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Hombres de Islas Salomón aprenden a respetar a las mujeres

El pastor Michael Ramo busca crear conciencia entre los hombres para poner fin a la violencia contra las mujeres en las Islas Salomón. Crédito: Catherine Wilson/IPS.

El pastor Michael Ramo busca crear conciencia entre los hombres para poner fin a la violencia contra las mujeres en las Islas Salomón. Crédito: Catherine Wilson/IPS.

HONIARA, 22 oct 2013 (IPS) - Dos de cada tres de las 252.000 mujeres que se estima viven en Islas Salomón, en el sudoeste del océano Pacífico, sufrieron alguna vez abusos físicos y sexuales de parte de sus parejas. Pero ahora hay hombres dispuestos a operar como agentes de cambio y poner fin a esa violencia.

“Es tiempo de que los hombres hagan su parte para que las mujeres sean tratadas como seres humanos importantes en la familia, la comunidad y la nación en su conjunto”, dijo a IPS el pastor protestante Michael Ramo en el asentamiento de Feraladoa, de unos 5.000 habitantes, en Honiara, la capital.

“Es necesario que los hombres se levanten y caminen junto a las mujeres para poner fin a la violencia” de género, añadió.

Este año, Ramo participó en el programa Hombres Contra la Violencia Contra las Mujeres (MAVAW, por sus siglas en inglés), de la organización no gubernamental para el desarrollo Live and Learn (vive y aprende) en Honiara.

“La violencia es un problema enorme y este es apenas el inicio de un viaje muy largo”. -- Haikiu Baiabe, director de Live and Learn para Islas Salomón

En el proyecto de 18 meses, financiado por donantes, participaron cerca de 50 hombres de 27 asentamientos informales, donde viven alrededor de 35 por ciento de los 64.600 habitantes de la ciudad.

Según Haikiu Baiabe, director de Live and Learn para Islas Salomón, la iniciativa procuró “acercarse a los hombres y lograr que asumieran el liderazgo”.

Estos, señaló, admitieron que la violencia contra las mujeres es un problema serio. El proyecto alentó el diálogo constructivo dándoles  “espacio donde pudieran expresarse libremente”.

El programa MAVAW fue diseñado por hombres y mujeres de las comunidades involucradas, que contribuyeron con su comprensión de los factores claves que conducen a la violencia. Live and Learn trabajó entonces con los participantes sobre los cuatro principales asuntos identificados: el manejo de las finanzas, el entendimiento de los valores y las responsabilidades familiares, el abordaje de la violencia en las comunidades y el empoderamiento de los individuos a través de la orientación psicológica.

Numerosos estudios identifican una fuerte conexión entre la desigualdad de género y los estereotipos predominantes sobre masculinidad. Entre ellos se destaca el informe de este año de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre la violencia contra las mujeres en Asia Pacífico.

Entre 81 y 98 por ciento de las 3.000 mujeres y los 10.000 hombres consultados para ese trabajo estuvieron de acuerdo con el principio de la igualdad de género, pero no necesariamente en lo relativo a las responsabilidades y los roles específicos. Más de 70 por ciento dijeron creer que “una mujer debe obedecer a su esposo”.

Pionie Boso, encargada de políticas en el programa para Poner Fin a la Violencia Contra las Mujeres en el Ministerio de Asuntos de Mujeres, Juventud e Infancia, dijo que la brecha de género en Islas Salomón está arraigada desde hace varias generaciones.

Aún predomina la idea de que las mujeres poseen un estatus social inferior al de los hombres, y de que su rol está confinado a la esfera doméstica, con baja participación en las decisiones públicas.

Boso también señaló que hay una responsabilidad compartida en el trabajo por la justicia social, y que dar participación a los hombres “es una parte crucial del proceso”.

Es importante que cuando se integren al proyecto “admitan y entiendan las experiencias de las mujeres como víctimas”.

Un estudio sobre salud y seguridad familiar en Islas Salomón realizado en 2008 concluyó que prácticas socialmente aceptadas, como la de pagar dote por la novia y que los maridos puedan castigar a sus esposas, contribuyen a la violencia doméstica.

Según Baiabe, las comunidades todavía no entienden del todo el amplio concepto de la violencia, que abarca abuso emocional, control psicológico y privación económica.

Según el informe de la ONU, los hombres de la región presentan altos niveles de estrés y depresión por causas laborales.

Antes de la iniciativa MAVAW, Ramo consideraba que no tenía suficientes herramientas para ayudar a personas que sufrían altos niveles de tensión. El programa “me dio muchas habilidades para ayudar a cada hombre estresado o incluso traumatizado, y esto me fortalece al tratar con las personas y con la comunidad” en general, explicó.

“Ojalá otros amigos pudieran participar, porque a mi nivel hay pocos que saben cómo lidiar con esta clase de situaciones y que tienen las habilidades para orientar” a estas personas, dijo.

Ramo señaló que los hombres pueden ayudar a frenar y prevenir la violencia de género interviniendo en los incidentes, promoviendo identidades masculinas no violentas y cambiando la forma en que manejan sus relaciones con las mujeres.

Un hombre tiene que “ser sensible cuando hay un problema entre él y su esposa”, dijo. “Tiene que escuchar; todo esposo necesita escuchar antes que nada para manejar la situación de un modo seguro para la mujer”.

Como la violencia doméstica es un problema que se hereda de una generación a otra, el gobierno incluyó asuntos de género en los programas de la enseñanza secundaria.

En Honiara, el Centro de Apoyo a la Familia, que ayuda a mujeres y niños víctimas de violencia, brinda talleres de sensibilización para jóvenes a partir de los 13 años.

En esas instancias se enseña por qué la violencia de género es un delito y una injusticia social, y cómo pueden los hombres hacerse responsables para ayudar a solucionar problemas dentro de las familias.

Baiabe agregó que para romper el ciclo también se debe reforzar las responsabilidades de la crianza de los hijos y promover valores relativos al cuidado dentro de la familia.

Luego de concluido el MAVAW, y con la mira puesta en la sostenibilidad, se crearon y registraron en 10 asentamientos urbanos grupos de apoyo comunitario dotados de recursos.

Sin embargo, Ramo y Baiabe reconocieron que los hombres de todo el país tienen que comprometerse con el apoyo a un cambio social más amplio como objetivo a largo plazo.

“Solo hemos tocado la superficie de las comunidades en Honiara”, dijo Baiabe. “La violencia es un problema enorme y este es apenas el inicio de un viaje muy largo. Tenemos que apostar a una mayor participación de la comunidad, a un mayor alcance y a un mayor impacto”.

 

 
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