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El Caribe mira al cielo en busca de seguridad hídrica

La cosecha de agua de lluvia se practica en las áreas rurales de Trinidad, aunque este método al aire libre, sin filtro, plantea riesgos que el diseño promovido por Global Water Partnership-Caribbean busca evitar. Crédito: Jewel Fraser/IPS.

La cosecha de agua de lluvia se practica en las áreas rurales de Trinidad, aunque este método al aire libre, sin filtro, plantea riesgos que el diseño promovido por Global Water Partnership-Caribbean busca evitar. Crédito: Jewel Fraser/IPS.

PUERTO ESPAÑA, 30 oct 2013 (IPS) - Un sistema centenario para garantizar la seguridad hídrica vuelve al Caribe. Se trata de la cosecha de agua de lluvia, que ahora integra formalmente la planificación estratégica de la región con vistas no solo a tormentas más frecuentes e intensas, sino también a sequías.


Para 2100, las precipitaciones pueden reducirse entre 20 y 30 por ciento, según investigaciones, haciendo que cada gota cuente.

“La cosecha de agua de lluvia, en efecto, se ve como una de las herramientas importantes para garantizar la resiliencia y la redundancia (disponibilidad) en los suministros hídricos caribeños, en particular para aumentar los municipales que ya existen”, dijo Natalie Boodram, de Global Water Partnership-Caribbean (GWP-C), en diálogo con IPS.

“El agua de lluvia puede brindar un respaldo hídrico en caso de alteraciones”, agregó.

Una ventaja es que la tecnología ya se implementa, y especialmente muchos habitantes de zonas rurales crean áreas de captación para el agua de lluvia que cae de sus techos, a fin de poder usarla diariamente en el hogar. En las Islas Vírgenes, poco más de la mitad de las viviendas usan este método para cubrir sus necesidades hídricas.

Se estima que 500.000 personas en la región dependen por lo menos parcialmente de la cosecha de agua de lluvia. Entre los países que más la usan figuran Antigua y Barbuda, las Bahamas, las Islas Vírgenes estadounidenses y británicas, Turcas y Caicos y las Granadinas.

A comienzos de este mes, ministros de la Comunidad del Caribe reunidos en Barbados lanzaron un Programa de Agua, Clima y Desarrollo para el Caribe, que promueve el aprovechamiento de las precipitaciones como una de las maneras de garantizarle agua a la región.

Aunque la cosecha de agua de lluvia existe desde hace siglos, Boodram dijo que los sistemas municipales que dependen de los suministros superficiales la han desplazado en muchas partes del Caribe, así que hay una necesidad de restablecer la cultura que implica ese método en la región.

GWP-C está a cargo de varios proyectos de este tipo en el Caribe, como parte de la iniciativa mundial de su entidad madre para apoyar la integración de la seguridad hídrica y la adaptación al cambio climático en la planificación del desarrollo.

El objetivo era eliminar algunos de los problemas comunes asociados a la cosecha de agua de lluvia, como la “exposición a la contaminación aérea, a los excrementos de los animales y a los contaminantes de los techos mal mantenidos, entre otros escombros”, explicó Boodram.

La tecnología que promueve GWP-C con la ayuda de sus socios, particularmente el Instituto de Salud Ambiental del Caribe, incluye un un primer filtro grueso.

Ese sistema, “que forma la parte inferior del ducto bajante, se usa para desviar el agua inicial que cae del techo con contaminantes, asegurando que todo esto no ingrese al tanque o artefacto de almacenamiento que se está usando”, explicó.

“El primer flujo hídrico, que contiene escombros del techo, se fija luego en la parte inferior de la cañería, mientras que el agua más limpia se asienta en la superior, permitiéndole ingresar al componente de almacenamiento”, completó.

Ese diseño fue usado por el Instituto Nacional de Educación Superior, Investigación, Ciencia y Tecnología (NIHERST) de Trinidad y Tobago, que se asoció con GWP-C, para introducir tecnología de cosecha de agua de lluvia en las comunidades rurales de la isla de Trinidad. La idea era crear refugios para situaciones de desastre, específicamente escuelas, señaló la encargada de proyecto de la entidad, Lovaan Superville.

“A causa del cambio climático, necesitamos estar preparados para los desastres”, dijo, agregando lo primero que hay que prever en el caso de huracanes es el agua.

NIHERST diseñó 15 escuelas con la tecnología de cosecha de agua de lluvia, y también proveyó a algunas de ellas de paneles solares como fuente de respaldo energético. Para garantizar el mantenimiento, Superville dijo que capacitaron a unas 25 personas en cada comunidad: Toco, Moruga y Barrackpore.

“Los materiales utilizados para hacer las cosechadoras de agua de lluvia son de fácil acceso y limpieza. Se las fabrica con materiales obtenidos localmente, entonces no son caras. Cualquier plomero o electricista, una vez entrenado en el funcionamiento de nuestro sistema, puede fácilmente duplicarlas”, planteó.

Entrevistas con los directores de algunas de las escuelas de las comunidades de Moruga y Barrackpore, en el sudoriente de Trinidad, confirman que las cosechadoras han sido todo un éxito.

Benjamin Santoo, director de la Escuela Presbiterana Rochard Douglas, dijo a IPS que, cuando ese centro de estudios limpia el tanque que está conectado al grifo, tiene 10 centímetros de fango.

“Cuando limpiamos los tanques de agua de lluvia no tenemos ese problema”, señaló.

“El agua solía llegar una vez por mes” a través de la cañería principal. “Dependíamos de los camiones cisterna para abastecernos de agua cada lunes, miércoles y viernes. Como la escuela tenía más de 500 alumnos, el agua que teníamos no era suficiente para beber y además tirar de la cadena de los inodoros”, añadió.

En muchas instancias, las escuelas recibían el agua por cañería correspondiente al suministro municipal solo dos veces por semana, y a veces menos. Con la instalación de las cosechadoras de agua de lluvia, pudieron reservar el agua de la red para beber y usar la de lluvia para los retretes, así como para regar jardines y llevar a cabo proyectos escolares.

Henry Smith es director del Instituto de Investigación de Recursos Hídricos en la Universidad de las Islas Vírgenes, donde la escasez del agua subterránea dificulta garantizar un suministro estable del líquido.

“La cosecha de agua de lluvia en instalaciones individuales permite a los usuarios tener acceso a una fuente que puedan manejar de modo independiente para su beneficio mientras aprenden a comprender sus propias necesidades, lo que pueden esperar de las precipitaciones en su área, y también qué otras fuentes de agua pueden estar disponibles para ellos”, dijo a IPS.

“La cosecha (de agua de lluvia) puede ser una alternativa de bajo costo, o un complemento, que se basa en una tecnología relativamente simple que puede lograr una diferencia importante para muchas personas que de otro modo podrían no tener abstecimiento por culpa del cambio climático”, puntualizó.

 

 

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