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Somalíes atrapados entre el terrorismo y una disputa fronteriza

Una comerciante en Mandera, en la keniata Provincia Nororiental. Los somalíes son mirados con recelo allí tras el ataque contra el centro comercial de Westgate, en Nairobi, que en septiembre perpetró la organización islamista Al Shabab, de esa nacionalidad. Crédito: Miriam Gathigah/IPS.

Una comerciante en Mandera, en la keniata Provincia Nororiental. Los somalíes son mirados con recelo allí tras el ataque contra el centro comercial de Westgate, en Nairobi, que en septiembre perpetró la organización islamista Al Shabab, de esa nacionalidad. Crédito: Miriam Gathigah/IPS.

NAIROBI, 8 oct 2013 (IPS) - Milicias somalíes empiezan a operar en la apartada y árida Provincia Nororiental de Kenia, que limita con el sur de Somalia y supo ser baluarte de la organización extremista islámica Al Shabab.

“Cada vez hay más keniatas de origen somalí que simpatizan con Al Shabab, y están creando sus propias y pequeñas milicias para enviar un mensaje al gobierno nacional” de Kenia, dijo a IPS el experto en paz y seguridad Elwak Abdi, con sede en Liboi, una ciudad de la Provincia Nororiental a 18 kilómetros de la frontera con Somalia.

“Una porción significativa de la comunidad étnica somalí está armada”, agregó.

“En áreas como Wajir, Isiolo y Mandera (condados de la Provincia Nororiental) hay un conflicto armado constante que obliga a los residentes a trasladarse de un lugar a otro por temor a lo desconocido. Y lo peor es que hay que pagar a esas pequeñas milicias por protección”, dijo Abdi.

Estos dos países del este africano mantienen una disputa fronteriza desde 2011, cuando las Fuerzas de Defensa de Kenia iniciaron su ofensiva contra Al Shabab en esa zona y ocuparon algunas áreas del sur somalí y localidades keniatas como Ijara, Garissa y Liboi.

Las tensiones escalaron en 2012, cuando se descubrieron depósitos de gas y petróleo cerca de la costa, en el océano Índico. Ambos países reclaman la soberanía de esas aguas.

Mientras Kenia se recupera del atentado perpetrado por Al Shabab el 21 de septiembre contra el centro comercial Westgate de Nairobi, crece la desconfianza hacia la comunidad étnica somalí, que es mayoría en la Provincia Nororiental.

Muchas fuentes de esa zona se negaron a hablar con IPS por temor a que el gobierno de Kenia estuviera interfiriendo ilegalmente en sus teléfonos celulares.

Ibrahim Ahmed, director ejecutivo del Consorcio Somalí de Kenia, que participa en la resolución de las causas del conflicto surgido por la disputa fronteriza, advirtió a IPS que la situación está lejos de ser normal en la Provincia Nororiental.

El gobierno de Kenia hizo muy poco para “convencer a la población de que no todos los somalíes son terroristas”, y esto “puede comprometer la lucha contra el terrorismo”, agregó.

Día a día son más los somalíes que cruzan a Kenia por la porosa frontera de 700 kilómetros. Hay al menos 630.000 somalíes viviendo en Kenia, según estadísticas del gobierno. Y esta migración conlleva también un evidente aumento del contrabando de armas.

Habitantes de la Provincia Nororiental sostienen que algunos grupos de somalíes ingresan armas al país fácilmente. Según el Ministerio de Seguridad Interna de Kenia, hay 680.000 armas de fuego ilegales en manos de civiles. Pero no hay cifras exactas sobre el armamento contrabandeado desde Somalia.

La facilidad de disponer de armas pequeñas elevó las tensiones entre clanes y los incidentes violentos entre keniatas de origen somalí, poniendo en riesgo la seguridad nacional.

“Ni siquiera el Programa Mundial de Alimentos puede llegar a lugares como Wajir para ofrecer ayuda humanitaria” por temor a que secuestren o maten a su personal, dijo Abdi.

Ahmed advirtió que “los keniatas somalíes de la Provincia Nororiental se identifican con sus pares de Somalia”.

“Aunque Kenia lleva cinco décadas de estabilidad, la Provincia Nororiental sigue siendo un lugar difícil para vivir y, puesto que el gobierno ha hecho poco por pacificar a sus habitantes, estos parecen decididos a volver ingobernable la región, tal como los somalíes hicieron en su país”, opinó.

Sin embargo, agregó, “el aumento de armas pequeñas y ligeras que circulan en todo el país no debe atribuirse solo a la frontera entre Kenia y Somalia; y no solamente los somalíes están involucrados”.

“Yo participo en tareas de desarme en el norte de Kenia y soy consciente de que la mayoría de los contrabandistas de armas son extranjeros, sobre todo rusos y ucranianos. Los barcos con armas atracan en Somalia, y allí se las almacena para luego transportarlas a través de África oriental”, describió Ahmed.

“¿Por qué nadie habla de los problemas fronterizos de Kenia con Etiopía, Sudán e incluso Uganda, que también son zonas de tránsito de armas peligrosas que llegan desde fuera de la región través de Somalia?”, preguntó.

Desde el ataque a Westgate, hay quienes reclaman que se envíe de regreso a su país a los refugiados somalíes. Hussein Ali, residente en la localidad de Garissa, dijo a IPS que eso “está profundizando la división entre los keniatas de origen somalí y el gobierno”.

“¿Cómo es que el gobierno les dice a los keniatas somalíes que somos un solo país y les pide ayuda para combatir a Al Shabab, cuando todavía no les garantiza los mismos privilegios que disfrutan otros keniatas?”, dijo Ali.

Según Ahmed, la Provincia Nororiental carece de infraestructura y de agua corriente, la atención de salud es deficiente y los estudiantes deben tomar clase bajo los árboles porque ni siquiera hay salones.

En su opinión, “los keniatas somalíes siempre se sentirán más identificados con sus vecinos de Somalia, y deberían gozar de la misma autonomía que tiene esa etnia en Etiopía”.

 

 

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