Ilusiones y recelos ante inversiones chinas en Kirguistán
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Ilusiones y recelos ante inversiones chinas en Kirguistán

BISHKEK, 31 jul 2013 (EurasiaNet) - Frentes a las vacilaciones de Occidente a la hora de invertir en Kirguistán, el gobierno de este país apela cada vez más a China cuando intenta atraer capitales para el desarrollo de su infraestructura.

Beijing profesa deseos de ayudar a Kirguistán sin condiciones. Sin embargo, como señalan algunos expertos, hay temores de que esa ayuda afecte la soberanía kirguisa.

La incertidumbre en el sector minero sigue disuadiendo a las compañías occidentales, sobre todo luego de que el gobierno kirguiso cambió los términos de las inversiones extranjeras en la mina de oro de Kumtor.

El Índice de Estados Fallidos 2013, elaborado por el Fondo por la Paz, incluyó a Kirguistán entre las naciones en nivel de “alerta”, ubicándolo en el puesto 48 de los 178 países estudiados. Solo Uzbekistán, en el lugar 44, fue considerado más inestable entre las ex repúblicas soviéticas de Asia central.

La desconfianza occidental quedó en evidencia en la conferencia sobre inversiones celebrada en Bishkek entre el 10 y el 11 de este mes.

En el encuentro, el gobierno kirguiso realizó un llamado a apoyar proyectos de desarrollo de infraestructura por unos 5.000 millones de dólares.

En un comunicado conjunto, 40 agencias de ayuda extranjeras y organizaciones multilaterales aseguraron estar dispuestas a aportar casi 2.000 millones de dólares para apuntalar la atribulada economía kirguisa en los próximos cuatro años.

Pero también recordaron al gobierno de Kirguistán la importancia de consolidar “instituciones eficientes” y de reducir los gastos del Estado.

China no envió una delegación a la conferencia. Sin embargo, el 15 de este mes, el canciller chino Wang Yi visitó Bishkek y elogió las relaciones bilaterales.

Las inversiones chinas en Kirguistán, ahora de más de 1.700 millones de dólares, siempre estarán libres de “condiciones adicionales” y se realizarán sobre la base de una “asociación igualitaria”, dijo Wang a periodistas locales.

La aparente disposición de China a no condicionar la asistencia brinda esperanza a algunos kirguisos. Pero otros sospechan que el gigante asiático es más un usurero que un amigo, y temen que pueda estar en riesgo la soberanía de Kirguistán si entra en deudas con Beijing.

“China le puede ofrecer a Kirguistán más inversiones que todos los otros donantes juntos”, sostuvo Valentin Bogatyrev, coordinador de Perspective, centro de estudios con sede en Bishkek.

El analista destacó varios factores que facilitan la cooperación chino-kirguisa: los dos países gozan de fuertes relaciones bilaterales, ambos son miembros de la Organización de Cooperación de Shanghai y tienen proximidad geográfica.

Pero Bogatyrev reconoció que las inversiones chinas generarán una “más amplia dependencia política y económica” de Bishkek con Beijing, lo que podría suponer riesgos.

Primero y antes que nada, las autoridades kirguisas podrían tener que afrontar protestas internas contra la llegada “incontrolable” de obreros chinos para trabajar en los proyectos de infraestructura.

Funcionarios de gobierno y organizaciones de la sociedad civil acaban de constatar que más de 970 chinos trabajan ilegalmente en la construcción de una refinería de petróleo en la occidental localidad de Kara-Balta.

El interés de China en su pequeño vecino de Asia central debe verse principalmente a través del prisma del deseo de Beijing de estabilizar la conflictiva provincia adyacente de Xinjiang, indicó Li Lifan, profesor e investigador asociado de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghai.

En entrevista con Eurasianet.org, Li expresó sus dudas sobre la capacidad del gobierno kirguiso, ya con un presupuesto anual apretado, para compensar la ayuda china.

El analista sugirió que una posibilidad podría ser adoptar acuerdos de intercambio, otorgando concesiones mineras o brindando facilidades para adquirir productos agrícolas kirguisos.

No obstante, esos acuerdos también deberían tomar consideraciones para no generar malestar en la población de Kirguistán, donde la riqueza mineral es modesta y celosamente guardada, recomendó.

Firmas chinas en este país ya han sufrido olas de violencia de residentes y duras críticas de los medios de prensa locales.

Por ejemplo, algunos medios reprochan la concesión de Ishtamberdy, depósito de oro en el sur del país, por haberse hecho en términos muy baratos para China.

En 2011, el ex primer ministro kirguiso Omurbek Babanov fue duramente criticado por haber sugerido que las concesiones mineras eran una forma de pagar a Beijing un tramo de la polémica vía férrea que conecta a China con Uzbekistán a través de Kirguistán.

El 15 de este mes, la agencia de noticias kirguisa Kloop.kg informó que la Oficina del Fiscal del Estado de Kirguistán disputó un acuerdo alcanzado entre el Ministerio del Interior y la Beijing Construction Engineering Group International (BCEG).

Esa compañía estatal china tenía previsto instalar cámaras y cobrar multas por exceso de velocidad en las carreteras que conectan a Bishkek con la sureña ciudad de Osh y la nororiental de Karakol.

Finalmente, se llegó a un acuerdo por el cual la BCEG solo podrá cobrar multas hasta que recupere su inversión en las cámaras.

“Cobrar multas es de exclusiva competencia de los organismos del Estado”, señaló la fiscalía en una declaración, añadiendo que recomendaba al gobierno la anulación del contrato.

Mientras Occidente siga mostrando cautela sobre Kirguistán –donde, según el propio ministro de Economía, Temir Sariyev, se pierden al año 700 millones de dólares del presupuesto debido a la corrupción- Bishkek parece no tener más opción que incrementar sus dependencia con China.

Artículo originalmente publicado en EurasiaNet.org.

 

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