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Descontento en Kenia sin fuerza para parir una primavera

En los primeros 100 días de la administración de Kenyatta hubo varias protestas callejeras y amenazas de huelgas en el sector público. Crédito: Miriam Gathigah/IPS

En los primeros 100 días de la administración de Kenyatta hubo varias protestas callejeras y amenazas de huelgas en el sector público. Crédito: Miriam Gathigah/IPS

NAIROBI, 25 jul 2013 (IPS) - La policía de Kenia investiga el surgimiento de un grupo denominado Movimiento 4 de Marzo (M4M), que recluta a jóvenes para organizar protestas similares a las realizadas en Egipto en los últimos años.

Pero dirigentes políticos y analistas no creen que el movimiento tenga envergadura suficiente como para desatar una “Primavera de África oriental”.

“Las manifestaciones son un buen indicador del grado de insatisfacción entre los ciudadanos, pero no hay país en África oriental con conciencia política como para sostener el tipo de protestas que vimos en el mundo árabe”, dijo a IPS el parlamentario Gideon Ochanda, del distrito de Bondo, en la provincia de Nyanza.

Esta semana, el activista Okiya Omtatah, quien se atribuye haber creado el movimiento, fue citado por la policía para hacer una declaración. Anteriormente se creía que el fundador del M4M era Eliud Owalo, consejero del ex primer ministro Raila Odinga (2008-2013).

Según informes de periódicos locales, el M4M procura explotar el descontento existente entre los kenianos, muchos de los cuales están molestos por el aumento de los precios de los alimentos, y derrocar al presidente Uhuru Kenyatta.

Se cree que el grupo estaría planificando protestas nacionales similares las realizadas este mes en Egipto, que derivaron en un golpe militar contra Mohammad Morsi, el primer presidente democráticamente elegido en ese país.

En 2011, masivas movilizaciones derrocaron en Egipto al régimen de Hosni Mubarak, quien gobernaba desde 1981.

En los primeros 100 días de la administración de Kenyatta, del 9 de abril al 19 de este mes, hubo una serie de protestas callejeras y amenazas de huelgas en el sector público, pero nunca alcanzaron la magnitud de las egipcias.

Entre el 25 de junio y el 17 de este mes, 280.000 maestros kenianos participaron de una huelga, pero esta terminó cuando el gobierno amenazó con congelar sus salarios.

Incluso legisladores amenazaron en mayo con realizar una protesta para exigir mayores sueldos, pero nunca la concretaron.

El Sindicato Nacional de Enfermeras y Enfermeros de Kenia anunció finalmente el 5 de este mes una huelga de 21 días, pero aún no se ha fijado la fecha de su comienzo.

Activistas de todo el país comenzaron en junio a hacer campaña contra el nuevo proyecto de Ley de Impuesto al Valor Agregado, conocido popularmente como el “proyecto del impuesto Unga”.

La iniciativa procura aplicar un gravamen de 16 por ciento sobre el valor de productos básicos que estaban libres de impuestos hasta ahora, como el arroz, el pan, la harina de maíz, la leche procesada y las toallas higiénicas.

Esta inestabilidad permite trazar paralelos con la que experimentaban algunos países donde se desató la Primavera Árabe, en especial Egipto.

Pero Cyprian Nyamwamu, director ejecutivo de la East African Democracy Foundation, sostuvo que las “masas pobres no pueden sostener acciones masivas”.

“Cuando una gran cantidad de personas viven con lo mínimo, no pueden darse el lujo de permanecer en las calles mucho tiempo”, señaló.

El analista explicó que la Primavera Árabe fue impulsada por la clase media, cuyas luchas eran fundamentalmente políticas, mientras que los reclamos de los kenianos son en su gran mayoría económicos.

La revista The African Economist indica que Egipto es la cuarta mayor economía de África, con un producto interno bruto de 111.800 millones de dólares, mientras que Kenia es la onceava, con 24.800 millones.

Nyamwamu explicó que la clase media en el mundo árabe posee viviendas y goza de relativa seguridad financiera, mientras que “una gran población en Kenia de esta franja social paga alquiler”.

Es por esto que, por ejemplo, los maestros kenianos no pueden sostener mucho tiempo una protesta si no reciben su sueldo, pues no podrían hacer frente a sus obligaciones mensuales, como el pago del alquiler de sus viviendas.

“Pero, gracias a una Constitución muy avanzada, Kenia ha logrado y expandido un espacio político, solo superado por Sudáfrica y Ghana”, añadió.

Para expresar su malestar por los crecientes precios de los alimentos, Felix Omondi acude siempre a las protestas con “ugali”, plato típico en base a maíz.

“Un paquete de harina de maíz de dos kilogramos debe bajar de los dólares actuales a menos de un dólar”, sostuvo Omondi, miembro del grupo juvenil de presión Revolución Unga, en diálogo con IPS.

Peter Kimani, miembro del mismo grupo, dijo a IPS: “Vamos a realizar manifestaciones, e incluso a expulsar a este gobierno si sigue sordo a los reclamos de su pueblo”.

Por su parte, Jennifer Massis, del partido Ford Kenya, en la región del Valle del Rift, alertó que el proyecto de ley sobre el impuesto al valor agregado podría desatar más movilizaciones.

“Estamos entre los ciudadanos con más impuestos en África, y nuestros parlamentarios están entre los mejor pagados. La gente está descontenta”, dijo a IPS.

Pero Nyamwamu sostuvo que “las protestas callejeras no son una solución”. “El sistema judicial fue reformado. Los kenianos deben aprender a llevar sus batallas a los tribunales”, afirmó.

Por su parte, Ochanda afirmó que los manifestantes kenianos carecen de un punto de concentración, similar a la emblemática plaza cairota Tahrir.

“En los hechos, son los pobres quienes se manifiestan, y tienden a ser reaccionarios en sus protestas. La clase media, con conciencia política y capaz de desatar una serie de movimientos que reorganicen el poder y hagan responsables a sus líderes, actúa como si no necesitara al gobierno”, indicó.

 
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