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Europa da señales confusas sobre biocombustibles

Cosechadora de caña de azúcar en Brasil. Crédito: Mario Osava/IPS.

Cosechadora de caña de azúcar en Brasil. Crédito: Mario Osava/IPS.

BRUSELAS, 12 jul 2013 (IPS) - El Parlamento Europeo analiza una regulación sobre biocombustibles que tiene en cuenta las emisiones derivadas de los cambios indirectos en el uso de la tierra.  Pero también permite la expansión del sector, lo cual pondría en peligro la seguridad alimentaria de los más pobres, dicen los críticos.

La Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo votó el jueves 11 una iniciativa que limita el uso de biocombustibles en el transporte a 5,5 por ciento. Este guarismo fue acordado entre el Partido Verde Europeo, que pidió un tope de tres por ciento, y el centroderechista Partido Popular Europeo, que quería un máximo de 6,5 por ciento.

El tope lo introdujo la Comisión Europea (órgano ejecutivo de la Unión Europea) hace un año, a raíz de críticas de que la política estimulaba los precios de los alimentos, causando hambre en las naciones en desarrollo.

La propuesta también requiere que las empresas midan la cantidad de cambios indirectos en el uso de la tierra que causan sus combustibles. Esa advertencia se refiere al despeje de bosques tropicales, de turberas y humedales ricos en carbono secuestrado para satisfacer la demanda de más tierras, lo que causa emisiones adicionales.

Cuando se tiene en cuenta el factor del cambio indirecto en el uso de la tierra, resulta que muchos biocombustibles generan más emisiones contaminantes que los de origen fósil.

“La introducción del cambio indirecto en el uso de la tierra es el elemento más importante de esta votación”, dijo a IPS el europarlamentario Bas Eickhout, del Partido Verde.

“Además, el tope de 5,5 por ciento incluye cultivos para biocombustibles que compiten con la producción alimentaria por el uso de la tierra y el agua. Esto es un contratiempo para la industria, que solo quería continuar haciendo negocios como de costumbre”, agregó.

“Pero esto aún no terminó. Este texto todavía tiene que aprobarse en la reunión plenaria. Sabemos que la industria se está preparando para una lucha pesada”, dijo.

Los ambientalistas tienen sentimientos encontrados sobre esta regulación. “Desde el punto de vista del clima, este resultado es inesperadamente positivo: de ahora en adelante solo se subsidiará a los biocombustibles sostenibles”, dijo Marc-Olivier Herman, experto en biocombustibles de Oxfam Internacional, en entrevista con IPS.

“Pero en lo relativo a la seguridad alimentaria, el resultado es rotundamente negativo. El año pasado, la Comisión propuso cinco por ciento para proteger a la industria existente, mientras bloqueaba su expansión. Todo lo que supere este porcentaje es injustificable. Eso significa un crecimiento subsidiado del sector, lo que causa más especulación sobre la tierra y los alimentos, así como más inseguridad alimentaria y hambre”, añadió.

La propuesta de aumentar el porcentaje tiene lugar pese a los pedidos del relator especial de las Naciones Unidas sobre el Derecho a la Alimentación, Olivier De Schutter, quien el 23 de abril escribió a los legisladores y el 19 de junio visitó el Parlamento Europeo para dejar en claro los efectos perjudiciales de la política del bloque sobre la seguridad alimentaria en las naciones en desarrollo.

“Las políticas agrícolas y energéticas de la Unión Europea (UE) tienen enormes impactos sobre los países en desarrollo, cuyos mercados están intervinculados con los del bloque”, dijo De Schutter a IPS antes de la reunión.

“Los mandatos del biocombustible envían una fuerte señal a los inversores, y por lo tanto disparan presiones comerciales sobre la tierra en los países en desarrollo, y aumentan la volatilidad de los precios”, agregó.

De Schutter citó estudios del Centro Común de Investigación de la UE, según los cuales para 2020 los objetivos de la UE en materia de biocombustibles pueden presionar al alza los precios de los aceites vegetales en 36 por ciento, los del maíz en 22 por ciento, los del trigo en 13 por ciento y los de las oleaginosas en 20 por ciento.

Además, según De Schutter, los pequeños agricultores en los países en desarrollo son víctimas de dos modos diferentes.

“La demanda de biocombustibles de la UE aumentó las presiones existentes sobre la tierra en los países en desarrollo”, dijo, lo que favoreció grandes proyectos orientados a las exportaciones en detrimento de los intereses de los pequeños productores.

“De hecho, los pequeños agricultores cuyo acceso a la tierra y a los recursos está amenazado por las inversiones a gran escala a menudo están entre los más afectados por el aumento en los precios de los alimentos”, apuntó.

“Los cultivadores más pobres, aunque dependen de la agricultura de subsistencia para obtener parte de lo que consumen, con frecuencia son compradores netos de alimentos, contrariamente a la percepción común”, señaló.

De Schutter dijo a IPS que su propuesta es “ofrecer una evaluación de derechos humanos acerca de las principales políticas que tienen impactos en todo el mundo, y recordar a los políticos los requisitos del derecho a la alimentación”.

 
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