Transgénicos buscan nuevas tierras en Pakistán
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Transgénicos buscan nuevas tierras en Pakistán

KARACHI, Pakistán, 27 ago 2013 (IPS) - Después de varios contratiempos en India en los últimos años, la industria de organismos genéticamente modificados mira a Pakistán como su próximo lugar de expansión, denuncian ambientalistas.

Las trasnacionales “quieren recuperar la pérdida de mercado que sufrirán cuando se prohíban los ensayos de campo con alimentos genéticamente modificados en India”, explicó la ambientalista Azra Sayid en entrevista con IPS.

Trigo en India. Crédito: Kinshuk Sunil/CC BY-SA 2.0

Trigo en India. Crédito: Kinshuk Sunil/CC BY-SA 2.0

La también especialista en seguridad alimentaria calificó la iniciativa de “nueva arremetida de las corporaciones imperialistas” en su “insaciable sed de lucro”.

Un comité de expertos creado por la Corte Suprema de Justicia de India recomendó el 23 de julio implementar una moratoria indefinida sobre los ensayos en el terreno de semillas transgénicas hasta que el gobierno establezca mecanismos adecuados para regular y garantizar su uso seguro.

El comité permanente para agricultura del parlamento pidió en un informe de agosto de 2012 que se prohibieran ese tipo de semillas en el país y, en marzo del mismo año, cinco estados indios, Bihar, Madhya Pradesh, Kerala, Uttarakhand y Karnataka, decidieron prohibir su uso.

Sayeed, quien representa a la organización Heading Roots for Equity, está alarmada de que tres compañías multinacionales, Monsanto, Pioneer y Syngente, se hayan reunido con el Ministerio de Seguridad Alimentaria de Pakistán para solicitar el lanzamiento de semillas genéticamente modificadas de maíz y algodón.

La organización, con sede en esta sureña ciudad portuaria de Karachi, aboga por el derecho a la alimentación de las comunidades pobres.

Se encomendó a la Agencia de Protección Ambiental de Pakistán realizar una evaluación de impacto.

Sayeed señaló que la gigante de la agroindustria Monsanto hace tiempo que busca que se apruebe su maíz transgénico basándose en ensayos de campo realizados por la propia corporación.

La especialista calificó la iniciativa de moratoria por tiempo indefinido en India como “una posición muy progresista y a favor de la gente”, y dijo que los motivos también eran válidos para Pakistán.

La alternativa sería un “golpe demoledor no solo porque erosionaría las semillas autóctonas, sino porque tendría efectos más devastadores sobre los pequeños agricultores y los campesinos sin tierra”, indicó Sayid.

Una serie de suicidios de agricultores en distintas partes de India, y en especial en áreas donde se habían plantado semillas transgénicas de algodón hace una década, llamó la atención sobre el posible impacto de ese tipo de cultivos en los ingresos de los campesinos.

El comentario que hizo el príncipe de Gales, Carlos, en una conferencia realizada en Nueva Delhi en 2008 sobre una posible conexión entre el suicidio de agricultores y los cultivos transgénicos alentó a los activistas a hacer campaña contra el sometimiento del gobierno indio a la principal industria de alimentos transgénicos con sede en Estados Unidos.

¿Por qué los transgénicos parecen mala palabra y por qué deja un retrogusto amargo en la boca de todo el mundo?

Pervaiz Amir, economista y miembro de la Comisión de Cambio Climático del primer ministro de Pakistán, dijo que demasiados transgénicos significan “mutaciones incontroladas que crean monstruos. Es como si jugaran a ser Dios modificando genéticamente la creación de especies o variedades”, dijo a IPS.

Quienes defienden a los cultivos transgénicos arguyen que pueden mejorar la productividad, pero otros especialistas sostienen que la tecnología no es la única forma de lograr la seguridad alimentaria.

“Pakistán puede duplicar su potencial de producción actual en todos sus cultivos con solo aumentar los insumos y mejorar la gestión del agua, así como eliminando las restricciones institucionales”, indicó Amir.

Además, el papel de los mercados es fundamental para la seguridad alimentaria, apuntó.

Pakistán no solo produce para el consumo interno, sino para Medio Oriente, Afganistán y partes de Asia central, indicó.

“Tenemos las posibilidades e incluso la capacidad científica, pero no la de gestión, para producir lo que mejor cultivamos”, añadió.

Amir comparó las semillas transgénicas con ataques de aviones no tripulados (drones).

“La pérdida de control es la pérdida de casi todo, incluso de soberanía”, indicó.

“Choca contra la Ley de Arrendamiento de Punyab de 1929, que no permite que intereses no agrícolas posean tierras cultivables”, explicó Yusuf Agha, activista que prepara una demanda ante la Corte Suprema de Justicia contra de la Ordenanza Agrícola Corporativa de 2000 sobre el alquiler de tierras.

Si las multinacionales logran insertarse en el sector agrícola de Pakistán y atraer a los agricultores para que compren semillas transgénicas, estos van a perder sus variedades autóctonas cultivadas desde hace siglos.

En julio de este año, unos 500 agricultores orgánicos en el occidental estado de Gujarat anunciaron que crearían bancos de semillas para resistir el embate de las variedades transgénicas.

“Deberían prohibirse todas las semillas transgéncias; y los recursos naturales renovables, que pertenecen a la humanidad, no deberían tener patente ni ser monopolizados”, arguyó la ambientalista Najma Sadeque, que estudia las tendencias agrícolas en India desde hace dos décadas.

Su libro “The Great Agricultural Hoax” (El gran fraude agrícola) es un acopio de información sobre las “consecuencias venenosas” de depender de las semillas transgénicas.

Pero el profesor Atta-ur-Rahman, un reconocido científico de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, dijo en entrevista con IPS que los alimentos transgénicos no son perjudiciales para la salud.

“No hay ni un solo caso que lo pruebe; solo son temores”, aseguró.

Sin embargo, opinó que Pakistán tiene que generar sus cultivos transgénicos con su propia tecnología.

“Las semillas importadas pueden contener órdenes de caducidad que impiden que produzcan más cultivos a partir de las semillas de la primera cosecha. Eso puede volvernos totalmente dependientes de otros para cubrir nuestras necesidades en materia agrícola, y podemos quedar vulnerables a la explotación de otros países que quieren que sigamos sus instrucciones”, explicó.

 

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