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No solo los muertos vuelven a Siria

Embarcando hacia Siria desde el puesto de frontera de Peshjabur. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

Embarcando hacia Siria desde el puesto de frontera de Peshjabur. Crédito: Karlos Zurutuza/IPS

DERIK, Siria, 2 oct 2013 (IPS) - Tras huir de la guerra hace tres meses, Gulnaz volvió ahora a Siria para enterrar a su hermano en el plazo de 24 horas que estipula el Islam. Pero no es tarea fácil trasladar el ataúd desde la orilla iraquí a través del río Jabur.

Situada 460 kilómetros al noroeste de Bagdad, la pequeña localidad kurda de Peshjabur registra desde hace meses un tránsito inusual de personas. Si bien la mayoría son refugiados llegados desde Siria, las circunstancias obligan a algunos de ellos a volver.

En el caso de Gulnaz, descompuesta por el dolor, un joven que la acompaña aporta los detalles. “Nos fuimos de Siria en julio, tras la ofensiva de los islamistas, para refugiarnos en Erbil”, la capital administrativa del Kurdistán iraquí, ubicada 390 kilómetros al norte de Bagdad, explica a IPS mientras espera impaciente que los oficiales de frontera kurdo-iraquíes cotejen su documentación.

“La mala fortuna quiso que su hermano muriera en un accidente de automóvil”, agrega el joven.

El complejo de edificios desde el que se gestiona el tránsito transfronterizo apenas difiere del de cualquier otra aduana: soldados uniformados registran los equipajes mientras funcionarios ubicados detrás de una ventanilla introducen los datos en sus computadoras.

Alrededor de 30.000 personas atravesaron en agosto el río Jabur desde Siria y se estima que el número de refugiados en suelo iraquí ronda hoy los 200.000, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.
Tras una espera de una hora, es la ausencia de un sello nuevo en el pasaporte lo que revela la singular naturaleza de este control migratorio.

No en vano nos encontramos en la frontera entre la Región Autónoma Kurda de Iraq, lo más parecido a un país que han tenido nunca los kurdos, y la región siria nororiental, hoy bajo control de hecho de los kurdos de Siria.

Divididos por las fronteras de Irán, Iraq, Siria y Turquía, unos 40 millones de kurdos conforman en la actualidad la mayor nación sin Estado del mundo.

Desde el comienzo de la revuelta en marzo de 2011, los kurdos de Siria –entre tres y cuatro millones— han optado por una “tercera” vía: ni con el presidente Bashar al Assad ni con la oposición árabe. En julio de 2012 consiguieron hacerse del control de las zonas donde habitan, en el norte y noroeste del país.

Sin embargo, su neutralidad original pasa por constantes enfrentamientos con ambos bandos. Los más encarnizados se libran desde mediados de julio con grupos afines a la red extremista Al Qaeda, supuestamente apoyados por Turquía. Ankara no ve con buenos ojos la creación de una nueva entidad política kurda en sus fronteras.

Por el momento, ni Bagdad ni Damasco tienen registro alguno sobre el tráfico de bienes y personas que se produce aquí a diario y desde hace más de un año.

Tras el control en la frontera iraquí, los miembros del cortejo fúnebre reciben un papel con su nombre que les permitirá subirse a una de las dos barcas que realizan el trayecto a través del río Jabur.

La comitiva que ha acompañado a Gulnaz se encarga de depositar el féretro en la barca. Algunos de los hombres enfundados en su “shal-e-sapik” (la vestimenta tradicional kurda) intentan contener las lágrimas, mientras dos de las mujeres presentes se expresan a través del “serkeftim”, ese grito sincopado que sirve para manifestar desde la alegría más absoluta hasta el dolor más profundo.

Gulnaz cubre su cara con ambas manos, mientras es guiada hasta la embarcación entre llantos.

“Todo esto será mucho más fácil cuando acaben de construir el puente sobre el río”, apunta Sherwan, el piloto de la embarcación, señalando las dos excavadoras amarillas que trabajan ya en la orilla siria.

El puente provisional, construido con pontones a nuestra izquierda, se reserva para el tráfico de vehículos. No obstante, alrededor de 30.000 personas lo atravesaron en agosto desde Siria durante una huida masiva, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

La agencia humanitaria estima que el número de refugiados en suelo iraquí ronda hoy los 200.000.

Adiós Kurdistán, hola Kurdistán

Apenas son cinco minutos de travesía sobre las tranquilas aguas del Jabur. Los familiares de Gulnaz esperan en la orilla siria para descargar el féretro. Poco después, los equipajes de los recién llegados serán registrados por dos jóvenes enfundadas en el uniforme de la “Asayish”, la recientemente creada policía kurda de Siria.

Según declaraciones a IPS de Hasim Mohammad, su comandante en jefe, se trata de un cuerpo formado por 4.000 voluntarios, que se suman a los 40.000 integrantes de los Comités de Resistencia Populares (YPG), un auténtico ejército que, por el momento, ha sido capaz de contener el avance de extremistas islamistas en la región.

Parte de su financiación depende del tráfico por esta frontera, ya que cada pasajero debe abonar una tasa de 1.000 libras sirias (casi siete dólares) en la garita levantada a escasos metros de la orilla.

Aquellos que deseen reponer fuerzas antes de subirse a uno de los taxis que esperan al otro lado de la barrera pueden hacerlo en el improvisado restaurante dispuesto en un barracón anexo.

Las prisas por celebrar el funeral llevan a la comitiva a desaparecer inmediatamente en dirección oeste, pero Massoud Hamid se sienta a tomar un té antes de continuar hacia Qamishli, su ciudad natal, 600 kilómetros al noreste de Damasco.

Hamid es el impulsor del periódico Nû Dem (Nuevo Tiempo), el primero escrito en kurdo y árabe de Siria. Precisamente, viaja de vuelta con la tirada íntegra tras haberla impreso en Erbil.

“En el Kurdistán sirio todavía no tenemos imprentas, pero todo llegará”, dice a IPS este hombre de 33 años que pasó tres en la cárcel tras publicar unas fotos de unos niños kurdos manifestándose frente a la sede del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en Damasco.

La valentía de Hamid fue reconocida en 2005 por Reporteros Sin Fronteras. Tras su excarcelación, se refugió en Francia hasta que las condiciones le permitieron volver a su Siria natal donde, según dice, nada volverá a ser como era.

“Hoy hemos tenido que pasar por todo el proceso burocrático aduanero, pero lo cierto es que ambas orillas son kurdas”, apunta el periodista desde el barracón restaurante.

“En realidad, esta no es sino una de las pruebas más evidentes de los cambios que se avecinan en Medio Oriente a corto plazo”, sentencia.

 

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