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Túnel de La Línea, megaobra en riesgo de erupción

Vista aérea del volcán Machín. El anillo externo es el cráter, taponado por tres domos. Crédito: Servicio Geológico Colombiano/Observatorio de Manizales

Vista aérea del volcán Machín. El anillo externo es el cráter, taponado por tres domos. Crédito: Servicio Geológico Colombiano/Observatorio de Manizales

FINCA GALICIA, Cordillera Central, Colombia, 22 oct 2013 (IPS) - El túnel del Alto de La Línea, en la Cordillera Central de Colombia, habilitará un eje logístico clave para este país y la vecina Venezuela, pero podría hundirse en el desastre si hace erupción el volcán Machín.

La compleja obra de ingeniería incluye dos túneles principales unidireccionales, de 8,8 y 8,6 kilómetros, además de 21 túneles cortos y 29 viaductos, que suman 6,8 kilómetros.

El primer túnel principal debería estar listo en el segundo trimestre de 2014. Aún no se define qué firmas se harán cargo del segundo.

Volcán explosivo

Pero en el departamento del Tolima, la carretera pasa a seis kilómetros de un cerro casi inadvertido, el volcán Machín, uno de los más peligrosos de este país, que ha hecho seis o siete erupciones en 10.000 años, la más reciente hace unos 800 años.

“Los volcanes más explosivos se quedan callados por mucho tiempo”, indicó Marta Calvache, directora del Servicio Geológico Colombiano (SGC).

El Servicio Geológico (antes Ingeominas), hizo en 1998 el primer mapa de amenaza volcánica del Machín, que amplió en 1999, en 2000 y en 2003 por última vez.

Allí recomienda tener en cuenta la amenaza al decidir temas “estratégicos” como “los planes viales de mediano y largo plazo, especialmente los terrestres”.

Hay 15 kilómetros en línea recta entre La Línea y el Machín. Si este hace erupción, “el túnel se va a quedar sin carretera”, advirtió la geóloga Calvache a IPS.

Escenario rápido de erupción del volcán Machín

* Un millón de damnificados directos.

* Desalojo permanente del territorio y reubicación.

* El oeste y el centro del país quedarían sin comunicación.

* Desaparecerían tres despensas agrícolas: Cajamarca, parte del Quindío y el distrito de riego de Tolima.

* Ciudades y pueblos circundantes quedarían cubiertos con una capa de ceniza de al menos medio metro de espesor.

Más de 100 estaciones de monitoreo controlan este volcán las 24 horas. En 2008 se emitió una alerta amarilla permanente.

Cualquier erupción chica del Machín será mayor que la del volcán Ruiz, situado 45 kilómetros al noreste, que en noviembre de 1985 arrojó 0,3 kilómetros cúbicos (km3) de material y arrasó la pequeña ciudad de Armero, matando a 22.000 de sus 28.000 habitantes y dejando más de 5.000 heridos.

“Las erupciones normales del Machín pueden ser de varios kilómetros cúbicos. Y las grandes han sido de aproximadamente 20 km3“, dijo Calvache.

Si la próxima fuera grande, “va a afectar toda la parte central del país”, incluyendo áreas de los departamentos Tolima, Quindío, Valle del Cauca y Cundinamarca, habitadas por cerca de un millón de personas, advirtió.

En las erupciones del Machín “se producen grandes flujos piroclásticos (una mezcla de gases volcánicos y materiales sólidos calientes). Nadie sobrevive a un flujo piroclástico, y la cuenca va a quedar totalmente cambiada”, dijo Calvache.

“Ese cambio, en términos humanos, se diría que va a ser para siempre. El ser humano es el que tendrá que adaptarse”, estimó.

“El volcán ha estado cambiando”, agregó. “Lo que no sabemos es si ese cambio lo lleva a una erupción o si es simplemente un cosquilleo y se va a volver a quedar tranquilo por muchos años”.

Al parecer, las autoridades apuestan a lo segundo.

En el estudio de impacto ambiental del túnel”no se menciona el Machín como factor de riesgo para la obra”, dijo a IPS el ambientalista Néstor Jaime Ocampo, de la Fundación Ecológica Cosmos, con sede en Armenia, capital del Quindío.

Un eje clave

El gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) declaró “estratégico” el cruce de La Línea en 2005.

Se trata de un punto neurálgico del corredor vial para el comercio exterior entre la principal ciudad fronteriza con Venezuela, Cúcuta, en el noreste, y el único puerto colombiano sobre el océano Pacífico, Buenaventura, en el oeste.

Arriba, de izquierda a derecha, uno de los 29 viaductos que hacen parte de las obras de modernización del cruce de La Línea. Crédito: Constanza Vieira/

Arriba, de izquierda a derecha, uno de los 29 viaductos que hacen parte de las obras de modernización del cruce de La Línea. Crédito: Constanza Vieira/

Ese eje pasa por la zona central y más rica del país, la andina, donde se encuentra Bogotá.

“Toda la carga que llega a Bogotá desde el Pacífico entra por aquí. Son miles de toneladas que se transportan diariamente, tanto las que se importan como las que se exportan”, dijo a IPS el directivo de la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI), Luis Orlando Muñoz.

“Esta es la columna vertebral del país en materia de sistemas carreteros”, añadió.

Pero la obra es más ambiciosa.

“Lo que se está construyendo es un corredor vial moderno entre Caracas y Buenaventura”, es decir la salida de Venezuela al Pacífico, apuntó el ecologista Ocampo.

Es que el corredor conecta el Golfo de Venezuela, en el mar Caribe, y Ecuador, en el Pacífico, y hace parte de los planes de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

El tormento de cruzar La Línea

Como casi todas las carreteras colombianas, la que une Cúcuta y Buenaventura tiene un solo carril por cada sentido en la mayor parte de sus 1.020 kilómetros.

Al remontar la Cordillera Central, la vía avanza en zig-zag entre bosques de niebla altoandinos, palmas de cera (Ceroxylon quindiuense), sietecueros (Tibouchina lepidota), potreros y precipicios.

Los camioneros sienten respeto por La Línea. Niebla, pendientes de hasta 18 por ciento y curvas cerradas hacen que la velocidad promedio aquí sea de 18 kilómetros por hora. IPS demoró seis horas en recorrer los 38 kilómetros desde Ibagué y este paso.

La necesidad de controlar el tránsito en esta carretera nutrida y angosta y la miseria dieron lugar a la poco común ocupación de semáforos humanos: mujeres y hombres en andrajos que avisan mediante banderas, linternas y pitos que, detrás de la siguiente curva, un camión articulado viene ocupando el carril contrario.

Imposible que estos vehículos no invadan la calzada contraria al dar las curvas en La Línea. Los conductores agradecen arrojando unas monedas.

El túnel ahorrará unos 10 kilómetros de recorrido y un ascenso de 840 metros, disminuyendo en 87 por ciento el tiempo promedio que les lleva pasar La Línea a los camiones (80 minutos) y en 72 por ciento a los vehículos livianos (media hora).

Se espera que la velocidad media aumente a 60 kilómetros por hora y los accidentes disminuyan en 75 por ciento, según la Cámara Colombiana de Infraestructura.

Atraso logístico y de planificación

Casi 80 por ciento de la carga doméstica colombiana se mueve por carretera en este país, según el Ministerio de Transporte, pero la infraestructura vial tiene un atraso de “por lo menos de 30 años”, señaló a IPS la presidenta de la SCI, Diana Espinosa.

La ingeniera lo atribuye a la falta de una política de Estado y a la “dedicación de recursos para financiar la guerra (interna contra guerrillas izquierdistas), que nos está causando mucho retraso en infraestructura”.

En la última década se multiplicó el tránsito de camiones de carga, evidencia del ímpetu del comercio exterior o, más precisamente, de las importaciones.

El volumen de las compras al exterior supera tres veces el de las ventas, según el Consejo Nacional de Política Económica y Social, autoridad nacional de planeación.

Por eso el primer túnel principal será para el tránsito desde Buenaventura hacia Bogotá.

“La gente prefiere riesgo conocido a solución por conocer”, comentó a IPS el experto en desastres Gustavo Wilches-Chaux para explicar por qué, a pesar de la tragedia de Armero, nadie está pensando en trasladar Cajamarca, el pueblo más cercano al Machín, con 10.000 habitantes y situado en una planicie de ceniza volcánica de suave inclinación.

Al contrario, entre Cajamarca y La Línea avanza el megaproyecto de minería a cielo abierto La Colosa, a cargo de la empresa sudafricana AngloGold Ashanti.

“Al insistirse en ese paso y en las actividades económicas en esa vía, como La Colosa, estamos convocando a decenas de miles de personas adicionales a vivir en una zona de amenaza volcánica”, señaló Ocampo.

“La sola interrupción de meses de esa carretera sería una catástrofe, prácticamente colapsaría el comercio exterior del país”, estimó.

Por eso, agregó, “todo esto no es para nuestra comodidad, para que nos demoremos 25 minutos menos en ir de Armenia a Ibagué. Esto es para comodidad de las multinacionales. Y a nosotros nos va a tocar pagar un peaje duro para entrar por ese túnel”.

 

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