Los desiertos pueden salvar los bosques
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Los desiertos pueden salvar los bosques

La recuperación de tierras desérticas y arenales en el condado de Wengniute, Mongolia Interior, China, está bien encaminada Crédito: Manipadma Jena/IPS

La recuperación de tierras desérticas y arenales en el condado de Wengniute, Mongolia Interior, China, está bien encaminada Crédito: Manipadma Jena/IPS

KUBUQI, China, 20 ago 2013 (IPS) - La protección de los desiertos puede salvar los bosques, coinciden especialistas de varios países, quienes destacan la importancia de resguardar y mejorar la ecología de estos áridos territorios.

“Cuando llegue el momento de dejar que nuestros bosques sobrevivan para preservar los servicios de su ecosistema, las miradas se dirigirán a esos grandes espacios de tierra que son los desiertos, en busca de seguridad alimentaria y sustento”, opinó el biólogo israelí Uriel N. Safriel, en entrevista con IPS durante el IV Foro Internacional de Desiertos, realizado en Kubuqi, en el norte de China, a principios de este mes.

Los especialistas del mundo entero, reunidos en esta ciudad de la región autónoma de Mongolia Interior,  se preocupan por el proceso de desertificación, que principalmente tiene que ver con la pérdida de productividad biológica relacionada con la falta de agua en zonas áridas y semiáridas.

A diferencia de los desiertos naturales, la evaporación en las tierras que se secan puede ser 1,5 veces mayor que las precipitaciones. La gestión no sostenible de esas zonas, sumada al cambio climático, contribuyen a la creación de desiertos fabricados por las actividades humanas.

La desertificación avanza a un ritmo de entre 50.000 y 70.000 kilómetros cuadrados al año y 38 millones de kilómetros cuadrados, o alrededor de una cuarta parte de las tierras del mundo, ya son desiertos. Esto incluye 41 por ciento de las tierras agrícolas.

El proceso implica pérdidas de más de 40.000 millones de dólares anuales y afecta a 110 países, observaron los científicos.

Algunas de las regiones perjudicadas recurren a nuevas y más eficientes tecnologías para lograr la productividad de las tierras secas. Israel es uno de los líderes mundiales en el control y las tecnologías de producción de los desiertos. Solo 17 por ciento de su territorio es cultivable, el resto es desierto.

“En Israel se dice que donde terminan las tuberías, comienza el desierto”, dijo Safriel, de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Safriel fue director del Instituto Jacob Blaustein para la Investigación de Desiertos y ha encabezado numerosas evaluaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

El especialista se refería a los 300 kilómetros de tuberías del Acueducto Nacional que en años de abundancia transporta agua del mar de Galilea para su almacenamiento en un acuífero costero ubicado a 200 metros por debajo del nivel del mar.

El acuífero se extiende por unos 120 kilómetros a lo largo del mar Mediterráneo en el sudoeste de Israel.

Además, Israel recicla 90 por ciento del agua de consumo doméstico para cubrir 20 por ciento de sus necesidades de irrigación, controlada por computadora para evitar desperdicios.

Ese país también usa su agua salobre para riego por goteo para las variedades de plantas resistentes a la sal.

Entre las prácticas empleadas se destacan los invernaderos donde se cultivan frutas y verduras de gran calidad para exportar a Europa en el invierno boreal.

Las propias tuberías sirven para producir la microalga Hematococus, cuyo colorido pigmento se usa como aditivo en el alimento de peces y se vende a 2.000 dólares por kilogramo.

Mientras una región semiárida como Australia consume 750 litros de agua para producir un kilogramo de trigo, en el árido territorio israelí se usan 50 para esa cantidad de peces e, incluso, se recicla el líquido usado. 

El éxito de Israel radica en el suministro de agua. En cambio, en la región de Mongolia Interior, los esfuerzos se concentran en la reforestación y en el cultivo de zonas secas.

Esta región tiene cuatro de los ocho desiertos de China. En la actualidad, la mitad de Mongola Interior, rica en minerales, es desértica, lo que equivale a 60.000 kilómetros cuadrados

Las fuertes tormentas de arena que se producen en la primavera boreal en el desierto de Gobi, en el sur de Mongolia, devoran todos los años grandes porciones de tierras cultivables de ese país.

Elio Resources Group, la mayor empresa china especializada en ecología del desierto, trata de crear un oasis de 200 kilómetros de largo y 20 de ancho en medio del desierto de Kubuqi, de 13.000 kilómetros cuadrados, cerca de Beijing.

La compañía plantó 1.000 kilómetros cuadrados de árboles y creó plantas adaptadas al desierto como regaliz y sauces, que son resistentes a la falta de agua y eficientes desde el punto de vista ecológico.

“Nos llevó un total de cinco años crear la variedad semisilvestre del arbusto medicinal regaliz Liangwai, que crece bien en terrenos desérticos”, dijo a IPS el presidente de la compañía Wang Wenbiao.

El reverdecimiento del desierto de Kubuqi comenzó a dejar dividendos, asegura la compañía.

Según sus directivos, las lluvias de los últimos años promediaron los 300 milímetros anuales, bastante por encima de los 70 de antes. Además, las paredes verdes ayudaron a disminuir el número de tormentas de arena a cuatro, muy por debajo de las 80 anuales que eran habituales.

Además de las políticas existentes en materia de desertificación, los países afectados necesitan medidas contra las arenas movedizas, remarcó el especialista Rafaat Fahmy Misak, radicado en Kuwait, en entrevista con IPS.

“Un tercio del fértil delta del río Nilo y entre 10 y 30 por ciento de las tierras cultivables fuera de los límites de los oasis se degradaron por las arenas movedizas después de cinco años de sequías continuas”, explicó,

A su juicio,  el densamente poblado oasis de Jarga, con 6.000 kilómetros cuadrados, es el más perjudicado del desierto en Egipto. Las arenas movedizas arrasan con todas las formas de vida y salinizan las preciadas fuentes de agua.

El director del Centro de Investigación de Desiertos, con sede en El Cairo, Raafat Jidr, dijo a IPS: “Fijamos las arenas movedizas cultivando plantas aceiteras como jatrofa, jojoba y morenga, regadas con aguas residuales. El remanente del extracto de aceite se usa para alimentar ganado y aves de corral”.

Los costos de las medidas contra la desertificación son un gran problema, subrayaron los expertos.

“Para un trabajo intensivo sobre las dunas movedizas, que incluye construir barreras mecánicas para ayudar a controlar el desplazamiento de la arena, el costo puede aumentar de forma drástica hasta unos 4.000 dólares”, indicó a IPS el especialista en tierras áridas de Australia, Victor R. Squires.

“Se justifica pagar un costo elevado para proteger la infraestructura como carreteras, vías férreas, canales y asentamientos”, añadió.

Los especilistas también sostienen que prevenir la desertificación es más barato que revertirla. Sin embargo, un mayor conocimiento sobre las distintas técnicas de recuperación sigue siendo un tema de controversia.

La iniciativa de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (CNULD) para calcular “los costos de la falta de acción” arrojará luz al respecto.

“Ecuador pierde 2.000 millones de dólares, o 12 por ciento de su producto interno bruto agrícola, por la desertificación y la degradación de tierras, mientras Guatemala y Honduras, 18 por ciento”, indicó el experto  Sigifredo Morales, economista chileno del CNULD.

En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), realizada en Brasil en 2012, el foro acordó luchar por una degradación neutral de tierras en el mundo para 2030. Podrá ser una propuesta cara, pero necesaria, coincidieron los ecologistas.

 


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