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Barcos de esperanza encallan en Australia

Un oficial de policía hace guardia en un punto cercano a la sureña localidad de Galle, que a menudo usan los srilankeses para abordar barcos que viajan a Australia. Crédito: Amantha Perera/IPS.

Un oficial de policía hace guardia en un punto cercano a la sureña localidad de Galle, que a menudo usan los srilankeses para abordar barcos que viajan a Australia. Crédito: Amantha Perera/IPS.

COLOMBO, 26 sep 2013 (IPS) - Ananda, de 28 años y oriundo del sur de Sri Lanka, se decidió ante una simple ecuación económica: como nunca le alcanzaba el dinero, se jugó todo y embarcó el año pasado hacia Australia.

“Trabajaba de chofer en el taxi de tres ruedas de otra persona, y ganaba unas 25.000 rupias (180 dólares) en los meses buenos. Estaba harto”, relató Ananda (nombre ficticio) a IPS.

Pagó 300.000 rupias (2.160 dólares), que obtuvo de los ahorros de su madre, y se unió a un grupo de unos 50 hombres para recorrer 6.800 kilómetros que debían insumir un mes.

Pero su viaje no duró mucho. Cerca de la medianoche abordó una embarcación pesquera a tres kilómetros de la costa, a la que llegó en bote. Para el mediodía siguiente ya estaba de vuelta en tierra firme.

“Alguien pasó el dato, y la armada estaba esperándonos apenas empezamos el viaje”, dijo Ananda, nacido en Weligama, parte del sureño distrito de Matara.

Él fue uno de los 10.000 srilankeses que el año pasado intentaron el peligroso viaje al destino australiano. Según el Departamento de Ciudadanía de Australia, 6.428  personas consiguieron ingresar a sus aguas.

Las autoridades srilankesas dicen haber frustrado más de 3.000 intentos el año pasado. Y se presume que una cantidad desconocida de personas perecieron en el mar.

Todo srilankés detenido en aguas de Australia pierde el derecho a optar por la ciudadanía aunque logre el estatus de refugiado, y se lo obliga a trasladarse a las islas Nauru o Papúa Nueva Guinea.
Ananda pertenece a la mayoría cingalesa. Apenas unos 1.000 cingaleses llegaron a Australia de este modo el año pasado. La mayor parte pertenecen a la minoría tamil del nororiente de Sri Lanka, devastado por tres décadas de guerra.

Kanan es un joven de Kilinochchi, pujante centro neurálgico de la norteña región de Vanni, pero arrasado por el conflicto que finalizó en mayo de 2009 y en lenta recuperación.

Para Kanan y muchos otros jóvenes, la mejoría es demasiado lenta.

“Aquí no hay trabajo”, dijo Kanan. El desempleo de la región es el más alto del país. Según estadísticas del gobierno, es de entre cinco y ocho por ciento, pero estudios independientes multiplican esos porcentajes por tres.

Kanan viajó en agosto hacia la costa este, y un intermediario de Kilinochchi le consiguió un lugar en una embarcación repleta.

“Pagué 100.000 rupias, el resto lo iba a poner mi familia apenas yo llegara”, dijo. El costo total era de un millón de rupias (unos 7.200 dólares). El barco naufragó seis días después de haber zarpado, y buques militares de Sri Lanka lo remolcaron hasta la costa.

Kanan volvió a su aldea natal. Sigue desempleado y soñando con una vida más próspera en otra parte.

Más allá del empleo, se decidió a viajar en un barco destartalado y sin más instrumentos de navegación que un GPS manual, en gran medida por el clima de posguerra que sigue imperando en el norte. “Para los militares y la policía siempre soy sospechoso”, explicó.

Canberra impuso leyes más duras para disuadir a los “balseros” de Sri Lanka. Desde mediados de este año, todo srilankés detenido en aguas de Australia pierde el derecho a optar por la ciudadanía australiana aunque logre el estatus de refugiado, y se lo obliga a trasladarse a las islas Nauru o Papúa Nueva Guinea.

El gobierno australiano también ha lanzado una importante campaña de publicidad para desalentar ese tránsito inmigratorio.

La línea dura parece estar funcionando. En el último año, llegaron a Australia menos barcos desde Sri Lanka. Para fines de agosto, 1.957 srilankeses habían llegado a suelo australiano por esa vía, menos de un tercio que en 2012.

El nuevo gobierno derechista, investido el 18 de este mes, puede adoptar medidas más estrictas, como la deportación directa de las embarcaciones, eliminar la posibilidad de revisión de solicitudes de refugio y reducir las quotas de admisión de refugiados.

La acción de las autoridades australianas se basa en la conclusión de que la mayoría de quienes abordan esos buques no son refugiados sino inmigrantes “económicos”.

La situación económica juega un rol crucial, pero la decisión de abordar un barco para semejante viaje obedece a muchos otros factores, dijo a IPS la directora de cabildeo e investigaciones del Human Rights Law Centre de Melbourne, Emily Howie.

“Los srilankeses viajan hacia Australia por una compleja combinación de asuntos económicos, políticos y de seguridad”, explicó.

En la investigación “Sri Lankan Boat Migration to Australia: Motivations and Dilemmas” (Migración srilankesa por barco a Australia: Motivaciones y dilemas) Howie sostiene que deportar las embarcaciones no es la solución.

Un 90 por ciento de las solicitudes de refugio de srilankeses en Australia resultaron genuinas, dijo.

“En vez de reducir opciones, Australia debería trabajar con otros países de la región para garantizar formas seguras y viables de proteger” a quienes lo necesitan, señaló.

Otros analistas creen que la mayor motivación de este flujo migratorio sigue siendo la pobreza.

“La desolación económica es la causa fundamental para emigrar, incluso entre los excombatientes”, dijo a IPS el economista Muttukrishna Sarvananthan, quien dirige el Instituto de Desarrollo Point Pedro, dedicado a las investigaciones económicas en la norteña Jaffna, Sri Lanka.

A fines de 2010, Sarvananthan llevó a cabo una encuesta en el norte de la isla, específicamente dirigida a excombatientes, jóvenes y mujeres solas. Más de 70 por ciento de las personas encuestadas declararon que las malas condiciones de vida eran su principal motivo para querer abandonar el país.

Otro 41 por ciento dijeron mencionaron también la falta de oportunidades. Apenas 14 por ciento de los consultados respondieron que la situación de seguridad era la principal razón por la que querían huir de Sri Lanka.

 

 
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