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“Cuando la cuerda de la desigualdad revienta, usted tiene una crisis política”

Constanza Vieira entrevista a KANAYO NWANZE, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)

El presidente del FIDA, Kanayo Nwanze, entrevistado por IPS al concluir su visita por Perú y Colombia del 2 al 8 de agosto de 2013. Crédito: Juan Manuel Barrero/IPS

El presidente del FIDA, Kanayo Nwanze, entrevistado por IPS al concluir su visita por Perú y Colombia del 2 al 8 de agosto de 2013. Crédito: Juan Manuel Barrero/IPS

BOGOTÁ, 10 ago 2013 (IPS) - “No hay desarrollo sin paz. Se debe entender que, para que un país tenga desarrollo, debe haber un proceso interno de paz”. El nigeriano Kanayo Nwanze, presidente del FIDA es categórico con relación a Colombia: “Debemos crear una plataforma de confianza” en las comunidades rurales abandonadas.

El  FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola), es la única agencia de la ONU creada para prestar apoyo financiero a campesinos y pequeños agricultores. Trabaja con los gobiernos, pero en iniciativas delineadas de abajo hacia arriba. La población organizada propone sus propios proyectos de vida y compite para que estos sean atendidos y consigan financiación, en el caso de Colombia a través del Ministerio de Agricultura.

El dinero es administrado por las propias comunidades. Más de 1.700 proyectos de grupos rurales colombianos han obtenido apoyo de este modo, si bien el programa del FIDA Oportunidades Rurales que lo hizo posible está por finalizar tras un ciclo iniciado en 2007.

Ahora, el FIDA lanza en Colombia un nuevo programa con eel Ministerio de Agricultura, que actuará en áreas de guerra definidas por el gobierno con un concepto polémico que abarca cuestiones de seguridad y de desarrollo: las zonas de “consolidación territorial”.

“Los pequeños y medianos negocios en zonas rurales son una fuente de estabilidad social para los países”, dijo Nwanze entrevistado por IPS en Bogotá, al concluir su visita por dos países andinos sudamericanos, Perú y Colombia, que inició el 2 de este mes.

Nwanze, un experimentado científico especializado en desarrollo agrícola, se reunió con los presidentes de los dos países, Ollanta Humala, de Perú, y Juan Manuel Santos, de Colombia, y también visitó y dialogó con campesinos y comunidades rurales.

IPS: El FIDA tiene amplia experiencia en trabajo en zonas de conflicto para promover el desarrollo y ayudar a afianzar la paz. ¿Cómo la puede aplicar en Colombia?

KANAYO NWANZE: En muchos lugares de África y Asia, e India es un muy buen ejemplo, descubrimos que si existe capacidad de organizar a las poblaciones rurales, mujeres, hombres y niños, y de darles oportunidades de obtener un empleo que les permita ganarse la vida, es menos probable que los jóvenes, en particular, se sientan atraídos por la retórica del extremismo.

Acabamos de lanzar un nuevo programa, el Proyecto de Construcción de Capacidades Rurales: Confianza y Oportunidad (TOP por sus siglas inglesas), que lleva la anterior iniciativa a un dimensión diferente y mucho mayor.

Creemos que contribuirá de modo significativo a traer esperanza, desarrollo económico e inclusión social a zonas rurales. Y esperamos que aporte a la paz y al desarrollo de Colombia.

"Los problemas que la gente suele enfrentar en esas comunidades es la forma en que se les presenta una idea o un concepto: hay que evitar caer en paracaídas y decirles lo que tienen que hacer". - Kanayo Nwanze

IPS: La mayoría de los lugares donde se desplegará este proyecto son zonas de guerra. ¿Qué dificultades concretas puede implicar esto?

KN: Puedo hablar de nuestras experiencias en otros lugares. Un buen ejemplo es el noreste de India, donde ejecutamos proyectos de desarrollo y manejo comunitario de recursos naturales.

El impacto inicial no fue solo en esos aspectos, sino que generó tales beneficios económicos que la gente joven que anteriormente estaba involucrada en el extremismo pasó a tener empleo, y eso redujo el alcance de la insurgencia.

El FIDA es una institución única. Además de ser una agencia especializada de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), lo cual le da legitimidad mundial y la confianza de poblaciones y gobiernos, tiene la capacidad de organizar a los pueblos rurales para que adquieran una plataforma propia y estructural de gobernanza para operar.

Se necesita un mecanismo para construir confianza entre las poblaciones en zonas de guerra y los gobiernos. Y eso es lo que el FIDA hace fantásticamente. Confiamos en las comunidades y somos confiables para ellas, nos ven como sus amigos. Los gobiernos con los que trabajamos, como el de Colombia, ven que somos apolíticos, que nuestros intereses son en favor de la población y por una política de diálogo nacional.

Los problemas que la gente suele enfrentar en esas comunidades es la forma en que se les presenta una idea o un concepto: hay que evitar caer en paracaídas y decirles lo que tienen que hacer.

El FIDA no es una institución verticalista, sino de abajo hacia arriba. Uno camina junto a  las comunidades. Ellas deben ser parte del proyecto, apropiarse de él. Se comprometen con él cuando lo sienten propio y quieren que tenga éxito. Si uno lo arroja de un paracaídas, lo rechazan.

No hay ninguna otra institución que yo conozca que vaya a las áreas más remotas e inaccesibles de los países. El FIDA sí lo hace.

IPS: ¿El proyecto TOP armoniza con las políticas colombianas o se alinea con ellas?

KN: Hay que entender que el FIDA solo trabaja con los gobiernos y no define lo que estos deberían hacer. Trabaja también con otros socios y poblaciones rurales para determinar el programa que quieren.

Ahora, la mayor prioridad del presidente Santos es la paz y el desarrollo inclusivo. Entonces, ¿qué hacemos? Decimos: de acuerdo.

Hemos destinado 25 millones de dólares. Esta suma no es nada para Colombia. Pero lo que traemos es conocimiento y experiencia sobre cómo trabajar con poblaciones rurales. De modo que somos un facilitador. Por tanto, nuestros programas se definen de acuerdo a la estrategia y las prioridades de los gobiernos ante sus pueblos.

Nuestros programas no son políticos. Pero sus resultados pueden tener un impacto político, porque traen estabilidad política y confianza en la comunidad, lo cual constituye el basamento de la paz.

En América Latina, en Brasil, Perú o Guatemala, o en diferentes países de África o de Asia, cuando uno va a las comunidades, ve el compromiso y el entusiasmo que tienen por el simple hecho de que están realizando actividades que dignifican y generan dinero.

¿Le parece que querrán tomar las armas contra el gobierno? No. Y eso es fundamental.

IPS: ¿Qué impresión se llevó de su recorrido por Perú y Colombia?

KN: Quedé asombrado de lo que vi en los dos países. En Perú, por el compromiso del presidente con la agricultura y el desarrollo rural. También me impresionó el énfasis que se da en los dos países a construir paz mediante inversiones en desarrollo.

A menos que tengamos comunidades rurales potentes, no podremos lograr el desarrollo sostenible en ningún país, pues siempre existe esa brecha entre los que tienen y los que no tienen. Cuando esa brecha llega a cierto punto, es como una cuerda que revienta. Y cuando revienta, usted tiene una crisis política.

 
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