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Plan de Obama contra cambio climático para sortear al Congreso

Protesta frente a la Casa Blanca contra el oleoducto de Keystone XL en 2011.Crédito: tarsandaction/CC by 2.0

Protesta frente a la Casa Blanca contra el oleoducto de Keystone XL en 2011.Crédito: tarsandaction/CC by 2.0

WASHINGTON, 26 jun 2013 (IPS) - A pesar de las trabas del Congreso legislativo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció una propuesta para relanzar un plan nacional contra el cambio climático, con medidas que el gobierno puede implementar sin aprobación parlamentaria.

Los nuevos objetivos son el mayor y más amplio esfuerzo del presidente estadounidense para coordinar un plan nacional de mitigación y adaptación en relación con las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático.

Obama también se refirió el martes 25 al oleoducto Keystone XL, proyectado para llevar el petróleo contaminante de las “arenas alquitranadas” de Canadá hasta refinerías de Estados Unidos.

Por primera vez, Obama dijo que las emisiones contaminantes relacionadas con ese proyecto incidirían en su decisión a la hora de aprobarlo, con lo que estableció un vínculo directo entre el interés nacional de Estados Unidos y el cambio climático.

“Fue un discurso histórico por dos temas: el presidente Obama dejó claro que no teme hacer frente al carbón como principal responsable del cambio climático; y realizó un viraje fundamental en la forma en que él mismo enmarca a Keystone XL”, dijo Daphne Wysham, una de las directoras de la Red de Economía y Energía Sostenible, del Instituto de Estudios Políticos, con sede en Washington.

“Ya no habla del empleo o de la seguridad energética, sino que relaciona nuestro interés nacional a que el proyecto tenga un importante impacto en el cambio climático. Eso coloca a este tema en un terreno de juego totalmente diferente, y uno en el que creemos que podemos ganar”, puntualizó.

Las nuevas medidas, según Obama, permitirán que en 2020 Estados Unidos reduzca 17 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero, con respecto a los niveles registrados en 2005.

El presidente había fijado ese objetivo hace tres años, pero el Congreso no instauró políticas para alcanzarlo.

El punto fuerte del plan es atacar la contaminación de las plantas de generación eléctrica a carbón, tanto las planificadas como las existentes. En Estados Unidos, esta fuente de energía es responsable de 40 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono.

“Reducimos la cantidad de químicos tóxicos, como mercurio, sulfuro y arsénico en nuestras aguas y aire, pero las centrales eléctricas todavía vierten una cantidad ilimitada de CO2”, declaró Obama el martes 25.

“No está bien, no es seguro y debe terminar”, acotó.

La nueva firmeza mostrada por el presidente recibió elogios de organizaciones ambientalistas y defensoras de la salud, pero lo más electrizante fue la sorpresiva opinión del presidente sobre Keystone XL.

El proyecto está en la etapa de aprobación, pero en determinado momento se requerirá que el presidente, personalmente, certifique que se trata de un asunto de “interés nacional”.

“Se velará por nuestro interés nacional solo si este proyecto no exacerba de forma significativa el problema de la contaminación”, señaló el presidente. “Los efectos netos del impacto del oleoducto sobre nuestro clima serán absolutamente fundamentales para definir si puede seguir adelante”, añadió.

Guerra al carbón

Gran parte de la nueva visión del presidente gira en torno a la capacidad de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) de lograr que se cumplan las normas de la ley Aire Limpio, promulgada hace décadas.

La EPA debía elaborar nuevas normas para regular las emisiones de las plantas generadoras de electricidad en abril, pero no cumplió el plazo. Las organizaciones ambientalistas estuvieron a punto de iniciar una demanda, pero la detuvieron solo por el anuncio que daría el presidente.

Aunque la EPA tiene el mandato de fijar las reglas para las centrales existentes, el proceso llevaría por lo menos dos años. Los especialistas sostienen, además, que su implementación llevaría una década.

Analistas de la industria opinan que el solo conocimiento de un cronograma oficial hará que los propietarios de las plantas a carbón no opten por reparar instalaciones que podrían operar solos unos pocos años.

Daniel Schrag, asesor de la Casa Blanca en materia científica, ocupó las primeras planas el lunes 24 cuando dijo que el presidente debería aprovechar su discurso del día siguiente para declarar una “guerra contra el carbón”, expresión que aprovecharon los conservadores para atacar el nuevo plan.

“El presidente tiene mucho poder gracias a los decretos, y las normas de EPA sobre el carbón serán fundamentales para pasar de este a la energías limpias”, dijo Whit Jones, activista de la Coalición de Acción de Energía, en entrevista con IPS.

“En algún momento tendremos que reclamar medidas al Congreso, pero este es un primer paso muy interesante. Una vez que el presidente muestre firmeza en materia de cambio climático, esperamos que siga y continúe la transición hasta abandonar los combustibles fósiles”, añadió.

Asalto coordinado

El nuevo plan va más allá de las plantas generadoras de energía. El presidente fijó medidas para reforzar el desarrollo y el uso de fuentes renovables, fortalecer la eficiencia del combustible y de la energía y poner fin a los subsidios a las petroleras.

Algunas acciones requerirán de la aprobación del Congreso. Pero el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, del opositor Partido Republicano, tildó el plan de Obama de “absoluta locura”.

Obama detalló cómo Estados Unidos redoblará esfuerzos para logar consenso global sobre un “asalto coordinado” en materia de cambio climático. Pero muchas de las personas que quedaron frustradas por anteriores actitudes de Washington en conferencias internacionales recibieron con escepticismo las nuevas promesas.

“A escala internacional, las promesas de acción, aunque bienvenidas, son pocas y llegan tarde”, opinó Salimul Huq, del grupo sobre cambio climático del Instituto Internacional de Ambiente y Desarrollo, con sede en Londres.

“Si bien es bueno ver que finalmente el presidente de uno de los países más ricos del mundo y mayor contaminante acumulado promete tomar medidas, después de una década de negativas, el problema se hizo mucho más grande mientras Estados Unidos lo ignoraba”, afirmó.

 
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