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Incendios intencionales arrasan Indonesia y amenazan la región

Zona deforestada en Borneo, Indonesia, para dar lugar a plantaciones de palma. Crédito: glennhurowitz/CC-BY-2.0

Zona deforestada en Borneo, Indonesia, para dar lugar a plantaciones de palma. Crédito: glennhurowitz/CC-BY-2.0

KUALA LUMPUR, 24 jul 2013 (IPS) - Como pueden devorar todo lo que se encuentra a su paso y salirse de control, los incendios son considerados algo muy peligroso en todo el mundo. Sin embargo, en Indonesia son el método preferido para desmalezar grandes porciones de tierra y dejar lugar a cultivos comerciales.

En la primera mitad de 2013, se registraron 8.343 incendios forestales, un número mucho mayor que en años precedentes.

Aunque algunos se desataron de forma natural en los meses de verano, expertos aseguran que la mayoría los iniciaron de forma deliberada varias compañías privadas y, en menor medida, las comunidades locales, para despejar millones de hectáreas de selvas y usar la tierra para plantar palma aceitera.

Según el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR, por sus siglas en inglés), las plantaciones de palma aceitera “cubrían 7,8 millones de hectáreas” de Indonesia en 2011, y produjeron unas 23,5 millones de toneladas de aceite crudo ese año.

La forma más barata y fácil de despejar extensiones de tierra tan grandes es iniciar un fuego y dejar que el viento haga el resto. Los incendios también reducen la acidez del suelo de turba.

Esta materia orgánica y pastosa impide el cultivo de palmeras. Esto explica el hecho de que dos tercios de los incendios forestales en Indonesia ocurran en tierras turbosas.

Pero el suelo de turba se vuelve extremadamente tóxico en altas temperaturas porque emite gases de efecto invernadero y crea grandes nubes de humo. El fuego puede arder durante semanas, incluso meses, sobre la turba, poniendo en peligro la vida salvaje y las comunidades humanas hasta en zonas lejanas al lugar donde fue originado el incendio.

Desde hace muchos años, las compañías de aceite en Indonesia y Malasia, que juntas responden por 85 por ciento de la producción anual de aceite de palma, son objeto de fuertes críticas de activistas y científicos, quienes alertan que el método de causar incendios supone grandes riesgos ambientales y sanitarios para toda la región.

Aunque la mayoría de los incendios se originan en la isla indonesia de Sumatra, los cambios en la dirección del viento hacen que el humo viaje a países vecinos.

El mes pasado, por ejemplo, los incendios en Indonesia afectaron gravemente varias partes de Singapur y Malasia.

Las nubes de humo causadas por el fuego fueron tan grandes que Kuala Lumpur declaró estado de emergencia en varias partes del país, donde los índices de contaminación del aire llegaron a los 750 puntos el 23 de junio, muy por encima del nivel de peligro de 300.

El gobierno malasio aconsejó a los ciudadanos permanecer dentro de sus hogares, mientras que las autoridades de Singapur cancelaron las actividades de verano al aire libre, luego de que la población entrara en pánico y agotara las existencias de mascarillas de protección.

El índice promedio de contaminación del aire en Malasia y Singapur ahora es superior a 100, un drástico incremento respecto de la década pasada, lo cual “contribuye al cambio climático y va seriamente en detrimento de la salud de la población en la región”, dijo a IPS el ambientalista malasio Gurmit Singh.

El público acusa los gobiernos, a las corporaciones e incluso a las comunidades locales, pero la presión no alcanza para promover acciones concretas.

Los ministros de Ambiente de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) se trasladaron a la capital de Malasia la semana pasada para buscar una solución a lo que ya constituye una crisis recurrente. Pero las conversaciones concluyeron el 17 de este mes sin que se llegara a un acuerdo.

Lo único que aprobaron los ministros de Brunei, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia fue una exhortación a que el parlamento indonesio ratifique para antes de 2014 el Acuerdo de la Asean sobre Contaminación Transfronteriza con Neblina, de 2002.

El resultado del encuentro ministerial no sorprendió a T. Jayabalan, consejero de salud pública y asesor de la oficina en Malasia de la organización Amigos de la Tierra.

“Durante casi 20 años, esos gobiernos adoptaron una actitud displicente hacia el problema”, dijo IPS.

El experto duda que se adopten medidas concretas que puedan afectar las ganancias de las compañías de aceite de palma.

Una rápida ojeada a lo que está en juego respalda la opinión de Jayabalan: según CIFOR, la producción aceitera atrajo divisas a Indonesia por unos 12.400 millones de dólares en 2008, mientras que el gobierno recaudó otros 1.000 millones de dólares en impuestos a la exportación ese mismo año.

El sector emplea a unas 3,2 millones de personas cada año, algo significativo en un país donde 30 millones viven por debajo de la línea de pobreza.

A comienzos de este año, la Asociación Indonesia de Productores de Aceite de Palma presentó un ambicioso plan para lograr un crecimiento de 5,4 por ciento del sector para 2020, añadiendo otras cuatro millones de hectáreas para plantar palma.

Frente a estos proyectos, se necesitan medidas concretas, “en vez de seguir hablando y postergando decisiones clave”, urgió Jayabalan.

Él y otros expertos creen que el primer paso es reconocer el papel de las compañías de aceite de palma en los incendios.

Información publicada el mes pasado por el World Research Institute (WRI), con sede en Washington, indica que el número de incendios forestales por hectárea es “tres o cuatro veces mayor” en las tierras concedidas a esas empresas que fuera de ellas.

La investigación también señala que hay significativas discrepancias entre los mapas elaborados por el Ministerio de Silvicultura y los realizados por las compañías aceiteras.

“Esto crea confusión sobre la responsabilidad por los incendios”, indicó el WRI.

Como se esperan más incendios para agosto y octubre, ambientalistas instan a los gobiernos a que afronten el problema “antes de que la población sufra por los contaminantes” desatados por el humo, indicó Singh.

Varios estudios han demostrado que la contaminación por las nubes de humo incrementa los casos de infecciones en las vías respiratorias superiores, de asma y de rinitis.

 
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