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Brasil va en reversa

Tránsito en la avenida 23 de Mayo de São Paulo. Crédito: Photostock/IPS

Tránsito en la avenida 23 de Mayo de São Paulo. Crédito: Photostock/IPS

RÍO DE JANEIRO, 10 oct 2013 (IPS) - En los últimos cinco años, en plena crisis económica internacional, Brasil pasó a integrar el plantel de los grandes contaminadores mundiales, cuya fuente principal de gases de efecto invernadero es la quema de combustibles fósiles.

Este país sudamericano está asumiendo un perfil de contaminación climática propio del primer mundo, según el científico José Marengo, uno de los autores del Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), cuyo primer volumen sin editar se publicó el 30 de septiembre.

Y esto obedece, en parte, a una simple razón de fomento industrial y de consumo. Las exenciones impositivas para estimular las ventas de automóviles y motocicletas tuvieron un efecto positivo en el crecimiento económico. Pero, al mismo tiempo, crearon un aumento vertiginoso del parque automotor.

La cantidad de automóviles se duplicó en una década, pasando de 24,5 millones en 2001 a 50,2 millones en 2012, según el informe “Evolución de la flota de automóviles y motos en Brasil – Relatoría 2013“, publicado este jueves 10.

Las motocicletas experimentaron un aumento aún más espectacular en el mismo lapso: de 4,5 millones a 19,9 millones.

Este país “terminó el año 2012 con una flota total de 76.137.125 vehículos automotores. En 2001 había aproximadamente 31,8 millones de unidades. Hubo, por tanto, un aumento de 138,6 por ciento”, afirma el reporte publicado por el Observatorio de las Metrópolis. “Vale recordar que el crecimiento de población de Brasil entre los últimos dos censos (2000 y 2010) fue de 11,8 por ciento”, agrega.

“Es preocupante, porque siempre criticamos a los países desarrollados por eso”, dijo Marengo, quien dirige el Centro de Ciencia del Sistema Terrestre del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales, en diálogo con IPS.

Entre 2005 y 2010 el aporte de gases invernadero del sector de la energía pasó de 16 por ciento a 32 por ciento del total de las emisiones brasileñas. Y, dentro de él, el transporte es responsable de 48,23 por ciento, según cifras oficiales.

Este aspecto contrasta con la reducción de la intensa deforestación brasileña, que ha sido ampliamente publicitada por las autoridades de este país.

El 27 de septiembre, cuando el IPCC publicó el Resumen para Responsables de Políticas, el secretario de Investigación y Desarrollo del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil, Carlos Nobre, señalaba a IPS que este país consiguió reducir en 38,4 por ciento sus emisiones de gases invernadero entre 2005 y 2010, debido a la caída de la deforestación en la Amazonia.

Brasil se comprometió en 2009 a abatir sus emisiones de gases invernadero entre 36,1 por ciento y 38,9 por ciento, según dos escenarios de crecimiento del producto interno bruto.

El gobierno asevera que ya se avanzó en 62 por ciento hacia esa meta, gracias a la marcada reducción de la deforestación.

Hasta 2009, la tala era la causa de 60 por ciento de la contaminación climática de Brasil, mientras el uso de combustibles fósiles estaba en segundo lugar.

Ahora emergen nuevos problemas.

La cantidad de automóviles se duplicó en una década, pasando de 24,5 millones en 2001 a 50,2 millones en 2012

“Si tuviésemos un sistema masivo de transporte confiable y confortable, la gente dejaría el automóvil en casa. Pero viajar a ciertas horas del día en metro en São Paulo o en Río de Janeiro (dos de las mayores ciudades de este país) es una humillación”, apuntó Marengo. “Esto tiene que cambiar, y la única forma es fomentar un transporte público decente“.

Para el director de políticas públicas de Greenpeace Brasil, Sergio Leitão, este cambio de perfil también coincide con la prioridad que se da a nuevos emprendimientos, como la exploración y explotación de los yacimientos de petróleo presal, a más de 7.000 metros de profundidad en la plataforma submarina.

“Estamos empezando la explotación del presal y nuestras grandes ciudades están abarrotadas de autos”, dijo Leitão a IPS.

Mientras el mundo se encamina hacia nuevos modelos energéticos, Brasil va en sentido inverso, según el activista, haciendo imposible que este país sea “amigo del planeta”, planteó.

El informe del IPCC sostiene que los cambios observados desde 1950 no tienen precedentes y demuestran que la acción humana es una causa inequívoca del calentamiento global que se registra desde mediados del siglo XX.

El informe señala que la humanidad debe hacer todos los esfuerzos para mantener el clima del planeta en las coordenadas del escenario más optimista, con un recalentamiento global que no supere los dos grados en este siglo.

Para lograrlo, apunta Leitão, las “medidas fundamentales, urgentes e inevitables” son cambiar el modelo de producción y abatir de forma drástica el consumo de petróleo, carbón y gas.

“Nos preocupa que en Brasil el presal es visto como la gran oportunidad económica del futuro”, aseveró.

En el área energética, los grandes volúmenes de inversiones se destinan a viabilizar la explotación de crudo del presal, con hasta 340 millones de dólares hasta 2020, indicó.

En cambio, “habría que adoptar un rumbo diferente, de investigaciones en energías renovables y limpias. Este país se destaca en abundancia de sol y viento. Hay que dinamizar esas vertientes y crear sustitutos tecnológicos a los combustibles fósiles”, argumentó.

Marengo subrayó que, si el mundo entero dejase de emitir gases invernadero hoy, se necesitarían 20 años para frenar las transformaciones climáticas que ya se han desatado.

“El IPCC habla de aproximadamente dos décadas, pues fueron cientos de años acumulando dióxido de carbono (CO2)”, describió.

“Los procesos de fotosíntesis en las selvas y bosques pueden ayudar a absorber CO2, pero eso no es inmediato y requiere décadas de inercia”, destacó.

Las medidas de mitigación –para reducir la cantidad de gases que se arrojan a la atmósfera— son costosas y su efecto es de largo plazo, pero son las únicas que permitirán minimizar los impactos futuros, agregó.

En su opinión, los impactos más severos empezarán a sentirse luego de 2040.

Adaptarse a esas alteraciones es posible, pero el mensaje que el IPCC pretende dar a la próxima cumbre mundial del clima, que se reunirá en noviembre en Varsovia, es que se deben tomar medidas para evitar los escenarios más pesimistas, con aumentos de la temperatura media por encima de los dos grados.

Marengo lamenta que la agenda ambiental haya pasado a segundo plano desde que estalló la crisis económica y financiera mundial en 2008. “Es imposible que un país con una peor situación económica ingrese a un tratado ambiental, pues este tendrá un costo social elevado”, arguyó.

 
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