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El Talibán quema una puerta de salida en Pakistán

Desde 2008, insurgentes armados incendiaron unos 5.000 vehículos que llevaban suministros de la OTAN a Afganistán. Crédito: Ashfaq Yusufzai/IPS.

Desde 2008, insurgentes armados incendiaron unos 5.000 vehículos que llevaban suministros de la OTAN a Afganistán. Crédito: Ashfaq Yusufzai/IPS.

PESHAWAR, Pakistán, 20 jun 2013 (IPS) - Estados Unidos prepara con meticulosidad su retiro de Afganistán para 2014, pero claramente omitió el impacto que tendrán sus ataques con aviones no tripulados sobre las áreas tribales del vecino Pakistán en su tan mentada propuesta.

Insurgentes armados pertenecientes a Tehreek-e-Talibán Pakistán (TTP) incendiaron la semana pasada tres contenedores repletos de insumos para los efectivos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Afganistán, que se dirigían hacia el cruce fronterizo de Torkham, en las montañas de la noroccidental provincia de Jyber Pajtunjwa.

Los insurgentes alegaron que el atentado contra el convoy de 12 contenedores fue en represalia por el ataque con drones (aviones teledirigidos) del 29 de mayo, cuando murió el dirigente del TTP, Waliur Rehman, en Waziristán del Norte, una de las siete Áreas Tribales Administradas Federalmente (FATA), en Pakistán.

El incidente del mes pasado elevó los ataques con drones en la región a unos 355 desde 2005.

El gobierno de Estados Unidos disfrutó haciendo la vista gorda a las varias formas de protestas contra su guerra remota, desde marchas civiles hasta declaraciones del gobierno, pero el incendio de vehículos de la OTAN podría marcar un punto de inflexión en su controvertida política exterior.

Mohammad Mushtaq, de la Asociación de Proveedores de la OTAN (un colectivo de conductores y propietarios, entre otros, que participan en el transporte de suministros al otro lado de la frontera), dijo a IPS: “Desde 2008, más de 5.000 vehículos de la OTAN fueron incendiados en Peshawar y en la agencia Jyber, todo en la ruta hacia Afganistán, para reponer las fuerzas de la ‘guerra contra el terrorismo desde 2002’”.

En el proceso, precisó, no solo se redujeron a cenizas unos 10 millones de dólares en equipamientos e insumos, sino que más de 500 personas, entre ellas conductores, perdieron la vida.

En diciembre de 2008, 160 camiones de la OTAN con vehículos militares Humvees, rumbo a Afganistán, fueron incendiados en un solo ataque cerca de Peshawar, capital de Jyber Pajtunjwa, apuntó Mushtaq. Luego, los combatientes desfilaron triunfalmente entre la nube de llamas que oscurecían el cielo.

La mayoría de los vehículos que van a Afganistán llevan equipamiento militar, alimentos y otros suministros de logística para unos 100.000 efectivos estacionados allí, dijo a IPS el mayor retirado Anwar Jan, analista de asuntos de seguridad.

“Esa misma ruta probablemente será utilizada para retirar los equipos militares pesados, así como los soldados”, especuló. Por lo que si siguen los ataques con drones, Estados Unidos corre el riesgo de vulnerar su principal ruta de ingreso y de salida.

Jan dijo que Estados Unidos y sus socios de la coalición en la “guerra contra el terrorismo” deben revisar su estrategia militar si están decididos a respetar la fecha de retirada de 2014.

“De lo contrario, las posibilidades de su retiro y de paz en Pakistán y Afganistán seguirán siendo una quimera”, opinó.

Ojo por ojo

Cuando las fuerzas encabezadas por Estados Unidos expulsaron al movimiento islamista Talibán de Kabul en 2001, marcaron el inicio de una guerra que se prolongó durante una década.

Miembros del régimen depuesto, junto con sus partidarios, huyeron en masa hacia las montañas, que forman la escabrosa frontera de 1.200 kilómetros de largo entre Afganistán y Pakistán.

Eso hizo que Islamabad arremetiera con toda su fuerza, junto con Estados Unidos, con la esperanza de impedir que los insurgentes se asentaran en sus propias e inestables zonas tribales.

Pero la promesa de destruir a la red extremista Al Qaeda, responsable de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, no arrojó resultados positivos. De hecho, numerosos analistas observaron que los insurgentes son más fuertes que antes.

En el marco del alza de costos, de una creciente cantidad de muertos y de la fuerte oposición pública contra la guerra, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, suscribió en mayo un Acuerdo de Asociación Estratégica con el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, por medio del cual pactaron retirar las tropas en 2014.

Pero especialistas como Pervez Jamal, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Peshawar, creen que ese plan puede fracasar, salvo que se tomen medidas de inmediato para aplacar al TTP.

Como señaló Jan: “Los vehículos incendiados ya encarecieron la guerra contra el terrorismo para Estados Unidos y sus aliados”.

Actualmente, 70 por ciento de los suministros para las fuerzas occidentales apostadas en Afganistán pasan por Pakistán; llegan por barco al puerto de Karachi, sobre el mar Arábigo, y luego atraviesan 3.000 kilómetros hasta la base aérea de Bagram, en Kabul.

El gobierno de Pakistán ordenó el cierre de esa ruta directa en noviembre de 2011, cuando las fuerzas estadounidenses atacaron un puesto de seguridad en la agencia de Mohmand, en las FATA, y mataron a 24 soldados.

Sin ruta terrestre, Estados Unidos debió buscar una alternativa, vías aéreas a través de Rusia y de las repúblicas exsoviéticas, fronterizas con Afganistán. Durante ese tiempo, el costo del transporte de suministros pasó de 17 millones a 104 millones de dólares.

Incapaz de sostener el gasto, el gobierno de Estados Unidos pidió disculpas por el ataque y logró reabrir en 2012 la ruta de suministro, en el entendimiento de que permanecería abierta hasta 2015, para facilitar su retiro paulatino de Afganistán.

Pero ahora el acuerdo está en peligro.

La quema de suministros también supone un peligro para los 10.000 efectivos que deben quedarse en el terreno a asistir a los 350.000 integrantes de las Fuerzas de Seguridad Nacional de Afganistán.

La fuerza de seguridad local carece actualmente de equipamiento militar y de formación. Sin la promesa de refuerzos, algunos especialistas sostienen que no podrán resistir a una usurpación de poder de los insurgentes.

El analista de guerra Javed Hasham, radicado en Peshawar, dijo a IPS que el Talibán es capaz de destruir convoyes con facilidad. El pase de Torkham es un cruce de montaña muy expuesto, sin puestos de avanzada a lo largo del camino.

Los talibanes, familiarizados con el terreno, tienen escondites en las montañas, así como casas desde donde vigilan el camino sinuoso.

Los atentados contra convoyes registraron una marcada disminución en los últimos cuatro meses, pero repuntaron en estos últimos tiempos, a instancias del aumento de ataques con drones.

“La única forma de seguir avanzando es que Estados Unidos suspenda los ataques con drones”, opinó.

 
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