Ataque en Nairobi expone fallas en política antiterrorista de EEUU
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Ataque en Nairobi expone fallas en política antiterrorista de EEUU

WASHINGTON, 25 sep 2013 (IPS) - Luego del peor atentado en África oriental en los últimos tres años, expertos en política exterior instan al gobierno de Estados Unidos a revisar su política antiterrorista en esa región.

Al menos 62 personas murieron en el asedio lanzado el fin de semana por el grupo radical islámico somalí Al Shabab contra el centro comercial de Westgate, en Nairobi. Muchos creen que la organización armada, vinculada a la red Al Qaeda, podría ser más fuerte y estar mejor organizada de lo que se creía.

Hace poco más de un año, fuerzas conjuntas de Kenia y Estados Unidos expulsaron a Al Shabab de su último baluarte en el sur de Somalia. Washington consideró esto como un ejemplo de éxito de su política antiterrorista. Pero lo que ocurrió en Westgate sugiere otra cosa.

“Este ataque debe verse como un llamado a la acción”, dijo a IPS la analista Katherine Zimmermann, del American Enterprise Institute, centro de estudios con sede en Washington. “Lo que muestra el atentado es que la lucha contra el terrorismo en África se estancó y que los grupos como Al Shabab son mucho más fuertes de lo que creía el gobierno de Estados Unidos”.

En los próximos días, políticos en Washington podrían revisar su enfoque contraterrorista, particularmente en Kenia, cuyo gobierno ha sido un aliado clave.

“Este ataque fortalece la idea de que la región solo debe verse a través de los lentes del antiterrorismo, sacrificando otros temas igualmente importantes que debe abordar la comunidad internacional”, dijo a IPS la analista Vanda Felbab-Brown, experta de la Brookings Institution en amenazas no tradicionales a la seguridad.

“La actual estrategia antiterrorista en la región se ha concentrado principalmente en ataques contra Al Shabab, cuando debería enfocarse en las causas estructurales de la radicalización”, indicó.

Felbab-Brown citó el alto desempleo, la débil economía somalí y la corrupción generalizada como las principales razones detrás de la radicalización de los jóvenes que se integran a Al Shabab. Los esfuerzos antiterroristas de Estados Unidos, señaló, le han dedicado poca o ninguna atención a estos temas.

Casi la mitad de la ayuda que aportó Washington a Somalia entre 2008 y 2011 -unos 445 millones de dólares- se destinó exclusivamente a asuntos de seguridad.

Lo que parece faltar en la estrategia estadounidense, según Felbab-Brown, es un “verdadero esfuerzo para mejorar la economía somalí e instar al gobierno a promover una más amplia inclusión política de los jóvenes”.

Expertos en Washington exhortan cada vez más a que la estrategia antiterrorista en África oriental incluya esfuerzos concretos para fortalecer a la sociedad civil y reconstruir el sistema judicial de Somalia, que sigue siendo disfuncional tras varias décadas de guerra civil.

Inmediatamente después del ataque, el gobierno de Estados Unidos prometió que ayudaría a Nairobi.

“Ofrecimos nuestra asistencia al gobierno de Kenia y estamos dispuestos a ayudar en cualquier forma que podamos”, dijo el sábado 21 el secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos, John Kerry.

Represalia esperable

La campaña antiterrorista de Estados Unidos en Somalia comenzó durante el gobierno del presidente George W. Bush (2001-2009).

Entonces, Washington ayudó tanto a Somalia como a la vecina Etiopía para derrotar a la Unión de Cortes Islámicas (UCI), que pretendía llenar el vacío de poder en Mogadiscio e instaurar un régimen de acuerdo con la shariá (ley musulmana).

Al Shabab se constituyó en el ala militar de la UCI, y desde entonces procuró expulsar a todas las “fuerzas hostiles” de la región.

No obstante, una coalición internacional respaldada por Estados Unidos logró avances significativos en su lucha contra Al Shabab, que debió abandonar varias ciudades somalíes claves.

Entre 2011 y 2012, las fuerzas de Kenia, apoyadas por Washington, lanzaron una serie de operativos antiterroristas en Somalia que lograron expulsar a la organización radical de Kismayo, ciudad costera importante por su acceso a las rutas del petróleo en el mar Rojo. Ese fue el último baluarte de Al Shabab en Somalia.

El Departamento de Estado estadounidense celebró la liberación de Kismayo y la consideró un “éxito en la campaña para expulsar a la organización terrorista Al Shabab de centros poblados de importancia estratégica”.

Pero el grupo, conformado por unos 5.000 combatientes, nunca fue realmente derrotado y sigue teniendo fuerza, como revela el último asedio al centro comercial en Nairobi.

El ataque a Westgate es solo la última de una serie de represalias de Al Shabab, que incluyó un ataque contra un recinto de la Organización de las Naciones Unidas en junio.

“El ataque terrorista en el centro comercial de Westgate en Nairobi fue evidentemente una represalia de Al Shabab por la presencia militar de Kenia en Somalia desde octubre de 2011, y una deliberada señal de que todavía es una fuerza que debe ser reconocida”, dijo el lunes 22 James Jennings, presidente de la organización de ayuda humanitaria Conscience International.

“Representa una continuación de la violencia que afectó a toda África oriental debido a la desintegración de Somalia, una guerra que se exporta cada vez más al resto de la región”, añadió el activista, cuya organización brindó ayuda durante la hambruna que azotó al Cuerno de África en 2011.

Otros analistas sugieren que el centro comercial fue un objetivo atractivo para los radicales islámicos porque era visitado por muchos occidentales, incluyendo estadounidenses.

 


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