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El largo y tortuoso adiós a los desaparecidos

Adhri Rajbanshi, de 70 años, vive en el oriental distrito nepalés de Jhapa y busca a su hijo desaparecido desde 2003. Crédito: Amantha Perera/IPS.

Adhri Rajbanshi, de 70 años, vive en el oriental distrito nepalés de Jhapa y busca a su hijo desaparecido desde 2003. Crédito: Amantha Perera/IPS.

COLOMBO/KATMANDÚ, 18 oct 2013 (IPS) - Algunos lo llaman “duelo congelado”. Es el punto en que a las familias les resulta imposible elaborar la pérdida, incluso años después de que sus seres queridos desaparecieron.

“Las familias de los desaparecidos ingresan a una visión de túnel”, indica Bhava Poudyal, delegado de salud mental en el Comité Internacional de la Cruz Roja en Azerbaiyán.

Poudyal se refiere a miles de familias que todavía buscan a sus seres queridos que desaparecieron en su Nepal natal, o en Sri Lanka, Azerbaiyán y en decenas de otros países.

“Sus vidas están dominadas por la ausencia, no hay liberación”, explica a IPS. “Viven con la ambivalencia de la esperanza y la desesperación día tras día”.

Esto le suena familiar a Santhikumar, un reparador de bicicletas de unos 40 años, que vive en la aldea de Oddusudan, en la Provincia del Norte de Sri Lanka. Su cuñado desapareció en abril de 2009, en las etapas finales de la guerra que las Fuerzas Armadas libraron contra los rebeldes Tigres para la Liberación de la Patria Tamil.

Santhikumar ayuda a su hermana y a sus dos sobrinas a llegar a fin de mes, mientras sigue buscando a su cuñado, que también era el sostén económico de la familia. Ha visitado cada centro de detención policial en el norte y en áreas cercanas, sin suerte.

“La gente viene y nos dice que lo vieron tal día en tal lado. Así que vamos a buscarlo allí. Pero aún no hemos hallado nada concreto”, relata.

La familia se ha acostumbrado a la búsqueda sin fin, agrega. “Hay días buenos y días malos. En general estamos bien, pero algunos días mi hermana simplemente se queda con la mirada perdida durante horas, y otra veces, sus hijas estallan en llanto. Los cumpleaños son lo más duro; las niñas tienen muchos recuerdos” de su padre, dice.

A unos 2.300 kilómetros de allí, Rena Mecha comparte la misma desesperación en la aldea de Jalthal, en el distrito de Jhapa, ubicado en el oriente de Nepal. Con 36 años y madre de un varón de 16 y una niña de 14, busca a su esposo, desaparecido durante el Movimiento por la Democracia de 2006, como se conoce al periodo de protestas contra el régimen del rey Gyanendra.

“Cuando desapareció, lo perdí todo”, dice a IPS. “Nada puede devolver esa vida”.

Registros de la Cruz Roja muestran que en Nepal hubo unos 1.400 desaparecidos desde el acuerdo de paz de 2006. En las áreas rurales, las esposas se niegan a llamarse “viudas”, porque eso conllevaría toda una nueva serie de complicaciones sociales, como tener que vestirse de blanco y que los demás las consideren una “mala presencia”.

En el sur de Sri Lanka, las comunidades también aíslan a las mujeres que aceptan que sus esposos desaparecidos están muertos, acusándolas de traicionarlos, explica Ananda Galappatti, médico atrnopólogo que trabaja con las familias afectadas por estas tragedias.

En Azerbaiyán, señala Poudyal, muchas familias continúan poniendo un plato en la mesa para el ausente, incluso mucho después de su desaparición.

Durante el conflicto de Nagorno-Karabaj, entre las repúblicas de Azerbaiyán y Armenia y tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, desaparecieron cerca de 4.600 personas.

Lo que vuelve “muy difícil, si no imposible” elaborar el duelo “es el constante estado de espera”, señala a IPS el delegado de la Cruz Roja en Sri Lanka, Zurab Burduli.

Galappatti argumenta que los familiares experimentan una crisis de identidad que puede exacerbarse por el entorno social. “¿Soy casada o viuda? ¿Soy un hijo sin padre? ¿Soy padre de una hija muerta? Planear el futuro se vuelve extremadamente difícil en esta situación”, dice a IPS.

En Sri Lanka, el número de desaparecidos es motivo de polémica. Un grupo de trabajo presidencial creado para investigar la insurrección que la organización marxista Janata Vimukhti Peramuna inició en el sur del país a fines de los años 80, registró por lo menos 30.000 desapariciones en 1995.

La Cruz Roja tiene en sus manos 16.090 casos de desaparecidos en Sri Lanka desde 1990.

Según Burduli, el primer paso para ayudar a estas familias es reconocer su compleja situación y organizar planes de asistencia especiales.

“La experiencia de la Cruz Roja en todo el mundo muestra que, a raíz de la complejidad de las necesidades y de su naturaleza multifacética, los mecanismos de coordinación nacional están mejor adaptados para abordarlas”, explica.

En Nepal, las familias admiten que, desde que se lanzó el programa de búsqueda nacional tras el acuerdo de paz de 2006, su situación mejoró un poco.

“Yo era la única de mi aldea con alguien desaparecido. Me sentía tan sola…”, dijo Mecha. “Ahora por lo menos hay personas que entienden mi situación”.

Organizaciones de la sociedad civil brindan apoyo psicosocial a familias de Nepal,  pero ese servicio todavía no está consolidado en Sri Lanka.

“Es imperativo que cualquier proceso público incluya también el acompañamiento psicosocial, con profesionales sensibles y calificados que estén cerca de las familias mientras se preparan o atraviesan estas experiencias”, plantea Galapatti.

Al mismo tiempo, funcionarios de la Cruz Roja de Nepal que trabajan en la búsqueda de personas advierten que tratar con las familias lleva tiempo.

“Todos buscan respuestas todo el tiempo” dice Shubadhra Devkota, de la Cruz Roja de Nepal. “El estado de pérdida ambigua es una tortura”.

 
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