OIT investigará trabajo infantil en algodón de Uzbekistán
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OIT investigará trabajo infantil en algodón de Uzbekistán

Un niño uzbeko trabaja en la cosecha de algodón. Crédito: International Labour Rights Forum.

TASHKENT, 18 sep 2013 (EurasiaNet) - El gobierno autoritario de Uzbekistán cedió a reiteradas presiones y decidió permitir que una misión internacional compruebe si existe trabajo infantil en la cosecha del algodón.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) confirmó a EurasiaNet.org que enviará una misión a revisar las cosechas algodoneras uzbekas, que comenzaron a mediados de este mes.

“La OIT participará en el monitoreo de la cosecha de algodón en Uzbekistán con el fin de impedir el uso de mano de obra infantil”, confirmó el 12 de este mes el portavoz de la organización, Hans von Rohland en un mensaje de correo electrónico.

Uzbekistán es blanco de críticas internacionales y de un amplio boicot comercial por emplear trabajo infantil y forzado en la cosecha algodonera. A comienzos de este año, el Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos arremetió contra Tashkent  por ese mismo motivo.

"Es fundamental que no haya vigilantes del gobierno cuando la OIT dialogue con los trabajadores, para que puedan expresarse libremente". - Steve Swerdlow

El sorprendente anuncio de una misión de observadores a Uzbekistán –que siempre negó que el Estado permitiera el uso sistemático de trabajo infantil y forzado, pero lleva años rechazando las inspecciones— despertó una cauta bienvenida de organizaciones de vigilancia.

A los defensores de los derechos laborales les preocupa que el mandato de la OIT no tenga el alcance necesario para erradicar los abusos en los algodonales.

“Nos complace que este año la OIT prevea desplegar equipos en Uzbekistán para realizar controles durante la cosecha”, señaló el 9 de este mes la no gubernamental Cotton Campaign (campaña del algodón).

“Nos preocupa que los inspectores de la OIT vayan acompañados de representantes del gobierno, del sindicato estatal oficial y de los empleadores, cuya presencia va a amedrentar a los ciudadanos uzbekos dispuestos a hablar”, agregó en su declaración.

Von Rohland, el portavoz de la OIT, confirmó que la misión “implica la cooperación con las autoridades uzbekas encargadas de los asuntos relativos al trabajo infantil, así como con expertos de las organizaciones de empleadores y los sindicatos”.

Los participantes uzbekos de la misión recibirán capacitación de la OIT con el fin de “garantizar que la inspección sea creíble y confiable”, agregó el representante.

Uno de los objetivos “es profundizar la conciencia y la capacidad de los actores nacionales para asegurar el pleno respeto a las disposiciones de las convenciones ratificadas”, dijo.

Uzbekistán ha ratificado dos convenciones de la OIT sobre trabajo infantil, pero activistas de derechos humanos dicen que las viola impunemente.

A los activistas les preocupa que los observadores no logren acceder a los algodonales sin restricciones. “Es esencial que los equipos de vigilancia estén integrados solo por observadores independientes y que no incluyan a ningún funcionario uzbeko”, dijo Steve Swerdlow, investigador sobre Asia central en Human Rights Watch, en diálogo con EurasiaNet.org.

Resulta fundamental que no haya vigilantes cuando se dialogue con los trabajadores, para que puedan expresarse libremente, señaló. «Está bien documentada la capacidad del gobierno uzbeko para suprimir todo disenso».

También preocupa que la delegación de la OIT examine solo la cuestión del trabajo infantil pero no el forzado, aunque el país ha firmado convenciones relativas al segundo problema, lo que brindaría una base legal para realizar las inspecciones.

“El mandato de la misión debería incluir explícitamente el trabajo forzado en todo el sistema de la cosecha de algodón, dado que afecta a millones de uzbekos y descansa en un régimen de coerción patrocinado por el Estado”, dijo Swerdlow.

El representante de la OIT sostuvo que “la inspección se centrará en el trabajo infantil, incluido el trabajo infantil forzado, y es probable que surjan aspectos importantes” en este aspecto.

La Cotton Campaign ha documentado casos de trabajo forzado en los  preparativos de la cosecha.

“Durante la primavera (boreal) 2013, las autoridades movilizaron a niños y adultos para arar y desmalezar, y golpearon a agricultores que plantaron cebollas en vez de algodón”, informó. En el verano, documentó “preparativos para trasladar por la fuerza a enfermeras, maestras y otros trabajadores del sector público a la cosecha de algodón”.

La producción algodonera de Uzbekistán se vale del trabajo forzado para conseguir que  los agricultores a cumplan las cuotas de cosecha fijadas por el gobierno. Los trabajadores forzados pueden pagar para librarse de esas tareas. Este año, deben entregar el equivalente a 200 dólares, o cinco salarios mínimos, según Uzmetronom.com.

Los cosechadores cobran un salario miserable, que el año pasado fue de entre siete y 10 centavos de dólar por kilogramo, de acuerdo con ese sitio web.

El “oro blanco” es la gallina de los huevos de oro para el gobierno. Uzbekistán es el quinto mayor productor mundial y el segundo mayor exportador de algodón, indican datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad).

El algodón aportó 11 por ciento de los ingresos por exportaciones en 2011, según un informe del grupo de presión Responsible Sourcing Network.

Uzbekistán es objetivo de una larga campaña contra el trabajo infantil, que llevó hace dos años a que la Semana de la Moda de Nueva York prohibiera presentarse a la diseñadora Gulnara Karimova, hija del presidente Islam Karimov.

La Responsible Sourcing Network instituyó un compromiso escrito “para garantizar que el trabajo forzado de niños y adultos (en Uzbekistán) no tenga lugar en nuestros productos” que ya han firmado 131 empresas minoristas, incluidas marcas renombradas como Nike y Adidas.

Ante tal aluvión de publicidad negativa, las autoridades tomaron medidas el año pasado para excluir a los niños más pequeños de los algodonales, lo que constituyó “un esperanzador recordatorio de que a veces la presión funciona, incluso sobre gobiernos con antecedentes tan autoritarios como Tashkent”, dijo Swerdlow.

Sin embargo, un informe de Human Rights Watch concluye que la medida simplemente cambió la carga de lugar, a los hombros de adultos y niños de más edad.

Los activistas acusan desde hace tiempo a los gobiernos de Occidente de hacer la vista gorda ante los abusos de Tashkent por razones geopolíticas y estratégicas. Uzbekistán se encuentra en la Red de Distribución del Norte, una ruta clave para el transporte hacia y desde Afganistán, que adquirirá más importancia cuando las tropas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se retiren de ese país vecino a fines de 2014.

Occidente debería hacer a un lado la geopolítica y aprovechar la oportunidad de ejercer más presión sobre el gobierno uzbeko, sostienen grupos humanitarios.

“En definitiva, un Uzbekistán plagado de un espectro tan amplio de abusos corre el riesgo de caer en una inestabilidad más grave y explosiva para sí mismo, para sus 30 millones de habitantes y para la región”, concluyó Swerdlow.

 

Joanna Lillis es una periodista independiente que se especializa en temas de Asia central. Publicado por acuerdo con EurasiaNet.org.

 


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