Cameruneses entre las enfermedades y los medicamentos falsificados
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Cameruneses entre las enfermedades y los medicamentos falsificados

En los mercados y al costado de carreteras de Yaoundé, los fármacos falsificados e ilegales se acumulan en mesas y estantes de madera, a la vista de todos. Crédito: Monde Kinglsey Nfor/IPS.

YAOUNDÉ, 10 sep 2013 (IPS) - Cuando el camerunés François Biloa contrajo paludismo, su familia hizo lo que siempre había hecho antes: le dio antibióticos y otros medicamentos comprados en el mercado local. Solo cuando su situación empeoró y quedó inconsciente y postrado en su cama, sus parientes lo llevaron a una clínica de la capital.

Según el asistente de la clínica, antes de ser ingresados, seis de cada 10 pacientes usan fármacos ilegales o falsificados, fáciles de encontrar en el mercado de esta nación de África occidental.

“Nosotros compramos medicinas en un comercio porque eso nos funcionó con ataques (anteriores) de paludismo, y son muy baratos. Con apenas dos dólares solemos comprar un paquete de Coartem (falso), que es un tratamiento completo” para la enfermedad, explicó Biloa a IPS desde su cama en el hospital.

“La automedicación (con fármacos ilegales y falsificados) causa problemas de salud comunes en los hospitales locales, y los peores casos se registran en los ubicados en barrios pobres y comunidades rurales donde el nivel de pobreza es muy alto y el acceso a un médico es costoso”. Williams Takang, del Hospital Universitario de Yaoundé
En las farmacias, un paquete de Coartem cuesta entre siete y ocho dólares, mientras que en el mercado ilícito un paquete del mismo fármaco puede adquirirse por menos de tres dólares. Una consulta médica cuesta cuatro dólares en promedio.

“Pero en este hospital me dicen que ahora mi factura supera los 75 dólares. El médico dice que tengo una cepa resistente de la malaria (como también se conoce al paludismo), y también fiebre tifoidea”, señaló Biloa.

“Sentí como si estuviera muriendo durante mi intento de tratamiento en casa. Solo empecé a recuperar energía y conciencia luego de (venir a) esta clínica”, relató.

En mercados y al borde de las carreteras de todo Yaoundé, medicinas falsificadas e ilegales se apilan en mesas y estantes de madera, donde se las exhibe abiertamente para su venta. El comercio de estos fármacos es ilegal. Si están disponibles es a consecuencia de una regulación débil, de servicios de salud de mala calidad y de los elevados costos médicos.

No hay cifras precisas sobre la cantidad de medicamentos ilegales que ingresan a Camerún, pero hasta 70 por ciento de los fármacos que se venden en el país se comercian clandestinamente, dijo Christophe Ampoam, del Consejo Nacional de la Sociedad Farmacéutica de Camerún.

Según Ampoam, este comercio de medicación ilícita está tan bien organizado que funcionarios del gobierno y la policía no logran frenarlo.

“El comercio de fármacos ilícitos en Camerún opera como una red muy poderosa, similar a la mafia, que es muy difícil de desmantelar. Se estima que la venta de medicinas ilícitas es cinco veces más lucrativa que a través del sistema regular. Los funcionarios locales tienen terror de desmantelar la red porque esta también ha infiltrado el sistema judicial y aduanero”, explicó Ampoam a IPS.

“Los sistemas regulatorio y legal corruptos son fácilmente explotados por contrabandistas, y las reglas adicionales solo han aumentado la corrupción”, sostuvo.

Ampoam dijo que la mayoría de las medicinas falsificadas se fabrican en Medio Oriente y Asia oriental y meridional, aunque muchas portan la inscripción “Hecho en Alemania”.

Ingresan clandestinamente a Camerún por mar y a través de las porosas fronteras con Nigeria y con la República Centroafricana.

“Aunque es difícil brindar una estadística exacta sobre el porcentaje de fármacos ilícitos que se encuentran actualmente en los mercados locales, la disponibilidad de medicamentos en ellos, en comercios improvisados, en las calles y a lo largo de las autopistas habla de la deplorable situación que vive Camerún”, destacó Ampoam.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en todo el mundo podrían prevenirse 200.000 muertes por año si los pacientes no usaran fármacos falsificados. Un informe de la International Policy Network estima que solo las medicinas adulteradas contra la tuberculosis y la malaria matan cada año a 700.000 personas en el planeta.

“La mayoría de los fármacos que hay en circulación fueron prohibidos en ciertos países porque son tóxicos o falsos. Algunos tienen los ingredientes correctos pero en bajas cantidades. Algunos son muestras o medicinas donadas por organizaciones no gubernamentales”, explicó Ampoam.

Marlise Loudang, directora del servicio de inspección farmacéutica en el Ministerio de Salud Pública, dijo que equipos del gobierno toman medidas drásticas en todas las regiones del país contra el comercio ilegal, pero que hasta ahora los esfuerzos han sido infructuosos.

“La automedicación (con fármacos ilegales y falsificados) es un gran problema de salud pública en Camerún, que afecta a casi todas las familias. Esto se origina en que es fácil acceder a medicinas de dudoso origen y calidad en todo el territorio nacional”, declaró Loudang a IPS.

Marcel Olinga, vendedor de medicamentos falsificados e ilegales, dijo que, aunque las autoridades le han hecho allanamientos, no lo han disuadido de continuar. “Una vez cada tanto, la policía se aparece y confisca mis fármacos, pero es una pérdida en la que vale la pena incurrir, porque esas redadas no son habituales y nuestras principales reservas nunca están en el mismo lugar en que vendemos”, aclaró.

Olinga dijo que gana unos 40 dólares al día.

“Recibimos a muchos clientes a diario. Algunos vienen con recetas de médicos, otros buscan nuestro asesoramiento antes de comprar, y algunos simplemente piden lo que ellos quieren”, señaló a IPS.

Según la OMS, por cada médico hay 13.514 pacientes en Camerún, aunque algunos dicen que la proporción es superior, especialmente en las áreas rurales. La pobreza también limita a muchos a la hora de buscar medicamentos en hospitales y clínicas.

“Algunos pacientes huyen de los costos de las consultas en hospitales y caen en las manos de comerciantes ilegales, que están listos para vender medicamentos a precios mucho más bajos que los del mercado legal”, dijo Williams Takang, del Hospital Universitario de Yaoundé, en diálogo con IPS.

“La automedicación (con fármacos ilegales y falsificados) causa problemas de salud comunes en los hospitales locales, y los peores casos se registran en los ubicados en barrios pobres y comunidades rurales donde el nivel de pobreza es muy alto y el acceso a un médico es costoso”, planteó.

“La ingesta de medicinas falsas e ilegales pueden poner en riesgo la vida, especialmente en casos de enfermedades con alta mortalidad, como la malaria. Lamentablemente, la mayoría de los pacientes que sufren estas enfermedades comunes se medican sin realizar ninguna consulta médica previa”, dijo Takang.

 

 

 


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