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Activistas luchan para que las niñas no sean novias en Sudán

Una niña sudanesa con un bebé en el campamento de refugiados de Al Salam. Crédito: Sven Torfinn/CC BY 2.0

Una niña sudanesa con un bebé en el campamento de refugiados de Al Salam. Crédito: Sven Torfinn/CC BY 2.0

JARTUM, 12 jul 2013 (IPS) - Abogados y activistas de derechos humanos reclaman un cambio en la legislación sudanesa, que permite el matrimonio de niñas de apenas 10 años. Advierten que es hora de que se reconozca la igualdad de género para que ellas puedan asumir el control de sus vidas y dejar atrás el ciclo de casamientos precoces y abusos.

La Ley de Estatus Personal de los Musulmanes, de 1991, no concede a las mujeres los mismos derechos que a los varones. El artículo 40, en particular, no fija edad mínima para casarse y solo indica que las menores deben contar “con permiso de un juez”.

“La norma, básicamente, establece que las niñas pueden casarse cuando tienen edad suficiente para comprender”, explicó a IPS la activista Jadija al-Dowahi, de la Organización para la Investigación y el Desarrollo (SORD, por sus siglas en inglés), dedicada al estudio de los matrimonios tempranos.

Además, Sudán no ratificó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, de la Organización de las Naciones Unidas.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia estima que una de cada tres mujeres sudanesas que actualmente tienen entre 20 y 24 años se casó antes de los 18.

En las zonas rurales, donde el problema es mayor, el matrimonio temprano alcanza a 39 por ciento, bastante más que el 22 por ciento registrado en áreas urbanas.

Una visita al hospital de Jartum muestra claramente la amplitud del fenómeno en Sudán.

Ese centro de salud cuenta con una sala entera para realizar cirugías de fístula obstétrica. La mayoría de las pacientes son madres jóvenes, cuyos cuerpos no están del todo desarrollados para parir y son propensas a sufrir la rotura de los tejidos blandos que conectan la vagina con la vejiga o con el recto.

Amel al-Zein, abogada que investigó los matrimonios precoces, cuestionó la ley de estatus personal.

“A diferencia de otros países de la región u otros islámicos, la norma no especifica una edad mínima para el matrimonio, que es la única garantía para controlar el matrimonio temprano”, dijo Al Zein a IPS.

Las mujeres no pueden recurrir a la justicia para tramitar el divorcio ni emprender acciones legales antes de los 18 años, lo que contradice el hecho de que niñas de apenas 10 puedan casarse, agregó.

“Cuando comenzamos a estudiar cuestiones de justicia de género, vimos hasta qué punto el matrimonio temprano está interrelacionado con muchos de los asuntos que deben afrontar las mujeres”, indicó Al Dowahi, cuya organización propuso varias reformas legales.

“Las que recurren a la justicia para luchar por la custodia de sus hijos y divorciarse solo descubren lo terrible y discriminatoria que es la legislación”, remarcó.

SORD creó hace tres meses un centro de asistencia legal para mujeres discriminadas por la ley de estatus personal, y ya recibió 46 casos.

Mientras, el Consejo de Eruditos Sudaneses, un prestigioso órgano religioso, genera controversia. El año pasado, su secretario general, profesor Mohammad Osman Salah, habló a favor del matrimonio temprano, generando un profundo malestar entre los opositores.

Salah declaró a la prensa en octubre de 2012: “El Islam alienta el matrimonio de menores para salvarlas de la perversión o de cualquier peligro derivado de la soltería, así como para hacerlas felices y preservar la reproducción”.

Pero no todos los eruditos comparten su opinión, porque el matrimonio precoz en Sudán es consecuencia de tradiciones culturales y sociales, no solo de valores religiosos.

A Sarah Mohammad, por ejemplo, la casaron a los 13 años porque la escuela secundaria femenina más cercana estaba demasiado lejos de su aldea. La falta de acceso a la educación hace que los padres sean menos propensos a mantener a sus hijas en casa.

No es una edad inusual para que una niña se case en su pequeña aldea de Karko, ubicada en Kordofán del Sur.

“Recuerdo cuán confundida me sentí. No tenía idea de qué era el matrimonio. Era una niña”, recordó Mohammad, quien cumplió 30 años hace un par de semanas y es madre de cinco hijos. Al primero lo tuvo a los 16 años.

Rana Ahmed (nombre ficticio para proteger su seguridad) tuvo una experiencia diferente. Tenía 15 años cuando su madre descubrió que era novia de un muchacho de su vecindario, tras encontrarla hablando con él por teléfono.

“Se enojó mucho y me dijo que me buscaría un marido antes de que hiciera algo realmente malo. Me dijo que así dejaría de juguetear”, dijo Ahmed, ahora de 24 años, a IPS.

Su esposo, que entonces tenía más de 35 años, se la llevó cinco años al extranjero, donde trabajaba de médico. Cuando regresaron a Sudán, con sus dos hijos, sintió que quería vivir de nuevo.

“Estaba aburrida y desconforme con mi vida. Quería vivir como otras muchachas de mi edad. Quería tener la libertad para salir con muchachos y divertirme”, añadió Ahmed, ahora divorciada.

Al Dowahi señaló que la historia de Ahmed no es única. Las adolescentes no están preparadas para las responsabilidades familiares o para las relaciones sexuales. Algunas logran volver a la escuela, pero otras no pueden salir adelante y terminan teniendo amantes y llevando una vida bastante diferente.

Con la situación económica de Sudán en continuo deterioro, los activistas sostienen que las ciudades se vuelven similares a las zonas rurales: el matrimonio temprano se vuelve un problema acuciante aun en ámbitos urbanos y con estudios.

La investigación de SORD muestra que en campamentos de personas desplazadas y en el este de Sudán suele haber mayor número de matrimonio tempranos, respecto de otros ámbitos.

De hecho, el divorcio a más temprana edad sucedió en el este de Sudán, donde se le concedió a una niña de nueve años. La tradición en su comunidad indica que bebas de dos meses se entregan en matrimonio, las que pasan a vivir con su marido cuando cumplen los 10 años.

Lakshmi Sundaram, coordinadora de Girls Not Brides (niñas, no novias), una asociación global para terminar con el matrimonio temprano, cree que es una cuestión del valor que se da a la niña.

“Debemos desafiar la concepción según la cual la niña se convierte, aun con su consentimiento, en un bien económico. Debemos atender un aspecto fundamental, que tiene un valor intrínseco en tanto ser humano, no por su valor económico”, dijo a IPS.

 
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