Las medicinas son falsas, los malestares reales

En la provincia de Malaita, en Islas Salomón, se encuentran cada vez más fármacos falsificiados. Crédito: Catherine Wilson/IPS.

Reportes de medicamentos falsificados en Islas Salomón y Papúa Nueva Guinea, en el sudoeste del océano Pacífico, pusieron de relieve la necesidad de una mayor toma de conciencia sobre este comercio ilegal y sus trágicas consecuencias.

Doreen*, en las Islas Salomón, archipiélago con más de 900 islas y 550.000 habitantes al noroeste de Fiji, nunca había encontrado productos farmacéuticos falsos hasta hace cinco meses, cuando compró un paquete de píldoras de doxiciclina contra la malaria o paludismo en una farmacia local.

En Islas Salomón hay 77 casos de malaria por cada 1.000 habitantes, con aproximadamente 40.000 infecciones cada año. En la vecina Papúa Nueva Guinea, la tasa es de 179 cada 1.000.

En la farmacia le dijeron a Doreen que las cápsulas verdes a las que ella estaba acostumbrada se habían agotado, por lo cual aceptó esas extrañas pastillas color mostaza. Cinco días después, sintió que algo estaba mal.

Su riñón comenzó a fallar y padeció un agudo estreñimiento, síntomas que nunca había experimentado antes.

“Estaba aterrada”, dijo a IPS. “No sabía qué estaba ocurriendo o qué lo estaba causando. El dolor en la zona lumbar era insoportable”.

A la segunda semana se dio cuenta de que había alguna conexión con las medicinas que había tomado, y decidió llevar las que le quedaban a otra farmacia. Allí le dijeron que eran falsas.

Pese a todo, Doreen tuvo suerte de no haber sufrido un daño permanente en sus órganos o algo peor.

Se desconoce exactamente cuán propagados están los fármacos falsos en las islas melanesias, pero la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) informó que 47 por ciento de los medicamentos contra el paludismo testeados en la región de Asia sudoriental resultaron ser falsificados.

“Nuestra oficina de asuntos regulatorios no recibió ni recolectó ninguna información de medicinas antimalaria falsificadas que hayan ingresado al país”, dijo John Tema, jefe farmacéutico del Ministerio de Salud y Servicios Médicos en Honiara, capital de Islas Salomón.

“Sin embargo, hace un par de meses recibimos una advertencia de la OMS (Organización Mundial de la Salud) de que en el mercado había versiones falsas de Coartem”, un medicamento contra el paludismo, dijo a IPS.

“No tenemos instalaciones adecuadas ni equipos bien formados para atender los casos”, añadió.[related_articles]

En la vecina Papúa Nueva Guinea, la situación parece similar.

Un estudio hecho en 2011 por la universidad local en conjunto con la alemana Universidad Goethe concluyó que las 14 muestras del antibiótico amoxicilina y el antipalúdico amodiaquine tomadas de una farmacia de Port Moresby, la capital, eran defectuosas.

Entre los ingredientes de esos fármacos falsos puede haber elementos tan extraños como pintura para asfalto, tiza o betún, a veces sin ningún componente médico añadido.

Ningún país es completamente inmune al comercio mundial de medicamentos falsificados, que asciende a unos 75.000 millones de dólares al año, según estiman activistas por la salud pública.

Las personas más vulnerables son las de bajos ingresos que viven en lugares donde las regulaciones farmacéuticas son débiles, o los habitantes de áreas rurales subdesarrolladas donde hay escasez de medicamentos.

“Sí, las medicinas falsificadas ya son un problema”, dijo a IPS una representante del Consejo de Mujeres en la provincia rural salomonense de Malaita. “Los fármacos falsos para la malaria y el pian (enfermedad de la piel y los huesos) son muy comunes. Es una preocupación especial para las embarazadas”.

Malaita es la provincia más populosa en una nación donde hay 0,21 médicos y 0,11 farmacéuticos por cada 1.000 habitantes, y donde la mayoría de las personas tienen un nivel de subsistencia mínimo en aldeas con servicios de transporte irregulares.

No hay fabricantes farmacéuticos en Melanesia, y el acceso a medicamentos importados, incluso gratuitos, se ve obstaculizado por el difícil terreno, los pobres canales de suministro y la falta de trabajadores de la salud y financiamiento.

Tema reconoció que el país había experimentado dificultades para obtener medicamentos antipalúdicos, como Coartem, en los últimos dos años.

Asia Pacífico es un gran productor de los insumos mundiales para los medicamentos contra la malaria, así como fuente de 90 por ciento de sus ingredientes activos.

La UNODC informó que China fue el lugar de origen de 60 por ciento de los productos médicos fraudulentos incautados a nivel mundial entre 2008 y 2010.

El costo humano de este tráfico ilegal incluye el fracaso del tratamiento, la muerte de los pacientes y una creciente resistencia a enfermedades graves.

Aunque la región de Asia Pacífico logró reducir los casos y las muertes de malaria en aproximadamente 25 por ciento en la última década, también tiene las tasas más altas de resistencia a antipalúdicos, lo cual ha sido exacerbado por la gran circulación de medicinas falsas.

La malaria es un grave problema de salud pública en todas las islas del Pacífico occidental. Las mujeres embarazadas, los niños y las niñas están especialmente en riesgo.

Tema admitió que la división farmacéutica del Ministerio de Salud salomonense “no controla todo el ingreso de medicamentos al país, y menos en el sector privado”. También indicó que no había registro de medicamentos.

El funcionario señaló que las autoridades farmacéuticas, policiales y aduaneras de la región están fortaleciendo lazos, pero subrayó la necesidad de una legislación que actualice y mejore la calidad del control.

La dificultad para identificar la procedencia de los medicamentos falsos se agrava por el uso de Internet para venderlos y por las zonas de libre comercio, donde los productos pueden volver a ser empaquetados y etiquetados, disfrazando su lugar de origen.

El Grupo de Trabajo Internacional contra la Falsificación de Productos Médicos (IMPACT, por sus siglas en inglés), una iniciativa de la OMS, recomienda que las naciones mejoren su acceso y disponibilidad de medicamentos de calidad.

Asimismo, exhorta a los países a fortalecer la legislación para reconocer como un delito el fraude farmacéutico, mejorar la capacidad de las agencias regulatorias para supervisar la importación, distribución y venta al por menor, así como crear conciencia pública sobre el tema.

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