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Combate al cólera choca con la falta de dinero en Haití

Un hombre cruza un puente sobre uno de los canales llenos de desechos de Cité Soleil que conducen a la bahía de Puerto príncipe. Crédito: HGW/Marc Schindler Saint Val.

Un hombre cruza un puente sobre uno de los canales llenos de desechos de Cité Soleil que conducen a la bahía de Puerto príncipe. Crédito: HGW/Marc Schindler Saint Val.

PUERTO PRÍNCIPE, 30 jul 2013 (Haiti Grassroots Watch) - La falta de financiamiento para un plan de erradicación del cólera por 10 años significa que, probablemente, esta enfermedad se volverá endémica en Haití en el futuro cercano.

El cólera se propaga a través de alimentos y agua contaminada, así como de la materia fecal. Una de las partes fundamentales del estatal Plan Nacional para la Eliminación del Cólera en Haití, de 2.200 millones de dólares, consiste en financiamiento para los sistemas de saneamiento en todo el país.

La mayoría de los haitianos –alrededor de ocho millones de los 10 millones de habitantes del país- no tienen acceso a sistemas de saneamiento higiénico. Defecan al aire libre, en los campos, los barrancos y las orillas de los ríos. La región de la capital produce cada día unas 900 tonelads de excrementos humanos, según la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos.

“Haití es el único país en el mundo cuya cobertura de saneamiento se redujo en la última década”, destacó Rishi Rattan, miembro de Physicians for Haiti (médicos para Haití), organización integrada por profesionales de la salud radicados en Estados Unidos.

“Antes del brote de cólera o del terremoto (del 12 de enero de 2010), la diarrea era la asesina número uno de los niños menores de cinco años, y la segunda causa principal de todas las muertes en Haití”, dijo Rattan a Haiti Grassroots Watch (HGW) por correo electrónico.

“Dado que el cólera es una enfermedad que se origina en el agua y que depende de la falta de acceso al agua limpia, es altamente probable que se vuelva endémica en Haití si entidades como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no financian plenamente el plan de eliminación” de esta enfermedad, añadió.

El cólera, introducido en el país en octubre de 2010 por soldados de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), se propagó rápidamente por todo el territorio. Cada mes se producen casi 3.000 nuevas infecciones. Actualmente afecta a más de 600.000 personas y han muerto casi 8.190 por esta causa.

La mortalidad va en aumento en las áreas rurales, debido en parte a la falta de centros de tratamiento del cólera. En el peor momento de la epidemia había 285. Actualmente, hay apenas 28. Cuando se terminó el financiamiento, la mayoría de las agencias humanitarias abandonaron el país.

Y, lo que es peor, una de las dos grandes plantas de tratamiento de desechos construidas tras el terremoto quedó fuera de servicio en los últimos tiempos.

La conexión cólera-excrementos

Redactado con la ayuda de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el gobierno de Estados Unidos y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el plan de eliminación del cólera se centra en los excrementos humanos. Solo el presupuesto de saneamiento llega a 467 millones de dólares.

“Según nuestras cifras, menos de 30 por ciento de la población tiene acceso a lo que podríamos llamar saneamiento básico”, dijo Edwige Petit, jefa de saneamiento en la Agencia Nacional de Agua y Saneamiento (Dinepa), a HGW.

“En los países vecinos, entre 92 y 98 por ciento tienen saneamiento básico”, agregó.

Según datos de Dinepa, alrededor de la mitad de los hogares rurales y entre 10 y 20 por ciento de los urbanos carecen de acceso a un retrete o letrina adecuados. En Cité Soleil, uno de los grandes barrios hacinados de Puerto Príncipe, algunos usan cualquier terreno abierto para hacer sus necesidades.

“Cuando nuestros hijos tienen que evacuar, los ponemos sobre un pequeño recipiente”, explicó la residente Wisly Bellevue. “Colocamos un poco de agua dentro del mismo. Una vez que terminaron, arrojamos el contenido en un predio vacío”.

Camiones “desfangadores” atienden a grandes instituciones con sistemas sépticos. En 2010 y 2011, por ejemplo, agencias humanitarias vaciaron los miles de retretes portables en los campamentos de refugiados para los 1,3 millones de personas que quedaron sin hogar tras el terremoto.

Quienes no pueden pagar ese servicio a menudo contratan uno más económico: los hombres llamados “bayakou” en Haití, que vacían letrinas y sistemas sépticos a mano. Trabajan por las noches y la mayoría vierte su carga en ríos, canales y barrancos.

Antes de la epidemia de cólera, incluso los camiones usados para arrojar las heces se mezclaban con la orina en los barrancos que drenan en el mar Caribe.

Avances y desafíos

Desde 2010, Dinepa y sus socios han logrado avances considerables en materia de saneamiento.

Con la ayuda del gobierno español, Unicef y otros, Dinepa construyó dos centros de tratamiento para la región de la capital, y espera erigir otros 22 por un presupuesto total de 159 millones de dólares.

Sin embargo, hasta ahora solo se empezó a construir uno cerca de St. Marc, otro en Les Cayes, en el sur, y un tercero en Limonade, en el norte.

La imponente planta de tratamiento de desechos de Morne à Cabri, que costó unos 2,5 millones de dólares y se inauguró en septiembre de 2011, “tiene la capacidad de tratar 500 metros cúbicos de excrementos por día, equivalentes a lo que producen 500.000”, según Dinepa.

Pero ya hay un problema. Actualmente, el centro está clausurado. Los portones están cerrados. Un motivo es la falta de financiamiento. Las tarifas que pagan las empresas de transporte de excrementos no generan suficientes ganancias.

También, después de que las agencias humanitarias dejaron de administrar los campamentos de refugiados –se retiraron apenas se terminó el financiamiento- y las entregas de retretes portables se volvieron problemáticas.

“Pasamos de tener desechos de letrinas constituidos por entre 10 y 20 por ciento de basura, a tener entre 70 y 80 por ciento”, explicó Petit.

“La planta de tratamiento no se construyó para manejar basura, sino agua y materia fecal. Los estanques colapsaron, obstruidos por la basura”, añadió.

Aunque se esfuerza por subsistir financieramente, Dinepa está determinada a hacer que las cosas vuelvan a funcionar.

“Vamos a usar equipos del gobierno. Si podemos obtener 40.000 o 50.000 dólares, podremos limpiarlo”, dijo.

Por supuesto, la otra planta de tratamiento funciona, pero persisten dos desafíos: convencer a los bayakou y a otros que entreguen sus cargas, y el asunto del financiamiento. Porque, aunque se entreguen los excrementos, los bayakou no podrán pagar.

Otra parte del plan es una campaña educativa que busca combatir “las malas prácticas de defecación e higiene”. Según Petit, muchas familias rurales ya ni siquiera se molestan en construir letrinas.

“En los últimos 30 años se desarrolló una cierta mentalidad según la cual la gente sabe que es bastante posible que alguien más (como una agencia extranjera) le dé retretes”, explicó Petit.

Pero en vez de repartir retretes y letrinas gratuitas, Dinepa espera crear un fondo de 120 millones de dólares que permita a las familias pedir prestado el dinero necesario para hacer sus propias construcciones.

El plan anticólera, ¿un disparate?

Muchos aspectos del plan de erradicación del cólera están en suspenso. Haití requiere 2.200 millones de dólares, y un plan para la vecina República Dominicana necesita 77 millones de dólares adicionales. Para los años 2013 y 2014 solamente, Haití necesita 443,7 millones de dólares.

El Banco Mundial, la OPS y Unicef prometieron en los últimos tiempos 29 millones de dólares, y otras agencias de la ONU ofrecieron apenas otros 2,5 millones. Pero lo recabado hasta ahora es menos de la mitad de lo que se requiere.

El presupuesto 2012-2013 de la Minustah es de 638 millones de dólares, alrededor de 200 millones más que lo que necesitan Haití y la República Dominicana para los primeros dos años de sus planes de eliminación del cólera.

Haiti Grassroots Watch es una asociación de AlterPresse, la Sociedad de Animación y Comunicación Social (SAKS), la Red de Mujeres de Radios Comunitarias (REFRAKA), radios comunitarias y estudiantes del Laboratorio de Periodismo de la Universidad del Estado de Haití.

 

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