambos lados

Los combatientes de la oposición tampoco son inocentes, pues abusaron, amenazaron y extorsionaron a los profesionales del campamento, robaron recursos y combustible del hospital y hasta abrieron fuego contra el edificio.

“Una vez vinieron y reclamaron que les entregáramos a una enfermera diciendo que era colaboradora”, relató un médico del hospital que pidió figurar con su apodo, Abu Hakam.

“Es una acusación repugnante cuando ella, como nosotros, eligió quedarse y servir a la comunidad”, se molestó.

Cuando el personal del hospital protestó y les prohibió la entrada, los rebeldes amenazaron a la gente con armas, se abrieron paso y secuestraron a la enfermera.

Aunque la liberaron luego de extensos interrogatorios, ese tipo de incidentes aumenta la vulnerabilidad de los profesionales que siguen trabajando en Yarmuk.

“Debido a los apagones en el campamento, tenemos que usar generadores eléctricos”, relató Hussam al-Hariri, médico del Hospital Palestina. “Pero estos requieren combustible y, como todo el mundo sabe, el régimen bloquea su ingreso”, apuntó.

“Tenemos que comprar combustible a precios exorbitantes, aunque dijimos desde el principio que no tenemos ninguna posición política”, añadió Hariri.

Además, Yarmuk se convirtió en albergue de refugiados civiles y de combatientes de la oposición procedentes de los suburbios y del campo al sur de Damasco.

Lo que queda del maltrecho servicio médico debe atender a ese grupo de gente, además de los palestinos que se negaron a partir.

A pesar de estar reducida a un funcionamiento básico, la infraestructura médica del campamento sigue siendo fundamental para los residentes y los refugiados de Yarmuk, porque no tienen mucho más para elegir.

 


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